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Pliobates cataloniae, un nuevo primate del Mioceno con un nexo común entre gibones y humanos

Un equipo de investigadores del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont (ICP) ha descrito un nuevo género y especie de primate, Pliobates cataloniae, a partir de un esqueleto procedente del vertedero de Can Mata (en Cataluña). Los restos corresponden a una hembra adulta a la que los paleontólogos han llamado “Laia”. Pesaba unos 4-5 kilos, se alimentaba de frutos blandos, trepaba por las copas de los árboles y podía colgarse de las ramas. Tiene 11,6 millones de años y, en términos de parentesco, apenas precede la divergencia entre los homínidos (grandes simios antropomorfos y humanos) y los hilobátidos (gibones), por lo que tiene importantes implicaciones para reconstruir el último ancestro común de ambos grupos.

Hace 17 millones años, los hominoideos se separaron en dos ramas evolutivas. En una, los gibones; y en otra, los grandes simios: gorilas, chimpancés, orangutanes y humanos. La zona del vertedero catalán de Can Mata era hace 12 millones de años un bosque cerrado con un clima cálido y húmedo y temperaturas subtropicales, más elevadas que las actuales. Este ecosistema favoreció una gran diversidad faunística, como lo atestiguan las más de 75 especies de mamíferos encontrados en la zona y los 70.000 restos fósiles registrados de 2002 a 2014, según informan desde ICP.

Húmero, radio y cúbito de Pliobates cataloniae.ICP

Húmero, radio y cúbito de Pliobates cataloniae.ICP

Los análisis filogenéticos de los fósiles de “Laia”, entre los que destacan buena parte del cráneo y la dentición, y una parte del brazo izquierdo que incluye articulaciones del codo y la muñeca, revelan en Science (en el artículo Miocene small-bodied ape from Eurasia sheds light on hominoid evolution”) que la especie es posterior a la separación entre monos y antropomorfos, pero anterior a la separación entre gibones y homínidos.

El hallazgo cambia radicalmente el modelo aceptado hasta ahora sobre el ancestro de los hilobátidos y los homínidos, además de proporcionar pistas muy sólidas sobre el origen de los gibones actuales. “El origen de los gibones es un misterio debido a la falta de registro fósil, pero hasta ahora la mayoría de científicos pensaban que su último antepasado común con los homínidos debía ser de gran tamaño, ya que todos los hominoideos fósiles indudables encontrados hasta ahora lo eran”, explica David M. Alba, el investigador del ICP. Hasta la descripción de Pliobates, todos los simios fósiles de tamaño pequeño (entre 5 y 15 kilos) que se habían encontrado tenían una estructura corporal demasiado primitiva para tener una relación de parentesco estrecha con los hominoideos actuales. “Este hallazgo lo trastoca todo”, afirma. Así, sugiere que el último ancestro común de los hominoideos actuales podría haber sido más similar a los gibones que a los grandes antropomorfos actuales.

Nuestro antepasado más primitivo ya era arbóreo

Un pequeño mamífero está dando mucho que hablar. Se trata de Purgatorius, el primate más antiguo registrado hasta la fecha y por tanto, antepasado común de monos y hombres. Este animal vivió hace unos 65 millones de años en lo que hoy es Montana (EEUU), justo después de la extinción de los grandes dinosaurios. Hasta ahora solo se conocía por restos fosilizados de sus dientes y mandíbulas, que indicaban que este animalito medía unos 15 cm. y se alimentaba de frutas y hojas.

Ahora, una nueva investigación realizada por paleontólogos de la Universidad de Yale (EE. UU.) y publicada en Proceedings of the National academy of Sciences cambiará lo que los estudiantes están aprendiendo sobre la evolución temprana de los primates, pues provee la evidencia fósil más antigua hasta la fecha de que la capacidad para vivir en los árboles jugó un papel fundamental.
El equipo ha descubierto, a partir de nuevos fósiles, que el hábitat de estos primeros primates eran los árboles y no la tierra, como se especuló durante mucho tiempo. Esto cambia la concepción que se tenía hasta ahora de que los plesiadapiformes eran terrestres y que posteriormente se movilizaron hacia las copas de los árboles, y obliga a revisar toda la literatura científica al respecto.
El paleontólogo experto en vertebrados, Stephen Chester, quien ha encabezado la investigación, sostiene que “los huesos de los tobillos tienen rasgos que hacen posible la movilidad, los cuales están presentes solo en los primates modernos y en sus parientes cercanos”. Y añade “estas características únicas le pudieron haber permitido a un animal como Purgatorius rotar y ajustar sus patas para poder agarrarse de las ramas, mientras se desplazaba por los árboles”.