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Domingo de documentales: Estampida en el Cretácico

Hace 100 millones de años, en una remota zona de lo que hoy es Queensland, Australia, se produjo la única gran estampida de dinosaurios registrada hasta la fecha. Los científicos trabajan para reconstruir el misterio de qué depredador produjo el pánico. Desde Pangea os animamos a descubrirlo en este documental hecho para Smithsonian Channel, mientras aprendéis algo más del comportamiento de estos gigantes extintos que tanto nos apasionan.

 

Nuevo hallazgo sitúa el origen del ser humano en Europa en 5,7 millones de años

Desde que se descubrieran los primeros fósiles de Australopithecus en África hace 60 años, la comunidad científica empezó a perfilar el origen del linaje humano en este continente. Su antigüedad parecía ser de entre algo más de 3 millones de años, y parecía haber permanecido aislado durante más de un millón de años antes de comenzar expandirse por Europa y Asia. Descubrimientos posteriores parecieron avalar esta teoría evolutiva hasta nuestros días.

Ahora, un equipo internacional de investigadores con participación de la Universidad de Uppsala (Suecia), ha descubierto en Grecia, concretamente en la isla de Creta, unas huellas homínidas de hace aproximadamente 5,7 millones de años de antigüedad, desafiando así todo cuanto conocemos y haciéndonos ver una realidad mucho más compleja de nuestra propia evolución.

Las pisadas aparecidas parecen haber sido hechas en una costa arenosa, probablemente cerca del cauce de algún río, y muestran pies humanos y locomoción vertical, aunque de un grupo homínido temprano.

“Lo que hace que esto sea polémico es la edad y la ubicación de las huellas”, dice en un comunicado el profesor Per Ahlberg de la Universidad de Uppsala, integrante del estudio que ha sido publicado en Proceedings of the Geologists Association. “Este descubrimiento desafía la narrativa establecida de la evolución humana temprana y es probable que genere mucho debate” concluye.

Es cierto que se perfila complicado que por unanimidad toda la comunidad científica acepte como evidencia válida estas huellas fósiles. El fósil de homínido más antiguo conocido, el Sahelanthropus de Chad, es posterior a estas huellas, y anterior a ellas sólo están restos de distintos simios con pies nada parecidos a los humanos.

¿Serán estas huellas homínidas de procedencia africana? ¿Existirá un nuevo foco en Europa generador de homínidos? El debate está servido.

 

Bolivia quiere que las 10.000 huellas de dinosaurio de Cal Orcko sean Patrimonio Natural de la Humanidad

Con más de 10.000 huellas de dinosaurio, el yacimiento boliviano de Cal Orcko ostenta un récord mundial que podría declararse Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO. Este reconocimiento podría darse siempre y cuando triunfe la propuesta que va a llevar a cabo el alcalde de Sucre, Moisés Torres, y que apoyará el paleontólogo suizo Christian Meyer, el cual ha estado trabajando en la zona durante los últimos días.

En el cerro de Cal Orcko, a las afueras de la capital de Bolivia, se encontraron unas 3.000 huellas sobre el terreno en 1998. Años más tarde, en 2006, se registraron más de 5.000 icnitas fósiles de saurópodos y terópodos. Ahora, Meyer, director del Museo de Historia Natural de Basel (Suiza) y un equipo de especialistas han analizado de nuevo la zona durante abril y el resultado preliminar de su exhaustivo trabajo es que hay más de 10.000 huellas. Entre ellas, hay muestras de 50 centímetros, que pertenecieron a Titanosaurus.

Cuando esté listo su informe científico, será presentado ante la UNESCO por la alcaldía de Sucre y la gobernación de Chuquisaca. Los restos están situados en un farallón (roca alta tajada) de cal, de 1,5 kilómetros de largo y 110 metros de altitud. Miles de turistas visitan cada año el Parque Cretácico donde se halla Cal Orcko.

Bolivia ya se postuló en 2009, pero retiró su candidatura debido a que en la zona operaba una empresa que explotaba piedra caliza (para elaborar cemento). Se supone que ahora la fábrica ejerce su actividad en otro lugar. Si el yacimiento consigue ser declarado Patrimonio Natural de la Humanidad, su conservación se vería reforzada.

El grupo Aragosaurus descubre un importante yacimiento de icnitas cretácicas en Teruel

Aragosaurus, el grupo de Investigación de la Universidad de Zaragoza, está detrás del descubrimiento de un nuevo yacimiento de icnitas de dinosaurios en Teruel. Se trata de medio centenar de huellas fósiles que se encuentran en rocas de hace unos 130 millones de años en el Parque Cultural del Río Martin, cerca de la localidad de Obón.

Ya se puede visitar la zona, aunque se sigue investigando. Según ha dado a conocer Aragosaurus, los primeros indicios de icnitas fueron encontrados accidentalmente hace tres años por José Ignacio Canudo y Gloria Cuenca Bescós (miembros del Grupo Aragosaurus-IUCA y el Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de Zaragoza). Durante los últimos meses, se ha realizado una limpieza superficial del yacimiento por parte de investigadores de la Universidad de Zaragoza y del Parque.

El yacimiento (del Cretácico inferior) se encuentra conservado en un estrato casi plano formado a partir del endurecimiento de un sedimento depositado en el borde de un lago costero por donde los dinosaurios se desplazaban. La limpieza superficial del yacimiento ha permitido descubrir más de una cincuentena de icnitas de dinosaurios distribuidas en rastros en diferentes orientaciones. Hay registros de saurópodos con pisadas de pie y mano, algunas de gran tamaño.

Huellas variopintas. Grupo Aragosaurus

Huellas variopintas. Grupo Aragosaurus

El sedimento donde pisaron tenía una gran cantidad de agua, por lo que estos grandes dinosaurios deformaron mucho el substrato, tal y como explica Aragosaurus. El yacimiento también conserva pisadas de un dinosaurio bípedo, que podría ser de un gran carnívoro. Además, la limpieza ha permitido descubrir unos enigmáticos, largos, y anchos surcos producidos, al parecer, por los pies de los dinosaurios cuadrúpedos al moverse por el barro. No se han descrito estructuras similares en otras partes del mundo, por lo que el interés científico del yacimiento es importante. El grupo de investigación espera tener respuesta a este enigma en los próximos meses.

Según ha publicado Heraldo de Aragón, no se han descubierto antes las huellas porque estaban cubiertas de tierra, debido a la sedimentación, y de romeros y aliagas. De hecho, cuando se empezó a limpiar la zona se observó que el yacimiento era mucho mayor de lo que se pensaba. No constaba de tres o cuatro icnitas, sino de más de 50.

 

 

 

Cómo una gallina, unas semillas y rayos X emulan la creación de huellas de dinosaurios

Semillas de amapola, rayos X y una gallina de Guinea. Esto es todo lo necesario para recrear en vídeo cómo los dinosaurios caminaban y dejaron las huellas que ahora estudiamos. No obstante, la creación y conservación de una icnita no es algo sencillo. Implica la interacción entre un pie y un sustrato, el cual puede ser duro y plano o poroso y movedizo, como la arena, el barro, la arcilla o la nieve. Las huellas dejadas sobre estos materiales tienen más posibilidades de ser preservadas durante largos períodos, pero también son más complejas que las realizadas sobre una superficie más consistente porque a menudo implican movimientos de tracción y hundimiento. No se trata únicamente de pisar.

En un estudio publicado ayer en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), una pareja de científicos han elaborado un vídeo (de rayos X, XROMM) de una gallina de Guinea (o pintada) caminando sobre semillas de amapola para crear un detallado modelo en 3D de cómo se crean las huellas. Esperan que este modelo permita a los investigadores profundizar todavía más en la información contenida en las icnitas de los dinosaurios y así entender cómo se movían estos animales.

Peter Falkingham, investigador del Royal Veterinary College in London y uno de los autores del estudio, explica que eligieron un ave porque estos animales son descendientes directos de los dinosaurios, pero el hecho de haber escogido a una gallina de Guinea fue únicamente por caber en la máquina de rayos X y tenerlas a mano. Usaron semillas de amapolas porque se comportan como arena seca, pero son menos densas y es más sencillo ver a través de ellas en los rayos X.

En el estudio “The birth of a dinosaur footprint: Subsurface 3D motion reconstruction and discrete element simulation reveal track ontogeny”,  los responsables se dieron cuenta de que en la superficie las huellas eran más complicadas de interpretar, pero la impronta del pie del animal era más clara a dos centímetros bajo la superficie. Además, la pata del ave se hundió en las semillas unos cinco centímetros..

Aunque todavía tienen que hacer más pruebas, ya han encontrado similitudes entre los rastros dejados por esta gallina y las creadas por el dinosaurio jurásico Anomoepus. 

Un tsunami preservó cientos de icnitas hace 128 millones de años en Teruel

El megayacimiento de icnitas de mayor extensión conocido en Europa fue consecuencia de un gran tsunami que afectó a la provincia de Teruel hace 128 millones de años y  fosilizó cientos de huellas de dinosaurios. Son conclusiones de un estudio desarrollado por investigadores del Departamento de Ciencias de la Tierra y del Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de Zaragoza y de la Universidad Complutense de Madrid sobre el terreno conocido como Formación Camarillas.

Los megayacimientos de icnitas de dinosaurios suelen ser formaciones rocosas con gran cantidad de pisadas de estos animales, distribuidas en cientos de miles de años o en diferentes estratos. Sin embargo, este estudio (liderado por Rocío Navarrete, investigadora del área de Estratigrafía, junto con Carlos Liesa, del área de Geodinámica Interna, ambos del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Zaragoza) ha permitido documentar un solo estrato que se sigue durante kilómetros con icnitas de grandes dinosaurios. Este estrato se encuentra entre las localidades de Aliaga y Miravete de la Sierra en Teruel (España).

Rocío Navarrete y Carlos Liesa, con una huella de ornitópodo. Universidad de Zaragoza

Rocío Navarrete y Carlos Liesa, con una huella de ornitópodo. Universidad de Zaragoza

El estudio en detalle del nivel fosilífero, recientemente publicado en la revista especializada Sedimentary Geology bajo el título “A thick Tethyan multi-bed tsunami deposit preserving a dinosaur megatracksite within a coastal lagoon (Barremian, eastern Spain)”, demuestra que presenta una litología muy particular, similar a la producida por los grandes maremotos acaecidos en las últimas décadas, según ha dado a conocer la Universidad de Zaragoza.

Hace 128 millones de años, la zona de Aliaga-Miravete era una zona costera con una barra de arena que la separaba de mar abierto, lo que se conoce en geología como una isla-barrera. Este enclave era el lugar por donde se desplazaban grandes dinosaurios como saurópodos y ornitópodos, como evidencian la gran cantidad de icnitas que hay en las rocas. Un terremoto que se produjo en el fondo marino produjo una ola de gran tamaño que cubrió por completo la isla-barrera, erosionándola e incorporando al flujo gran cantidad de partículas de arena. La ola cargada de arena se adentró tierra adentro algunos kilómetros, fue perdiendo energía y así se produjo el depósito de la arena que fue enterrando por completo todas las pisadas de dinosaurios que estaban expuestas.

Un tsunami es un proceso natural de gran poder destructivo capaz de arrasar todo lo que se encuentra en su camino, pero en este caso es “fascinante”, tal como reconocen los autores, ya que fue el responsable de conservar un megayacimiento de icnitas y quizás de atrapar a algún dinosaurio, aunque por el momento no ha sido encontrado.

Aparecen huellas de dinosaurios en una mina de diamantes de Angola

El hallazgo, recién presentado en el encuentro anual de la Sociedad de Paleontología de Vertebrados, en Berlín, acompaña a una historia sorprendente.

En diciembre del año 2010, en Angola, en la cuarta mina de diamantes más importante del mundo, el geólogo ruso Vladimir Pervov se encontraba estudiando los minerales del lugar, y descubrió una huella fosilizada en un estrato de 118 millones de años (Cretácico inferior). No se trataba de una piedra preciosa, pero aquella huella mostraba a un pequeño animal de tipo mamífero que había caminado por allí mismo junto a los dinosaurios, y Vladimir, sorprendido, le dio el valor que merecía. Tomó unas fotografías a cielo abierto entre camiones de 100 toneladas de capacidad que trabajaban en la mina para producir más de seis millones de quilates al año y que podían destrozar ese inesperado patrimonio. El geólogo envió el material al paleontólogo portugués Octávio Mateus (descubridor en 2005 del primer dinosaurio hallado en Angola) quien, emocionado, se desplazó en avión a la mina, y detectó más huellas en el gran agujero que se estaba abriendo para extraer diamantes. Al final, casi 70 pisadas aparecieron en el lugar.

Lo común es que los trabajos en la mina hubiesen continuado, porque en países como Angola, además de existir una legislación dudosa, la tradición les da muy mala fama. La venta de diamantes ha financiado las guerrillas del país. Son los conocidos “diamantes de sangre” que desde 1975 se usaban por el Movimiento Popular de Liberación de Angola, apoyado por la URSS para competir con el petróleo que financiaba al gobierno de la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola, apoyado por EEUU. La trayectoria del país hacía pensar que las huellas serían ignoradas, pero la Sociedad Minera de Catoca, compuesta por empresas de Angola, Rusia, China y Brasil, decidió detener la búsqueda de joyas en un radio de más de huellaminadiamantes300 m2. No estaban obligados por ley, pero se dieron cuenta del valor del hallazgo para el patrimonio cultural de Angola, y gracias a este hecho, ha quedado protegido.

Mateus, de la Universidad Nueva de Lisboa lo explica emocionado.“Es una historia fantástica. Las minas de diamantes de África no tienen muy buena reputación, es la primera vez que ocurre algo así” y añade “Desconozco las cifras concretas, pero detener la extracción de diamantes puede haber supuesto cientos de miles de euros perdidos”. Los trabajos paleontológicos en la mina se extendieron durante ocho meses.

El hallazgo inesperado de las 70 huellas del Cretácico ha sido anunciado el pasado miércoles. Se han identificado 18 pisadas de dinosaurios herbívoros de cuello largo del tipo saurópodo. Pero lo más llamativo son decenas de huellas de un mamífero “del tamaño de un mapache, en una época en la que la mayoría eran pequeños como ratas”, explicaba Mateus. Aún los expertos no pueden identificar al animal que dejó esas huellas. El paleontólogo Anne Schulp, del museo de historia natural Naturalis, en Leiden (Países Bajos) señala que hizo “una recopilación de huellas de mamíferos encontradas en todo el mundo” y no se encontró nada similar. “Ojalá supiéramos lo que es” afirma.

El problema es, según explican investigadores del equipo PaleoAngola, que no se ha desenterrado en ningún punto del planeta un hueso fósil de un mamífero de esa época de suficiente tamaño para dejar esas  huellas. La vladimir mammal-tracks3única pista la ofrece un animalito de medio metro encontrado  en China, que vivió unos cinco millones de años después del encontrado en Angola. Sin embargo, para desgracia de los investigadores, el habitante de China fue encontrado sin sus extremidades, de modo que no hay forma de saber si son del mismo grupo.

Marco Marzola, el paleontólogo más joven del grupo de PaleoAngola, ha señalado que no se puede decir mucho más del animal más allá del hecho de que era de tipo mamífero, pues las huellas “en ocasiones están muy mal conservadas”. Este paleontólogo supo ver que algunas de las huellas de la mina de diamantes no eran lo que parecían ser. “Descubrí que unas huellas, al principio atribuidas a mamíferos, en realidad pertenecían a un animal del Cretácico relacionado con los modernos cocodrilos”. Así pues, el yacimiento incluye huellas de dinosaurios, cocodrilomorfos y mamíferos del Cretácico.

El holandés Schulp copncluye que “hay una enorme cantidad de trabajo por hacer. Solo hemos rascado la superficie”.

Dos técnicos del CENIEH trabajan en las excavaciones paleontológicas en la Sierra de la Demanda

Los técnicos del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) Theodorus Karampanglidis y Laura Sánchez se desplazaron el pasado domingo 27 de julio al yacimiento de Las Sereas (Quintanilla de las Viñas) para desarrollar los trabajos de colaboración entre la institución burgalesa y el Museo de Dinosaurios salense.

Su idea para los próximos días es realizar un escaneado de los yacimientos de Las Sereas 6 y 7, excavados en campañas anteriores por los investigadores salenses, según ha informado el Museo. Probablemente, también se llevará a cabo un escaneado parcial de Las Sereas 8, actualmente en excavación y que está datado en el tránsito del Jurásico al Cretácico.

Colectivo Arqueológico-Paleontológico Salense (C.A.S)

Colectivo Arqueológico-Paleontológico Salense (C.A.S)

Los técnicos están utilizando tecnología avanzada para colaborar con esta “XII Campaña de Excavaciones Paleontológicas” en la Sierra de la Demanda (Burgos), en la que se explorará hasta finales de mes un nuevo yacimiento de icnitas de dinosaurios. Entre el material utilizado, se encuentra un escáner láser Leica C-10, que trabaja desde cinco puntos diferentes del yacimiento en tomas sucesivas. Un ordenador procesa la información recogida, que permitirá reconstruir fielmente la superficie del yacimiento, incluyendo las huellas de los dinosaurios y cualquier otro tipo de marca o irregularidad de la roca.

Los documentos gráficos digitales generados servirán para medir la distancia entre huellas, su profundidad, hacer perfiles topográficos del yacimiento, hacer réplicas en materiales ligeros de última generación o generar documentos 3D de un gran interés divulgativo. Es, además, una manera de conservar las características del yacimiento, con los datos a salvo del deterioro provocado por factores atmosféricos, erosivos o de otro tipo.

Hasta el momento, se han documentado más de 650 icnitas en el conjunto de Las Sereas, aunque la organización prevé que aumente el número tras esta campaña de excavaciones.

Nuevas huellas avivan el debate sobre el gregarismo de los ‘Tyrannosauridae’

El registro de icnitas o huellas de Tyrannosauridae es sorprendentemente escaso, en contraste con lo bien documentado que está su esqueleto. Además, hasta ahora sólo se conocían unas pocas icnitas aisladas atribuidas a estos dinosaurios. Por eso es tan importante el trabajo realizado por un grupo de paleontólogos en la formación Wapiti de Alberta (Canadá). Han presentado el primer conjunto fósil de huellas atribuibles a Tyrannosauridae, de forma que se refuerza la teoría de que eran animales gregarios.

“‘Terror of Tyrannosaurs’: The First Trackways of Tyrannosaurids and Evidence of Gregariousness and Pathology in Tyrannosauridae” es el nombre de su análisis, publicado en Plos One (donde se puede leer al completo de forma gratuita). Los investigadores han estudiado unos rastros datados en el Cretácico Superior (Campaniano- Mastrichtiano) y que fueron encontrados entre 2011 y 2012. Se trata de una pista de tres huellas tridáctilas y otros dos rastros cercanos con dos huellas cada uno (aunque en la imagen proporcionada no se incluye una de estas huellas).

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Las similitudes en la profundidad y conservación de los tres rastros indican que fueron producidos al mismo tiempo y siguiendo la misma dirección. Hasta ahora, las teorías sobre la locomoción de los Tyrannosauridae se basaban en el estudio de sus huesos. Este hallazgo supone el primer registro fósil de la forma de caminar de estos dinosaurios, por lo que se podrá conocer mejor cómo se desplazaban, y reabre el debate sobre su posible comportamiento gregario. ¿Estaban cazando juntos? ¿Eran familia? ¿Eran machos pretendiendo a una hembra?

No se ha determinado todavía a qué especie de Tyrannosauridae pertenecen estas grandes icnitas, que rondan los 50 centímetros. Han sido bautizadas como Bellatoripes fredlundi, como homenaje al guía local que descubrió las dos primeras.

El equipo de paleontólogos responsables de esta investigación está formado por Richard McCrea, Lisa Buckley, Martin Lockley, Philip Currie (de la Universidad de Alberta, Canadá), James Farlow (de la Universidad Indiana-Purdue, EEUU), Nefra Matthews y George Pemberton (de la Universidad de Colorado, EEUU).