Reconstruyen la vida y muerte de uno de los Homo sapiens más antiguos de Asia

Hace más de una década que se descubrieron los restos óseos de uno de los Homo sapiens más antiguos encontrados en Asia oriental: el hombre de Tianyuandong. Los fósiles, de 40.000 años de antiguedad, fueron hallados junto a abundantes restos de fauna en un recodo de una cueva en la que no se encontraron herramientas de piedra, lo que dio pie a diversas teorías. Ahora, un estudio liderado por la investigadora Yolanda Fernández Jalvo, del Museo Nacional de Ciencias Naturales, determina que la muerte del hombre de Tianyuandong fue accidental.

Se descartan así las ideas que previamente se tenían respecto a este individuo, como que fue víctima de prácticas caníbales, que se tratase de un rito funerario o que un carnívoro acabase con su vida. “Nuestra investigación dio un giro a todas estas hipótesis y mostró otra historia, da pruebas de cómo logró sobrevivir a pesar de sus problemas para moverse y de que su muerte fue accidental”, explica la investigadora. Además, su equipo ha reconstruido cómo fue la vida de este antiguo Homo Sapiens.

Exterior de la cueva donde se aprecia la estructura laminada de la caliza. MNCN-CSIC

Exterior de la cueva donde se aprecia la estructura laminada de la caliza. MNCN-CSIC

El hombre de Tianyuandong, que tenía alrededor de 50 años, sufría lesiones patológicas en las manos, además de problemas en las cervicales, que muy posiblemente le impedían tallar piezas líticas. De hecho, pese a que a menos de 6 kilómetros hay rocas de cuarzo y sílex, este hombre ni las buscó ni las llevó a la cueva. Sin embargo, logró sobrevivir gracias a la carroña y a la caza de pequeños animales que pudo descarnar usando la roca madre de la cueva donde vivía. Aún hoy puede verse que la caliza se rompe con facilidad dando lugar a lascas naturales, muchas de ellas con un filo útil. Mientras que la treintena de huesos del esqueleto del hombre se conservan muy bien, los restos óseos de los animales están muy fragmentados y presentan cortes de filos de piedra caliza para separar la carne y roturas para extraer la médula.

La ubicación del esqueleto, en un recodo de la cueva, los golpes y contusiones en la superficie del esqueleto humano y el hecho de que muchas de las fracturas sean post-mortem, indica que, muy probablemente, la muerte del individuo se produjera por caídas de bloques, los cuales mantuvieron los restos ocultos a los carroñeros. Esta es la conclusión del estudio “Taphonomy of the Tianyuandong human skeleton and faunal remains”, publicado en Journal of Human Evolution.

El hombre de Tianyuandong fue encontrado en 2001 en una pequeña cueva cercana al complejo kárstico de Zhokoudian en China, un referente en paleoantropología que ha proporcionado abundantes restos humanos de diferentes edades. Durante unos trabajos de prospección que llevaba a cabo una compañía china, los trabajadores descubrieron un esqueleto humano oculto bajo lo que parecían derrumbes de rocas.

Estefanía Jiménez Solís

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