Entradas

Descubren un antepasado gigante de los mamíferos que vivió con los dinosaurios

Por lo que sabíamos hasta ahora, los antepasados de los mamíferos no convivieron con los dinosaurios. Sí lo hicieron los mamíferos propiamente dichos, pero su tamaño era el de una comadreja o una ardilla. Ninguna especie llegó a tener cierto grado de gigantismo, de hecho, en el origen de la era de los dinosaurios, ni siquiera los dinosaurios superaban los tres metros.

Sin embargo, todo lo que creíamos saber ha cambiado. (De nuevo). Un equipo de paleontólogos ha descubierto los restos de un animal del tamaño de un elefante que vivió hace unos 210 millones de años, durante el período Triásico. Ninguna otra especie de su grupo se acercó a ese tamaño.

La nueva especie ha sido encontrada en Polonia, y ha sido bautizada como Lisowicia bojani. Este animal era un sinápsido, un grupo de reptiles “con forma de mamífero” del que después se originaron los “verdaderos mamiferos”.  A pesar de no ser nuestros ancestros directos, sí eran parientes nuestros, según explica Gregorz Niedzwiedzki, paleontólogo de la Universidad de Uppsala (Suecia) y coautor de un estudio.

El trabajo con los restos comenzó en 2007, y hasta ahora se han recuperado unos 100 huesos de al menos dos especímenes de la nueva especie. Los resultados del estudio, publicados en la revista Science, explican que este mamiferoide alcanzaba los 5 metros de largo y las 9 toneladas de peso. Los sinápsidos más grandes que se conocían hasta ahora medían unos 3,5 metros y no llegaban a las 2 toneladas. Por eso son tan sorprendentes las dimensiones de esta nueva especie, que rivalizaba en tamaño con los primeros dinosaurios hervíboros de su entorno.

La nueva especie es el mayor animal de cuatro patas que vivió en el Triásico, junto a los dinosaurios. Su linaje desapareció con él. Tal vez, su gran tamaño le ayudó a sobrevivir, hasta que los depredadores y hervíboros del entorno alcanzaron tallas mayores, perdiendo su ventaja para la supervivencia.

El hallazgo de esta especie demuestra que los parientes lejanos de los mamíferos siguieron coexistiendo en sus ecosistemas con los dinosaurios. Los mamíferos no alcanzarían tallas tan grandes hasta 150 millones de años después, una vez desaparecidos los dinosaurios.

Un pequeño mamífero de Cuenca revela las primeras evidencias evolutivas de pelo

Los restos de un mamífero de hace 125 millones de años, encontrados en el yacimiento de Las Hoyas (Cuenca), han revelado las primeras pruebas evolutivas del pelaje en mamíferos. Este hallazgo fósil, llamado Spinolestes xenarthrosus, lucía una melena de pelos largos y la espalda cubierta por espinas finas, como los actuales erizos. La investigación, que comenzó en 2011, culmina con un gran descubrimiento a nivel mundial: cómo era el pelo a nivel celular en un mamífero muy bien conservado del Cretácico.

Esta nueva especie pertenece a un grupo primitivo de mamíferos extintos, los triconodontos, que se caracterizan por ser pequeños, peludos, con largas colas, etc. El animal, de tamaño similar a una zarigüeya, se ha presentado en el Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha (Cuenca). “Se trata de la primera especie fósil que revela de modo inequívoco la estructura microscópica del pelo que recubre la piel de los actuales mamíferos”, ha afirmado Ángela D. Buscalioni, directora del proyecto I+D Las Hoyas y miembro de la Unidad de Paleontología de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). Buscalioni es coautura del estudio “A Cretaceous eutriconodont and integument evolution in early mammals”, publicado en Nature“El hallazgo demuestra que, contrario a lo que se creía, la evolución del pelo, junto con otras estructuras de la piel, no ocurrió gradualmente sino que tuvo lugar simultáneamente en el origen del linaje”, detalló la investigadora según informa la UAM. Su evolución se realizó independientemente de especies con espinas como los erizos.

Pero Spinolestes (“ladrón de espinas”) nos brinda más datos de aquellos mamíferos ancestrales. Conserva los bronquiolos pulmonares y el contorno del hígado, marcando la ubicación del diafragma, lo que ​proporciona la huella más antigua del sistema respiratorio en mamíferos. Además, presenta la primera evidencia de pabellones auditivos en el registro fósil de este grupo. Así que aquellos pequeños animales, que convivían con los dinosaurios, ya presentaban características fundamentales de los mamíferos actuales. Los investigadores también creen que la criatura padecía tiña.

Spinolestes xenarthrosus vivió en lo que por entonces era uno de los primeros humedales tropicales del planeta, alimentándose posiblemente de insectos y larvas. Pesaba entre 50 y 70 gramos y se caracterizaba por tener el oído medio desarrollado, vértebras lumbares con múltiples articulaciones y molares con tres cúspides. También tenía melena en el cuello y una corta cresta que le recorría la espalda. Las manos, propias de los animales que se han adaptado a la excavación, sugieren un estilo de vida similar al de las actuales musarañas acorazadas.

Técnicas de microscopía electrónica de barrido (SEM), tomografía computarizada (TC) y análisis de composición mineral por energía dispersiva de rayos X (EDAX), han permitido obtener imágenes a nivel celular del tejido blando y el pelo de este pequeño excavador, incluyendo queratinas y cutículas.

Nuestro adiós a una gran dama de la paleontología: Zofia Kielan-Jaworowska

Hoy se cumplen 90 años del nacimiento de una gran polaca que permanecerá para siempre en nuestra memoria. Nos referimos a la pionera y gran enamorada de la ciencia, con cuyo ejemplo de vida se forjaron tantas vocaciones paleontológicas: Zofia Kielan-Jaworowska. Para todos aquellos que hoy quieran recordarla, y para quienes comiencen ahora a conocerla, debemos recorrer su larga y próspera vida en un corto espacio. Por eso os animamos a seguir el trabajo de esta notable polaca más allá de esta síntesis-homenaje, indagando en su vida y obra, llena de trabajos analíticos y descriptivos.

VALENTÍA DURANTE LA OCUPACIÓN NAZI

Nacida el 25 de abril de 1925, tuvo una infancia normal hasta que la irrupción de la póltica nazi cambió su vida. Con solo quince años, tomó un valiente camino siendo miembro activa de la Resistencia Polaca contra la barbarie nazi y sirviendo como médico a los heridos. La joven también comenzó a asistir a las conferencias que daba el paleontólogo Kozlowsky, gracias al cual fue guiada luego en sus primeros trabajos. Entró en la Facultad clandestina de Matemáticas y Ciencias Naturales de la Universidad de Varsovia, a pesar de estar prohibida la educación superior durante la ocupación, y terminó sus estudios, obteniendo el doctorado en Paleontología y Máster en Zoología por la Universidad de Varsovia, donde más tarde se d12c0bbc2a65378c61108e90b340f5bfconvirtió en profesora.

LAS EXPEDICIONES POLACAS A MONGOLIA (1963-1971)

Finalizada la guerra, y con el departamento de geología de la Universidad de Varsovia destruido, se encontró participando y pronto dirigiendo expediciones al Desierto del Gobi en Mongolia. De 1963 a 1971, estas famosas expediciones desenterraban un fósil tras otro, incluyendo dinosaurios de cuello largo, dinosaurios de pico de pato, dinosaurios tipo avestruz, tipo tiranosáurido y mamíferos del Cretácico y Terciario temprano. Sólo en 1965, su equipo envió más de 20 toneladas de fósiles de vuelta a Polonia, incluyendo los restos de un nuevo dinosaurio hasta ese momento desconocido, con una garra terrorífica, que luego se llamaría Deinocheirus (no dejéis de ver la reciente noticia sobre su verdadero aspecto). El mismo verano que su equipo encontró los Protoceratops y maniraptora, una tormenta de arena malhirió a Zofia y le perforó un tímpano. La investigadora regresó a Varsovia para la cirugía y sin reposo, volvió al Gobi y siguió trabajando.

Estas expediciones, han sido mundialmente reconocidas y se consideran las mayores expediciones paleontológicas en el mundo. No hay estudios sobre el terreno que hayan hecho una mayor contribución a los descubrimientos modernos, y la que mejor las representa es Zofia Kielan-Jaworowska.

Ella habría deseado comenzar estudiando aquellos vertebrados fósiles, pero las circunstancias le hicieron orientarse primero hacia los invertebrados. Los trilobites (del Devónico y Ordovícico en la Europa Central), luego graptolithes y finalmente los corales. Después de esto, se centró en lo recolectado en sus conocidas expediciones, y descubrió nuevas especies de dinosaurios, aves, tortugas, cocodrilos, lagartos y mamíferos multituberculados.  Kielan-Jaworowska terminó siendo una reconocida experta en mamíferos del mesozoico.

LOS MAMÍFEROS COEXISTIERON CON LOS DINOSAURIOS

Descubridora de la gran diversidad de los primitivos mamíferos de la era secundaria, debemos a ella el cambio de paradigma sobre el surgimiento de estos animales. Durante muchos años, los científicos creían que los primeros mamíferos placentarios (representados por el grupo al que pertenecen la gran mayoría de los mamíferos actuales, incluidos los seres humanos) aparecieron en la Tierra de repente, justo después de la extinción de los dinosaurios. El trabajo de Kielan-Jaworowski permitió confirmar que nuestros antepasados ​​vivieron al mismo tiempo que los grandes reptiles. La historia evolutiva de los mamíferos que vivieron a la sombra de los dinosaurios, un tema de rabiosa actualidad, no despertaba demasiado interés en comparación con la historia evolutiva de los mamíferos tras la extinción de los dinosaurios, cuando se produjo su apogeo y pasaron a ser el grupo dominante. zofiaSin embargo, esta gran investigadora logró captar atenciones hacia el amanecer del grupo y su extraordinaria obra “Mamíferos de la Edad de los Dinosaurios” fue premiada por la Fundación para la Ciencia de Polonia. Kielan-Jaworowski supo siempre poner en perspectiva las diferentes etapas de la emergencia de estos pequeños animales, que vivieron tanto tiempo al amparo de los dinosaurios y que poblaron con gran éxito todos los continentes.

Kielan-Jaworowska ha sido un ejemplo de perseverancia y ha sido la primera mujer en servir en el comité ejecutivo de la Unión Internacional de Ciencias Geológicas. Ha sido también miembro de la Academia Noruega de Ciencias y Letras y galardonada con la medalla Romer-Simpson. La paleontóloga, conocida por ser una gran escuchadora, se marchó el pasado marzo dejándonos para la posteridad su obra y esa sonrisa que escondía una vida de pasión y entrega.

 

El estudio de colágeno revela la evolución de los ungulados de Sudamérica

Una nueva investigación, publicada en Nature, destaca el potencial de la proteómica (estudio de la función y estructura de las proteínas) para mejorar enormemente nuestra comprensión de la historia de la vida en la Tierra. Así, a través del análisis de proteínas antiguas, el artículo revela la historia evolutiva de los ungulados nativos de Sudamérica o Meridiungulata.

A pesar de su reciente extinción, hace unos 12.000 años, sabemos muy poco acerca de la evolución de este grupo de mamíferos. En “Ancient proteins resolve the evolutionary history of Darwin’s South American ungulates”, el amplio grupo de expertos internacionales se ha centrado en el estudio de colágeno (una proteína del tejido conjuntivo) de Macrauchenia (una especie de tapir con cuello largo) y Toxodon (con cuerpo de rinoceronte y cabeza de hipopótamo).

Toxodon_platensis

Ilustración de Toxodon. Peter Schouten

El colágeno es una proteína muy duradera que, a veces, se puede recuperar mucho después de que el ADN se haya degradado. En zonas con climas cálidos, las moléculas de ADN se degradan más rápidamente, por lo que no tuvieron éxito las investigaciones previas de estas criaturas.

Charles Darwin decía que los ungulados de América del Sur estaban entre los animales más extraños jamas descubiertos. Su origen siempre ha sido tema de debate entre los científicos. Este nuevo estudio determina que Macrauchenia y Toxodon descienden de los Condylarthra (que dieron lugar a las distintas ramas de ungulados) y no de los Afrotheria como se había sugerido, un grupo de animales de origen africano que incluye a los elefantes y los cerdos hormigueros.

Para el estudio, los investigadores elaboraron un árbol genealógico del colágeno extrayendo secuencias de tapires, hipopótamos, caballos y demás grupos relacionados. Después, compararon este árbol con proteínas de colágeno secuenciadas de dos especímenes de Toxodon y dos Macrauchenia (procedentes de dos museos argentinos).

Por lo tanto, a veces no basta con observar los huesos fósiles ni extraer ADN para determinar los ancestros de la fauna actual y la extinta, sino que hay que indagar más allá, buscando entre los aminoácidos de las proteínas, como ha sido el caso en esta ocasión.

Nuestro antepasado más primitivo ya era arbóreo

Un pequeño mamífero está dando mucho que hablar. Se trata de Purgatorius, el primate más antiguo registrado hasta la fecha y por tanto, antepasado común de monos y hombres. Este animal vivió hace unos 65 millones de años en lo que hoy es Montana (EEUU), justo después de la extinción de los grandes dinosaurios. Hasta ahora solo se conocía por restos fosilizados de sus dientes y mandíbulas, que indicaban que este animalito medía unos 15 cm. y se alimentaba de frutas y hojas.

Ahora, una nueva investigación realizada por paleontólogos de la Universidad de Yale (EE. UU.) y publicada en Proceedings of the National academy of Sciences cambiará lo que los estudiantes están aprendiendo sobre la evolución temprana de los primates, pues provee la evidencia fósil más antigua hasta la fecha de que la capacidad para vivir en los árboles jugó un papel fundamental.
El equipo ha descubierto, a partir de nuevos fósiles, que el hábitat de estos primeros primates eran los árboles y no la tierra, como se especuló durante mucho tiempo. Esto cambia la concepción que se tenía hasta ahora de que los plesiadapiformes eran terrestres y que posteriormente se movilizaron hacia las copas de los árboles, y obliga a revisar toda la literatura científica al respecto.
El paleontólogo experto en vertebrados, Stephen Chester, quien ha encabezado la investigación, sostiene que “los huesos de los tobillos tienen rasgos que hacen posible la movilidad, los cuales están presentes solo en los primates modernos y en sus parientes cercanos”. Y añade “estas características únicas le pudieron haber permitido a un animal como Purgatorius rotar y ajustar sus patas para poder agarrarse de las ramas, mientras se desplazaba por los árboles”.

Aparecen huellas de dinosaurios en una mina de diamantes de Angola

El hallazgo, recién presentado en el encuentro anual de la Sociedad de Paleontología de Vertebrados, en Berlín, acompaña a una historia sorprendente.

En diciembre del año 2010, en Angola, en la cuarta mina de diamantes más importante del mundo, el geólogo ruso Vladimir Pervov se encontraba estudiando los minerales del lugar, y descubrió una huella fosilizada en un estrato de 118 millones de años (Cretácico inferior). No se trataba de una piedra preciosa, pero aquella huella mostraba a un pequeño animal de tipo mamífero que había caminado por allí mismo junto a los dinosaurios, y Vladimir, sorprendido, le dio el valor que merecía. Tomó unas fotografías a cielo abierto entre camiones de 100 toneladas de capacidad que trabajaban en la mina para producir más de seis millones de quilates al año y que podían destrozar ese inesperado patrimonio. El geólogo envió el material al paleontólogo portugués Octávio Mateus (descubridor en 2005 del primer dinosaurio hallado en Angola) quien, emocionado, se desplazó en avión a la mina, y detectó más huellas en el gran agujero que se estaba abriendo para extraer diamantes. Al final, casi 70 pisadas aparecieron en el lugar.

Lo común es que los trabajos en la mina hubiesen continuado, porque en países como Angola, además de existir una legislación dudosa, la tradición les da muy mala fama. La venta de diamantes ha financiado las guerrillas del país. Son los conocidos “diamantes de sangre” que desde 1975 se usaban por el Movimiento Popular de Liberación de Angola, apoyado por la URSS para competir con el petróleo que financiaba al gobierno de la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola, apoyado por EEUU. La trayectoria del país hacía pensar que las huellas serían ignoradas, pero la Sociedad Minera de Catoca, compuesta por empresas de Angola, Rusia, China y Brasil, decidió detener la búsqueda de joyas en un radio de más de huellaminadiamantes300 m2. No estaban obligados por ley, pero se dieron cuenta del valor del hallazgo para el patrimonio cultural de Angola, y gracias a este hecho, ha quedado protegido.

Mateus, de la Universidad Nueva de Lisboa lo explica emocionado.“Es una historia fantástica. Las minas de diamantes de África no tienen muy buena reputación, es la primera vez que ocurre algo así” y añade “Desconozco las cifras concretas, pero detener la extracción de diamantes puede haber supuesto cientos de miles de euros perdidos”. Los trabajos paleontológicos en la mina se extendieron durante ocho meses.

El hallazgo inesperado de las 70 huellas del Cretácico ha sido anunciado el pasado miércoles. Se han identificado 18 pisadas de dinosaurios herbívoros de cuello largo del tipo saurópodo. Pero lo más llamativo son decenas de huellas de un mamífero “del tamaño de un mapache, en una época en la que la mayoría eran pequeños como ratas”, explicaba Mateus. Aún los expertos no pueden identificar al animal que dejó esas huellas. El paleontólogo Anne Schulp, del museo de historia natural Naturalis, en Leiden (Países Bajos) señala que hizo “una recopilación de huellas de mamíferos encontradas en todo el mundo” y no se encontró nada similar. “Ojalá supiéramos lo que es” afirma.

El problema es, según explican investigadores del equipo PaleoAngola, que no se ha desenterrado en ningún punto del planeta un hueso fósil de un mamífero de esa época de suficiente tamaño para dejar esas  huellas. La vladimir mammal-tracks3única pista la ofrece un animalito de medio metro encontrado  en China, que vivió unos cinco millones de años después del encontrado en Angola. Sin embargo, para desgracia de los investigadores, el habitante de China fue encontrado sin sus extremidades, de modo que no hay forma de saber si son del mismo grupo.

Marco Marzola, el paleontólogo más joven del grupo de PaleoAngola, ha señalado que no se puede decir mucho más del animal más allá del hecho de que era de tipo mamífero, pues las huellas “en ocasiones están muy mal conservadas”. Este paleontólogo supo ver que algunas de las huellas de la mina de diamantes no eran lo que parecían ser. “Descubrí que unas huellas, al principio atribuidas a mamíferos, en realidad pertenecían a un animal del Cretácico relacionado con los modernos cocodrilos”. Así pues, el yacimiento incluye huellas de dinosaurios, cocodrilomorfos y mamíferos del Cretácico.

El holandés Schulp copncluye que “hay una enorme cantidad de trabajo por hacer. Solo hemos rascado la superficie”.

Nuevos datos sobre las migraciones de fauna entre Norteamerica y Sudamérica en el Plioceno

Investigadores del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina), el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (Panamá), la Universidad de Saskatchewan (Canadá) y la Universidad de Zürich (Suiza) han aportado nuevos datos sobre el Gran Intercambio Biótico Americano (conocido como GABI, por sus siglas en inglés), evento en el cual la fauna terrestre y de agua dulce pudo emigrar de América del Norte a América del Sur y viceversa gracias al surgimiento del istmo de Panamá. A partir de dientes fósiles hallados en Colombia y Venezuela pertenecientes a dos especies ya extinguidas (CyonasuaChapalmalania) de prociónidos (una familia de animales carnívoros a la que pertenecen los actuales mapaches), han podido determinar que el GABI fue un evento mucho más dinámico y complejo de lo que se creía, según informa la Agencia Iberoamericana para la Difusión de la Ciencia y la Tecnología (DICYT).

Los animales del orden Carnivora, que incluye a los mamíferos placentarios con inclinaciones carnívoras en su dieta, se conocen desde el Paleoceno, hace cerca de 60 millones de años, y su historia evolutiva se centró en los continentes del Hemisferio Norte y en menor medida en África. Marcelo Sánchez, investigador del Instituto y Museo Paleontológico de la Universidad de Zürizh, detalla que en América del Sur los primeros Carnivora datan del Mioceno tardío (hace entre siete y ocho millones de años) y se corresponden con prociónidos del género Cyonasua (una especie extinta que en griego significa coatí-perro, por los rasgos similares que presenta de ambos), recuperados en el extremo sur del continente, en la Patagonia argentina.

Paisaje de la Guajira colombia donde se está explorando. Edwin Cadena

Paisaje de la Guajira colombiana donde se está explorando. Edwin Cadena

Sin embargo, la historia tradicional dice que el GABI ocurrió hace 3’5 millones de años, por lo que este grupo de carnívoros tuvo que migrar mucho antes. Los nuevos hallazgos, publicados recientemente en la revista Naturwissenschaften, están relacionados con los prociónidos argentinos pero son mucho más jóvenes que éstos (tienen entre 3’3 y dos millones de años) y se han hallado en localidades neotropicales próximas al istmo de Panamá.

“Estos fósiles están al lado de Panamá, la puerta de entrada a los animales inmigrantes norteamericanos. Entonces, ¿por qué los vemos llegando mucho antes a la Patagonia, a pesar de que está a más de 4.000 kilómetros de distancia? Una posible explicación es que los prociónidos utilizaron los Andes como una ruta de migración para moverse hacia las zonas temperadas de Sudamérica primero, y tiempo después lograron moverse hacia las zonas bajas de los trópicos, lo que nos muestra que el GABI fue mucho más dinámico y complicado de lo que habíamos creído hasta el momento. Todos estos nuevos descubrimientos en el trópico de Sudamérica, del cual casi no se conoce nada, nos están ayudando a entender mejor el GABI, una de las la invasiones biológicas más grande que jamás haya existido”, explica Carlos Jaramillo, investigador del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales.

De este modo, el trabajo titulado “Carnivorans at the Great American Biotic Interchange: new discoveries from the northern neotropics” apoya la teoría de que los prociónidos se dispersaron entre América del Norte y América del Sur en dos eventos separados, tal y como detalla la DICYT. “Los nuevos restos predatan los movimientos faunísticos más importantes entre América del Norte y América del Sur, los cuales se produjeron después de la formación definitiva del puente inter-americano, hace unos tres millones de años”, añade Sánchez.

En los últimos cinco años, el equipo de investigadores ha incrementado la exploración de depósitos fósiles a ambos lados del istmo de Panamá para aportar nuevos datos sobre el GABI. La ampliación del canal de Panamá ha permitido acceder a una gran cantidad de rocas con un excelente registro fósil de los últimos 20 millones de años, mientras que del lado Sudamericano han encontrado nuevos sitios con un excelente registro fósil tanto en la Guajira colombiana como en estado venezolano de Falcón.