La “teoría del abrelatas” o cómo cazaba realmente el Smilodon

Sus grandes colmillos son un icono. Pensar en el Smilodon es imaginarse a este gran felino “dientes de sable” cazando en los mismos terrenos donde campaban los mamuts y los humanos prehistóricos. Caballos, camellos y bisontes fueron sus presas favoritas, pero ¿cómo las mataba? Un nuevo estudio afirma que el Smilodon usaba sus mandíbulas a modo de abrelatas (de los antiguos, no de los de rueda): inmovilizaba a sus víctimas presionando su cuello con la mandíbula inferior; después, levantaba sus patas delanteras de forma que el felino podía alzar la base de su cuello y, para terminar, rotaba su cabeza y largos colmillos hacia la presa.

Las teorías iniciales sostenían que esta criatura del Pleistoceno saltaba sobre sus víctimas y las mataba “acuchillándolas” con sus dientes. De ahí el sobrenombre de “dientes de sable”. Pero otros científicos cuestionaron que los caninos superiores tuviesen la fuerza suficiente para penetrar en la piel de la presa sin una fuerza opuesta de la mandíbula inferior. Así, otra teoría fue ampliamente aceptada: el gran felino usaba las dos mandíbulas para morder a la presa, pero realizaba un movimiento hacia abajo para potenciar su mordedura.

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El Smilodon usaba una técnica parecida a la que utilizan los cowboys para someter a los novillos. Brown JG

Sin embargo, Jeffrey G. Brown (investigador independiente americano experto en patología anatómica y clínica) cree que este método no funcionaría porque el Smilodon no generaría suficiente fuerza y propone un nuevo modelo en el que podría usar los músculos de sus patas, espalda, cuello y mandíbulas para derribar a sus presas. El sistema es una palanca de primer grado, como el usado en los abrelatas.

Así aparece publicado en la revista científica Plos One, donde Brown analiza esta nueva teoría en su estudio “Jaw Function in Smilodon fatalis: A Reevaluation of the Canine Shear-Bite and a Proposal for a New Forelimb-Powered Class 1 Lever Model”. El autor espera que futuras investigaciones y simulaciones por ordenador confirmen que su idea es la correcta.

Estefanía Jiménez Solís

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