Los grabados del Homo erectus hace medio millón de años

La revista Nature ha publicado este mes de diciembre un estudio sobre unos grabados geométricos hechos en Java en una concha de bivalvo de Pseudodon. El asombro llega cuando se confirma la antigüedad de las conchas: 400.000 años. Esto nos lleva a los homínidos que habitaban en aquellas épocas, que no eran otros que los Homo erectus. ¿Es posible que estos homínidos tan antiguos fuesen los primeros en hacer grabados? “Hasta este descubrimiento, se asumía que este tipo de grabados no se había producido hasta la llegada de los humanos modernos (Homo sapiens) en África, hace unos 100.000 años”, comenta José Joordens, investigador de la Facultad de Arqueología de la Universidad de Leiden y director del estudio.

¿Cómo comenzó todo? Stephen Munro estudiaba unas fotos de conchas de una colección museística, y entonces descubrió que una concha parecía tener un patrón geométrico grabado. De esto hace siete años. Desde entonces, un equipo de veintiún investigadores estudiaron cientos de conchas fósiles asociadas a los sedimentos del yacimiento de Homo erectus de Trinil. Las conchas fueron recogidas a finales del S. XIX, y formaban parte de la colección del médico Dubois, conservada en el Centro de Biodiversidad Naturalis. No se encontraron más grabados. Sin embargo, el posible grabado que encontró Stephen, se había hecho antes de que los procesos de meteorización fosilizasen la cáscara de la concha. Esto implicaba que no era un fraude moderno. El grabado solo podía verse con iluminación oblicua. El estudio concluyó que el patrón era obra de Homo erectus y no fruto del proceso de fosilización o de algún animal.

En cualquier caso, si fue obra de estos humano primitivos, cabe preguntarse si se hizo de manera accidental y no intencionadamente. Si fue intencionado, esto quiere decir que el Homo erectus era capaz de crear un dibujo geométrico, con todo lo que ello conlleva.

El hallazgo, como cabía esperar, no ha pasado desapercibido, y son muchas las voces que cuestionan la validez de las pruebas. Algunos científicos critican que la datación no es segura y que las conchas están fuera de contexto, por estar el yacimiento alejado de los lugares en donde vivían esos humanos. Otras críticas se centran en la dificultad de atribuir un pensamiento simbólico a esos grabados, pues podrían haberse hecho por razones no simbólicas. Los grabados en sí no tienen ninguna utilizad práctica, a no ser que sirvieran para contabilizar algo, lo cual no es probable. Es posible que los poseedores de estas piezas los usasen como abalorios que les añadieran atractivo.

Jose María Bermúdez de Castro también reflexiona sobre este descubrimiento en Quo, cuestionándose todas las incógnitas que lo rodean. “Es posible que algún miembro de uno de los innumerables clanes que vivieron en aquellos territorios tuviese la capacidad individual de realizar incisiones en una concha o en cualquier otro objeto. Si fue así, nunca sabremos si esa acción tuvo una intención determinada o algún significado simbólico. Parece poco probable que esta conducta, si fue intencionada, se hubiera generalizado en Homo erectus. O quizá en el futuro se localicen más evidencias sobre las posibilidades imaginativas y de abstracción de Homo erectus en otros yacimientos ¿Porqué no?” se pregunta.

Según los arqueólogos, lo que sí queda claro, es que el Homo erectus sabía adaptarse a las materias primas de las que disponía para crear útiles, ya fuera con sílex o cuarcita o con conchas si no encontraba el material adecuado. El hecho de que supieran abrir las conchas sin romperlas, haciendo un orificio en el lugar de inserción del músculo que permite su cierre hermético, demuestra gran habilidad y conocimientos de la anatomía de estos moluscos. El agujero se hacía con un objeto punzante, como un diente de tiburón. Estos dientes han sido también encontrados en Trinil. De hecho, Francesco d’Errico (Universidad de Burdeos) trató de replicar el grabado de la concha con varios instrumentos y descubrió, que el mejor resultado se obtenía usando un diente de tiburón.

Por ahora, esta concha es el único ejemplar que presenta esos grabados, lo que no ayuda a descifrar si se hizo conscientemente. Tal vez en un futuro podamos encontrar nuevos datos que arrojen más luz a esta primitiva historia del pensamiento simbólico del ser humano.

Antonio Gutierrez

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