Hallazgo doble: Nuevo titanosaurio aporta una rara evidencia de insectos del Cretácico

Un esfuerzo internacional sufragado por entidades como National Science Foundation (NSF) y la National Geographic Society, ha permitido conocer una nueva especie de dinosaurio saurópodo gigante que ha ayudado a completar un antiguo rompecabezas.

En el año 2002 el Proyecto Rukwa Rift Basin localizó un esqueleto fósil de gran tamaño del periodo Cretácico en la región de Songwe del Gran Valle del Rift en el suroeste de Tanzania. Después de largo tiempo se hallaron en el lugar un húmero, vértebras de un cuello, costillas, y la parte inferior de una mandíbula, que completaban el hallazgo.

Los análisis filogenéticos realizados sobre el ejemplar, confirman ahora que se trata de una nueva especie africana, y que estaba más estrechamente relacionada con los titanosaurios de América del Sur, que con cualquiera de las otras especies actualmente conocidas. Esto nos lleva a un lugar en el tiempo tectónicamente muy activo, en el que el sur de África se separó de Madagascar y la Antártida mientras aún mantenía conexión terrestre con América del Sur, de la que también se fue separando, aislándose definitivamente entre hace 95 y 105 millones de años atrás.

El dinosaurio, bautizado del swajili como “cuello ancho” y científicamente Shingopana songwensis, está ayudando a comprender las relaciones evolutivas de estos y otros titanosaurios.

Pero el hallazgo aporta algo más a la ciencia. Eric Roberts, de la Universidad James Cook de Australia, estudió el contexto paleoambiental del nuevo descubrimiento, y encontró los huesos de shingopana dañados por agujeros de antiguos insectos que llegaron a la escena poco después de la muerte del animal. Tal y como él mismo explica “La presencia de perforaciones óseas proporciona una oportunidad para estudiar el esqueleto y reconstruir el momento de la muerte y el entierro y ofrece evidencia rara de insectos antiguos y complejas redes alimenticias durante la era de los dinosaurios”. Este hallazgo doble nos muestra que todavía estamos rascando la superficie de la comprensión de la diversidad de organismos, y los ambientes en los que vivieron los dinosaurios.

La investigación ha sido publicada en Journal of Vertebrate Paleontology.

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