Marcelo Isasi: la apasionante tarea de armar esqueletos de dinosaurios en Argentina

Cuando se difunden los resultados de cualquier investigación científica, atribuimos la autoría al investigador o investigadores principales del estudio, pero suele haber detrás un grupo de personas que asisten y brindan apoyo cualificado al equipo científico. Es el caso de la Paleontología. Por eso, esta semana el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de Argentina ha querido reconocer el trabajo de estos profesionales mostrando el ejemplo de Marcelo Isasi.

Isasi, de 42 años, forma parte desde hace 15 años del equipo del paleontólogo Fernando Novas en el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”. Es técnico en Paleontología (CPA, Carrera del Personal de Apoyo) desde el año 2006: ingresó como técnico principal, ascendió en el escalafón y hoy ya es técnico profesional y trabaja en la “paleocueva”.

De joven, Marcelo Isasi se hizo voluntario en la Sección de Paleontología de Vertebrados del Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”, asistiendo y colaborando con las tareas de los paleontólogos. El de Isasi es un trabajo artesanal, casi artístico. “El talento de Marcelo para efectuar la preparación de los fósiles lo convierte en uno de los técnicos más prestigiosos con que cuenta la Paleontología”, señala sobre él Novas. ¿Cómo es el día a día de su trabajo en la actualidad?

No todo el trabajo de Isasi es en la "paleocueva". CONICET

No todo el trabajo de Isasi transcurre en la “paleocueva”. CONICET

Según explican desde el CONICET, en el anexo del Museo, a un costado, hay un cartel de madera que en letras talladas dice “paleocueva”. Adentro solo se escucha el tic-tac de un reloj y alguien que raspa una roca y luego sopla, raspa y sopla, raspa y sopla: es Marcelo Isasi. “Trabajar en este laboratorio es un asombro diario”, relata el técnico, para quien “preparar cada hueso siempre es un descubrimiento”.

El lugar es grande y está abarrotado de instrumentos de precisión y herramientas varias, como lupas binoculares, lámparas con fibra óptica, martillos neumáticos, minitornos eléctricos y, por supuesto, bloques de roca a medio preparar.

Martín Kundrat, Marcelo Isasi y Fernando Novas en campaña. MDZ

Martín Kundrat, Marcelo Isasi y Fernando Novas en campaña. MDZ

Hay varias formas en las que un fósil puede llegar hasta la mesa de Isasi. Por ejemplo, alguien trabajando en el campo o paseando en sus vacaciones se encuentra un hueso y después llama a los paleontólogos. Otra manera de descubrir fósiles es ir de campaña. Isasi ha participado en más de cuarenta. Una campaña puede durar entre diez y veinte días o varios meses. “Son situaciones duras de aislamiento, pero también divertidas, adonde están todos los condimentos de las relaciones humanas sumadas a lo extenuante de subir montañas, montar caballos, acampar en la nieve…”, explica el técnico, quien se acuerda de varias experiencias extremas, como una campaña en el Amazonas, en Bolivia. Allí estuvieron doce días durmiendo a la intemperie en la selva, picados por insectos de todos los tamaños y rodeados de víboras venenosas.

Una vez que se descubren los huesos en campaña, se hace el “bochón” o “momia” (se cubren de papel y vendas enyesadas para protegerlos y trasladarlos de forma segura, sin que se fisuren) y, entonces, ese material llega al taller. “Esa es la parte más linda, empezar a separar la roca que contiene los huesos de hace millones de años, y descubrir las situaciones por las que pasó ese fósil”, indica Isasi.

A lo que sigue, el técnico lo llama “la preparación”: un período de tiempo en el que, valiéndose de lupas, herramientas finas, cinceles y martillos neumáticos, se recupera el hueso. La duración del proceso depende de cómo sea su estado: si el hueso está frágil lleva más tiempo recuperarlo; si la roca que los contiene es muy dura, también. El primer desafío es quitar el yeso y la roca que rodea a los huesos, que, en general, hace miles de años se fusionó con el fósil.

Megatherium en el MACN

Megatherium en el MACN

Una vez que los huesos están libres de roca, el investigador podrá estudiar cada uno de ellos y, si se necesita, se completan las partes faltantes para realizar una reconstrucción del esqueleto. Luego se efectúa el molde de cada hueso para obtener copias en yeso, resina o poliuretano rígido, y se montan en una estructura metálica que sirve de soporte. Se termina con el pintado de las piezas para simular el color original del fósil.

El siguiente paso es la exhibición, en el caso de Marcelo Isasi, en el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACN), el cual tiene una enorme sala de Paleontología, con gran cantidad de esqueletos de reptiles mesozoicos.

Ser uno de los pocos que realizan el proceso de armado de los esqueletos de dinosaurios en Argentina llevó a Isasi a distintos puntos del mapa del mundo, como Italia, diversos países de Latinoamérica y hasta a Japón, país al que ha viajado en cinco ocasiones distintas para armar distintas muestras.

La tecnología está cambiando la forma de trabajar de los técnicos. Por ejemplo, antes las réplicas se hacían de yeso macizo, mientras que ahora se usa poliuretano expandido rígido, más liviano y a la vez fuerte. Por otra parte, las impresoras 3D prometen crear réplicas de huesos de tamaño exacto para la exhibición del museo, sin la limitación en el número de copias realizadas y los materiales y los problemas de almacenamiento de los métodos de fundición tradicionales. ¿Y cómo se ve Isasi ante estos avances? “El trabajo manual me encanta, pero los cambios que haya, serán bienvenidos, concluye, “es así: si no nos adaptamos… vamos a terminar como los dinosaurios”.

Estefanía Jiménez Solís

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *