Paleoecología del Mesozoico atrapada en un trozo de ámbar prehistórico

Hoy en día hablar de ámbar fosilizado del Mesozoico (la era de los dinosaurios) es casi sinónimo de recrear en la imaginación el filme Jurassic Park, pero en vez de resucitar dinosaurios y exhibirlos en un parque de atracciones, el paleoentomólogo Ryan McKellar está usando estas pequeñas cápsulas de tiempo para revelar información acerca de la ecología de hace más de 65 millones de años, para saber cómo fue el mundo poblado por estos gigantes que ahora solo se encuentran en las rocas.

“Basicamente da un poco de luz de fondo a las excavaciones de dinosaurios, nos dice un poco de su hábitat” indica McKellar en una declaración. “Solo un puñado de estas pequeñas piezas entre los huesos pueden mostrar una enorme cantidad de información”.

El científico señala que debido a la capacidad de la resina vegetal para capturar instantes de tiempo sin cambios significativos en millones de años, puede mostrar el tipo de plantas que una vez florecieron, los insectos que convivían con ellas, cómo era la atmósfera en el tiempo en que se formó el ámbar y una gran cantidad de detalles que permiten dar cabida y entendimiento al ecosistema multidimensional donde vivieron estos behemots ya extintos.

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Los insectos atrapados en ámbar revelan una gran cantidad de información acerca de los ecosistemas a los que pertenecían

El ámbar estudiado por McKellar y su equipo, es denominado ámbar friable, y como su nombre lo indica es extremadamente delicado y poco duradero, razón por la cual no ha habido una gran cantidad de estudios realizados del mismo. Las pequeñas cápsulas de tiempo del Cretácico tardío fueron recuperadas en Alberta y Saskatchewan, Canadá. Y aunque apenas tienen pocos milímetros de grosor, esconden en su interior una gran cantidad de pistas del pasado.

Antes de que se endurezca en ámbar, la resina pegajosa del árbol suele recolectar material animal y vegetal, como hojas y plumas. Estos contenidos, llamados “inclusiones”, pueden decir a los científicos mucho acerca de las condiciones ambientales, en torno a las fuentes de agua, la temperatura, e incluso los niveles de oxígeno en el ambiente prehistórico.

“Además de estas inclusiones, las más impresionantes son las de insectos, pues ellos pueden ser usados como indicadores de muchos datos en los ecosistemas que se presentan” añadió McKellar.

El paleoentomólogo y otros científicos esperan poder continuar sus investigaciones para cerrar brechas de conocimiento que aún se encuentran abiertas en el campo de la paleontología, especialmente en la evolución de insectos.

David Hernandez Leiva

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