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Aparece una tortuga prehistórica gigante sin caparazón

Las tortugas son animales únicos entre los vertebrados, pues son reptiles que han desarrollado un complejo caparazón externo hecho con cerca de 50 huesos entre costillas, vértebras fusionadas, clavícula y escápula. Este caparazón les protege el cuerpo, pero al mismo tiempo es una pesada estructura que restringe sus movimientos. Con todo, los quelonios han colonizado tierra y mar durante más de 200 millones de años.

Su éxito radica, según se creía hasta ahora, en ese caparazón protector. Sin embargo, los científicos han encontrado los restos de una tortuga gigante que carecía de esta protección. Era un ancestro de las tortugas modernas que vivió hace 228 millones de años, en la era de los dinosaurios y medía nada menos que diez metros de longitud.

El hallazgo del animal, que se encuentra casi completo, se ha producido en Guizhou, en el sureste de China. Ha sido bautizado como Eorhynchochelys sinensis que significa “tortuga china del amanecer con un pico”, por la característica estructura del hocico que presentan las tortugas actuales y que ya está presente en Eorhynchochelys.

“Tiene el aspecto de una tortuga pero no tiene caparazón ni en la parte dorsal ni en la parte ventral. El fósil muestra la estructura donde iría el caparazón, pero este está ausente“, ha indicado Nicholas Fraser, coautor del estudio y curador de ciencias naturales en el Museo Nacional de Escocia.

Lo llamativo es que se han encontrado en el mismo yacimiento otros fósiles de tortugas algo posteriores que sí presentan cierto desarrollo del caparazón, como Odontochelys, pero no del hocico, teniendo aún un cráneo angosto y dientes hasta la punta en lugar de pico. Esto indica que la evolución del grupo fue un proceso complejo, no una simple acumulación de las características actuales. Para completar el rompecabezas y entender cómo las tortugas terminaron adoptando la forma corporal que hoy conocermos, es necesario encontrar nuevos fósiles.

El estudio de Eorhynchochelys ha sido publicado en la revista Nature.

Tortuga gigante que existe desde hace 100 millones de años aparece en una playa española

Una extraordinaria tortuga se ha encontrado varada en una playa de Calella, en Barcelona, midiendo aproximadamente 2 metros y pesando unos 700 kg. La tortuga, que ha aparecido muerta, pertenece a la especie Dermochelys coriacea, la mayor tortuga marina del mundo en la actualidad, que suele vivir en aguas tropicales y subtropicales.

Este hallazgo es sorprendente ya que en 2.000 años se han registrado menos de diez en todo el Mediterráneo, y ésta es la segunda en un mes que puede verse en la zona, por lo que su presencia, según afirma el biólogo Pere Alzina, podría podría significar que la región está siendo un lugar de nidificación de tortugas laúd.

Antes de mostraros el vídeo que recoge el traslado de los restos de la tortuga para su investigación científica, queremos mostraros algo más sobre este especie, su recorrido en el tiempo y recordaros la importancia de mantener los ecosistemas para la perduración de las especies.

Las tortugas Dermochelys existen en nuestro planeta desde hace más de 100 millones de años, teniendo una larga historia evolutiva que se remonta al Cretácico superior de América del Norte y Japón, lo que las hizo convivir con los dinosaurios. Fue durante el Eoceno medio (hace entre 56 y 34 millones de años) cuando estas tortugas fueron reduciendo drásticamente su caparazón, que fue reemplazado por una coraza dérmica formada por osículos de naturaleza epitecal.  A pesar de que la familia Dermochelydae fue un grupo próspero y altamente adaptado a la vida marina, en la actualidad tan sólo queda como estandarte la especie Dermochelys coriacea. En ella aún perviven algunos caracteres primitivos y su tasa metabólica es apróximadamente 3 veces mayor que los reptiles de su tamaño actuales, siendo más similar a los reptiles prehistóricos. La manera en que regula su temperatura también se ha asociado a otros reptiles de gran tamaño, que a pesar de ser ectotermos, se consideran gigantotermos, teniendo una mejor capacidad para mantener una temperatura constante.

Esta tortuga sólo se acerca a las playas a poner huevos, el resto de su vida permanece bajo el mar, a gran profundidad, mucho más que el resto de tortugas marinas. Se alimenta principalmente de medusas, regulando desde la prehistoria la población de estos Cnidaria y permitiendo así la expansión de los peces.

Ahora sí, os dejamos el vídeo del hallazgo de este extraordinario reptil que hoy está en peligro de extinción, sobretodo por la asfixia, al confundir las bolsas de plástico con medusas que son su fuente de alimento, y también por la extracción de petróleo que destruye sus nidos y por la utilización de las playas por los humanos.

Pappochelys, el eslabón perdido de las tortugas

Un equipo de investigadores de Alemania y Estados Unidos han descubierto un eslabón perdido de la historia evolutiva de las tortugas. La nueva especie de reptil extinto, Pappochelys, evidencia que las tortugas están más relacionadas con los reptiles modernos (como las serpientes y lagartos) que con los antiguos linajes de saurios como se pensaba hasta ahora. Además, da pistas sobre dos interrogantes de la evolución de las tortugas: cómo se formó el caparazón inferior y qué aspecto tenía la cabeza de los primeros especímenes.

El fósil de esta primitiva tortuga fue encontrado en un antiguo lago alemán del Triásico y tiene una antigüedad de 240 millones de años. El ejemplar, de unos 20 centímetros de largo, no tiene caparazón ni presenta las costillas inferiores soldadas. Pero su vientre estaba protegido por unos huesos con forma de vara. Así, los científicos deducen que el plastrón (la parte del caparazón del vientre) evolucionó de la fusión de estas costillas y la cintura escapular (hombros).

Además, Pappochelys tenía fosas temporales en el cráneo, unas aberturas situadas detrás de las órbitas de los ojos que todavía presentan los lagartos y cocodrilos, pero que han perdido las tortugas modernas.

Museo de Historia Natural de Stuttgart

Fósil de ‘Pappochelys’. Museo de Historia Natural de Stuttgart

Todas estas conclusiones se incluyen en el estudio “A Middle Triassic stem-turtle and the evolution of the turtle body plan”, publicado en Nature. Los investigadores explican que Pappochelys (“tortuga abuela”) se sitúa entre el Eunotosaurus, considerado el precursor de las tortugas (260 millones de años, África), y el  Odontochelys, que ya presentaba plastrón y todavía tenía dientes en su boca (China, 220 millones de años).

Madrid albergaba la tortuga mayor que habitó en Europa entre el Mioceno y Pleistoceno

Gracias al análisis de los fondos de las colecciones del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), investigadores de la UNED y la Aristotle University of Thessaloniki (Grecia) han descrito un nuevo género de tortuga terrestre que vivió en Europa entre el Mioceno y el Pleistoceno (desde hace unos 20 millones de años hasta hace menos de dos millones). Los investigadores han estudiado el material paleontológico encontrado durante el primer tercio del siglo XX en Madrid, que permanecía sin revisar en el MNCN desde la Guerra Civil española.

Caparazón de Titanochelon bolivari hallado en Vallecas en 1906

Caparazón de Titanochelon bolivari hallado en Vallecas en 1906. MNCN.

Titanochelon es el nombre del género descrito, que engloba a todas las tortugas terrestres de gran tamaño que poblaron Europa y la región occidental de Asia. Su caparazón medía entre uno y dos metros y era relativamente bajo pero ancho, según ha informado hoy el MNCN. Las extremidades de este animal eran muy robustas y estaban cubiertas por grandes escamas osificadas, a modo de coraza protectora. “No se trata de una tortuga cualquiera sino de la mayor que habitó en Europa, con un tamaño que podía exceder de manera notoria al de las tortugas terrestres que actualmente habitan en las Islas Galápagos”, comenta el miembro del grupo de Biología Evolutiva de la UNED e investigador de la Universidad de Lisboa Adán Pérez- García.

“Este trabajo ha permitido establecer la tortuga española, Titanochelon bolivari, de la que conservamos abundante material, como la especie tipo que sirve para describir a todas las especies que forman parte del nuevo género”, comenta Patricia Pérez Dios, conservadora de la colección de paleontología de vertebrados del MNCN. Los científicos han podido establecer, gracias al análisis de caparazones, cráneos y extremidades, que en España habitaba una tortuga diferente a la registrada en otros países europeos. Asimismo, el estudio, que se publica en Zoological Journal of the Linnean Society, aporta datos para conocer la relación de parentesco, origen y distribución de las tortugas terrestres gigantes europeas y facilita la clasificación del resto de ejemplares.

El investigador Adán Pérez-García junto a  Titanochelon. MNCN

El investigador Adán Pérez-García junto a Titanochelon. MNCN

El género Cheirogaster, que supuestamente englobaba a las tortugas terrestres medianas y gigantes europeas, ha quedado restringido a una única especie, de menor tamaño (40 centímetros de longitud), que vivió en Francia hace unos 35 millones de años. “Las tortugas gigantes que habitaron Europa y Asia occidental, hace entre unos 20 y dos millones de años, tienen poco que ver con esa tortuga primitiva y pertenecen al nuevo género de tortugas ‘titánicas’, Titanochelon”, ha explicado Pérez-García.

En Madrid hay restos fósiles de tortugas en numerosos yacimientos, algunos de ellos de gran relevancia histórica, como los situados en Vallecas, Ciudad Universitaria o Alcalá de Henares. “Hoy podemos imaginar, con gran precisión anatómica, cómo hace varios millones de años, manadas de tortugas gigantes paseaban por lo que actualmente es la Gran Vía”, concluye el investigador Pérez-García.

Hallan en Argentina un yacimiento de fósiles de 200 millones de años con una docena de nuevas especies

El paleontólogo argentino Ricardo Martínez, conocido por formar parte del descubrimiento de dinosaurios como el Eoraptor lunensis en 1991 o el Sanjuansaurus en 2010, está ahora inmerso en la investigación de “un yacimiento realmente completo, de 200 o 210 millones de años de antigüedad, que muestra una fauna con 113 especímenes y una docena de especies desconocidas”, según ha explicado al diario Télam.

El descubrimiento de este yacimiento, ubicado en la localidad de Marayes al oeste de Argentina, es relevante para conocer mejor el Triásico Superior y, en concreto, “por qué aparecieron los primeros dinosaurios, los primeros mamíferos, las primeras tortugas y los primeros pterosaurios”, según ha informado esta semana El Tiempo. De hecho, se han hallado tortugas, pequeños lagartos, restos de pterosaurios, ancestros de cocodrilos y antepasados de mamíferos. Una de las piezas más relevantes es un fósil de pterosaurio, ya que “es el primer registro que hay de esta especie en el hemisferio sur y en una zona lejana de las costas”, según ha detallado el paleontólogo, jefe de la División Paleontología de Vertebrados del Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de San Juan.

Los fósiles, muy bien conservados, fueron hallados el pasado mes de mayo y ahora están siendo preparados para ser estudiados en el Instituto y Museo de Ciencias Naturales de San Juan. El terreno alberga, al menos, una docena de especies desconocidas a nivel mundial y “está rellenando una edad de la que no teníamos registro”, ha señalado Ricardo Martínez en Télam.

Todavía queda mucho por descubrir en este yacimiento de la provincia de San Juan, ya que apenas se ha estudiado una pequeña parte del inhóspito terreno. Esta provincia es conocida por los yacimientos de fósiles en el Valle de la Luna, de 231 millones de años, y la formación de Los Colorados, con restos paleontológicos de unos 213 millones de años.

La Universidad de Salamanca tardará un año en catalogar digitalmente los fósiles de la Sala de las Tortugas

La Facultad de Ciencias de la Universidad de Salamanca alberga una importantísima colección de fósiles que incluye tortugas, cocodrilos y perisodáctilos de hace miles de años. La conocida como Sala de las Tortugas cuenta con un valioso material para la divulgación científica dirigida a escolares. Sin embargo, también es una importante fuente de conocimiento para investigadores y expertos, pero hasta ahora muchas de sus piezas estaban sin catalogar.

Por eso, desde hace un mes la Sala de las Tortugas ha iniciado un arduo trabajo que consiste en crear un inventario digital, según ha informado la Agencia Iberoamericana para la difusión de la ciencia y la tecnología (DiCYT). En primer lugar, este archivo recogerá los datos de las piezas ya catalogadas, unas 11.000, a las que se sumará nueva información, como la fotografía de cada ejemplar. A este número hay que sumar varios miles de fósiles más que nunca han sido catalogados, una cifra que podría rondar los 8.000.

Sala de las Tortugas. Universidad de Salamanca

Sala de las Tortugas. Universidad de Salamanca

“Queremos darle un impulso a la Sala de las Tortugas, para que tenga una entidad propia y sea más accesible para todo el mundo”, ha afirmado en declaraciones a DiCYT Santiago Martín, paleontólogo que se está encargando de realizar el nuevo catálogo y que calcula que este trabajo le llevará al menos un año.

En su opinión, contar con un inventario digital será fundamental para la proyección científica de esta extraordinaria colección de fósiles, sobre todo para facilitar el acceso de investigadores nacionales e internacionales. “Si un investigador necesita estudiar un fósil concreto, a día de hoy costaría localizar la pieza, ni siquiera se sabe dónde está o cómo es porque no hay fotografías”, ha explicado.

Las piezas de la colección abarcan desde el Jurásico al Cuaternario y entre ellas destacan las tortugas encontradas en las provincias de Zamora y Salamanca. Alrededor de 1965 comenzó esta colección, cuyo impulsor siempre fue el profesor Emiliano Jiménez. Desde los años 80, se muestran al público unas dos mil piezas, entre las que se encuentran auténticas curiosidades geológicas, como las heridas producidas por cocodrilos a las tortugas de hace 40 millones de años o los dientes y huesos del Iberosuchus, gran amenaza en las selvas de aquel tiempo.