Un nuevo árbol genealógico aporta más datos sobre la rápida evolución de las aves

“No hubo un momento concreto en el tiempo en el que un dinosaurio se convirtió en un pájaro y no hay un único eslabón perdido entre ellos. Lo que creemos es que el esqueleto clásico del pájaro fue construido gradualmente a lo largo de decenas de millones de años. Una vez que las piezas se reunieron por completo, se abrió un gran potencial evolutivo que permitió a las aves evolucionar a una gran velocidad”. Esta es la conclusión a la que han llegado un grupo de investigadores de la Universidad de Edimburgo liderado por el paleontólogo Steve Brusatte.

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Nuevo árbol genealógico. Stephen Brusatte

Los autores del estudio que publica Current Biology han examinado los vínculos evolutivos entre las aves antiguas y sus parientes dinosaurios más cercanos mediante el análisis de más de 850 funciones corporales en 150 especies extintas y con técnicas estadísticas para estudiar sus resultados y construir un árbol genealógico detallado. Así, el árbol más completo jamás creado de dinosaurios carnívoros revela detalles de cómo las aves evolucionaron a partir de ellos.

Al parecer, las características anatómicas típicas de las aves, como plumas, alas y fúrculas (o hueso de los deseos), evolucionaron poco a poco en sus antepasados dinosaurios a lo largo de decenas de millones de años. Sin embargo, una vez que la forma del cuerpo de un ave en pleno funcionamiento estaba completa, comenzó una explosión evolutiva, lo que provocó que su ritmo de evolución se acelerara, lo que finalmente llevó a las miles de especies de aves que conocemos hoy en día.

Con los fósiles que han analizado, los paleontólogos afirman que la aparición de las aves hace unos 150 millones de años fue un proceso gradual, de forma que algunos dinosaurios se convirtieron cada vez más en aves con en el tiempo, lo que hace que sea muy difícil trazar una línea divisoria en el árbol genealógico entre los dinosaurios y las aves.

Según informa la Universidad de Edimburgo, estos resultados apoyan una controvertida teoría de la década de 1940 que afirma que la aparición de nuevas formas corporales en grupos de especies pudo provocar un aumento de su evolución.

Estefanía Jiménez Solís

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