Los dinosaurios enfriaban su cerebro mediante sus fosas nasales

Hace millones de años que el último dinosaurio exhaló su último aliento, pero un equipo liderado por científicos de la Universidad de Ohio ha devuelto la respiración a estas criaturas a través de simulaciones por ordenador, de forma que han analizado cómo usaban sus narices para mejorar su olfato y enfriar su cerebro. La sangre rebajaba su temperatura tras su paso por esta zona, según recoge la publicación The Anatomical Record en el estudio “Breathing Life Into Dinosaurs: Tackling Challenges of Soft-Tissue Restoration and Nasal Airflow in Extinct Species”.

Averiguar las funciones de la cavidad nasal es algo complicado, sobre todo porque los delicados tejidos blandos de los hocicos de los dinosaurios se pudrieron hace millones de años. Para lograr su objetivo, los investigadores recurrieron a los parientes modernos de los dinosaurios (aves, cocodrilos y lagartos). “Hicimos un montón de disecciones, inyecciones de los vasos sanguíneos y tomografías computerizadas, pero la principal herramienta novedosa fue la simulación por ordenador en 3D del flujo de aire”, según ha explicado Lawrence M. Witmer, de la Universidad de Ohio.

Reconstrucción de la circulación de la sangre en Stegoceras. WitmerLab de la Universidad de Ohio

Reconstrucción de la circulación de la sangre en Stegoceras. WitmerLab de la Universidad de Ohio

Los investigadores se basaron en la mecánica de fluidos computacional (una rama de la física que se usa en la industria aeroespacial y en la medicina) para modelar cómo fluía aire a través de las narices de los familiares actuales de los dinosaurios. Y el grupo de dinosaurios que escogieron para aplicar sus métodos fue el Pachycephalosaurus (“reptil de cabeza gruesa”), ya que sus fuertes estructuras craneales tienden a preservar los tejidos blandos nasales (como una cresta nasal interna y los cornetes cartilaginosos).

El análisis de Stegoceras, concretamente, mostró que la región olfativa del cerebro era bastante grande en este animal, lo que, junto a los grandes cornetes cartilaginosos presentes, sugería que había tenido muy buen sentido del olfato. Pero en la simulación del flujo de aire, el aire inspirado pasaba por alto la cámara olfativa. No tenía sentido para los investigadores.

La pista para encauzar la investigación fue una larga cresta ósea en la pared de la parte frontal de la cavidad nasal. En los parientes modernos de los dinosaurios, los cornetes nasales cartilaginosos (que son láminas cartilaginosas u osificadas cubiertas de mucosa nasal) a menudo se adhieren a esas crestas, lo que sugiere que los “pachys” pudieron haber tenido cornetes en la parte respiratoria de la cavidad nasal. Estos cornetes seguramente contribuyeron al enfriamiento del cerebro: la sangre arterial caliente del cuerpo se enfriaba al pasar sobre los cornetes respiratorios; después, esa sangre venosa refrescada regresaba al cerebro.

El equipo de científicos van a poner ahora su atención en las fosas nasales de los Ankylosaurus y Hadrosaurus. 

Para ver animaciones sobre este estudio, se puede consultar este enlace.

Estefanía Jiménez Solís

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