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La inesperada causa de muerte de los antiguos reptiles marinos

Los seres humanos enfrentamos una amenaza al sumergirnos en las profundidades oceánicas con demasiada rapidez, llamada la “enfermedad de la descompresión”. Esto se produce si los gases disueltos entran en las articulaciones, piel y cerebro, formando burbujas que pueden resultar letales. Esto sucede porque nuestro organismo no está preparado para moverse bajo esas presiones, debido a que nuestra evolución se encaminó hacia la vida terrestre. Se entiende por tanto, que un animal que vive en las profundidades marinas sí debe estar adaptado. Sin embargo, un nuevo estudio ha revelado que los reptiles marinos prehistóricos padecían de esta misma enfermedad.

Bruce Rothschild, paleopatólogo de la Universidad Médica del Noreste de Ohio, ha investigado los efectos de la enfermedad en animales antiguos. Estudiando a un mosasaurio Platecarpus fallecido hace 84 millones de años, con signos de infección en sus huesos fosilizados,  descubrió una  necrosis ósea avascular, una tira de tejido muerto en un hueso sano. ¿Qué había bloqueado el flujo de sangre al tejido y matado las células? Rothschild y su equipo concluyeron que la enfermedad de descompresión era la única explicación que tenía sentido, después de descartar un envenenamiento por bismuto o un daño por radiación.

El estudio se extendió a otros reptiles del mesozoico de varios países e incluso de distintos continentes y se descubrió que los plesiosaurios  e ictiosaurios presentaban en el interior de los huesos fosilizados los mismos síntomas, siendo los mosasaurios los más afectados.

La razón por la que estos antiguos reptiles con claras adaptaciones a la vida submarina sucumbieron a esta afección es todavía un misterio, pero tenemos una pista gracias a Paul Jepson, veterinario de la Sociedad Zoológica de Londres, quien confirma que la enfermedad por descompresión podía estar extendida en el registro fósil, sobretodo en los reptiles marinos más antiguos, que aún no estaban completamente adaptados.

Lo llamativo es que los reptiles modernos, sobretodo las tortugas marinas, presentan también signos de enfermedad por descompresión. Daniel García Párraga, veterinario en el Oceanogràfic, acuario de Valencia, España, fue el primero en documentar los primeros casos en un estudio que confirmó que 29 de 67 tortugas capturadas accidentalmente tenían esta condición. Sin embargo, hay que señalar que apenas ningún mamífero marino padece este problema de salud, por lo que Agnete Carlsen, médico que trabaja con el Museo de Historia Natural de Dinamarca, ha sugerido que la anatomía del corazón del reptil podría predisponerlo a la enfermedad de descompresión, pues hay una conexión entre las cámaras del corazón derecha e izquierda, permitiendo que las burbujas atraviesen el circuito arterial y causen daños. Los humanos que presentan esta abertura padecen lo que se conoce como “foramen oval permeable” y son más propensas a sufrir por la enfermedad por descompresión.

El estudio, que puede leerse en hakai magazine, podría explicar la prevalencia de la enfermedad descompresiva en el registro fósil e inferir en el árbol genealógico de los reptiles.

La forma de sus huevos ayudó a las aves a sobrevivir a la extinción

Investigadores de la Universidad de Lincoln (Reino Unido) sugieren que la forma de los huevos de las aves primitivas del Mesozoico fue un elemento clave para que estos animales sobrevivieran a la extinción masiva que acabó con los dinosaurios (y otras especies). En el estudio, publicado en la revista Royal Society journal Open Science, se analiza las cáscaras de huevo de la transición de los dinosaurios terópodos a las aves modernas.

Los resultados indican que las aves primitivas (desde hace 250 millones de años) ponían huevos con formas muy diferentes a los huevos incubados por el linaje que sobrevivió a la extinción hace 65 millones de años.

Los huevos del Mesozoico eran alargados y significativamente más simétricos que los demás huevos de aves. Además, su textura era más porosa de lo esperado en relación a su tamaño. No obstante, “la gama de formas de huevos en las aves modernas ya se había alcanzado en el Cenozoico”, según Dr. Charles Deeming, autor de “Egg shape changes at the theropod–bird transition, and a morphometric study of amniote eggs”, quien ha explicado a la BBC que cree que “las aves modernas sobrevivieron al evento que provocó la extinción porque aplicaban la incubación por contacto, que prevalece hoy día, construían nidos y se sentaban sobre sus huevos, mientras antes, la mayoría de las aves solían enterrarlos, como los terópodos, y eso los hacía potencialmente más vulnerables”.

Aunque la forma de los huevos pudo ser un factor que influyera en el éxito del linaje de aves que sobrevivió a la extinción, no es la causa principal. Deeming espera que, a partir de este estudio, se investigue más cómo eran los métodos de incubación y comportamientos de anidación que permitieron la supervivencia de estas criaturas.