La disminución de CO2, causante de la glaciación de la Antártida hace 34 millones de años

Dos hipótesis principales compiten para explicar el enfriamiento global y la formación repentina de la capa de hielo en la Antártida durante la transición Eoceno-Oligoceno hace unos 34 millones años: el aislamiento térmico de la Antártida tras su separación de Australia y la disminución de los niveles de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera. Esta segunda explicación es la más probable, en lugar de la reordenación de los continentes, según un grupo de científicos de la Universidad de New Hampshire (EEUU).

En su estudio “Antarctic glaciation caused ocean circulation changes at the Eocene–Oligocene transition”, publicado en la revista Nature hace unos días, los investigadores usaron “la fuerza bruta” para generar los resultados, tal y como ha informado la Universidad: simplemente modelaron “un mundo del Eoceno-Oligoceno como si tuviera una capa de hielo antártica cercana a la forma actual y analizaron los resultados en el modelo acoplado océano-atmósfera usado para predecir el futuro cambio climático a lo largo de una serie de valores de CO2 que posiblemente ocurran en los próximos cien años años” (de 560 a 1.200 partes por millón).

Así, se dieron cuenta de que la glaciación estimuló las corrientes de agua de la zona y que, por el contrario, la separación de Australia de la Antártida no fue algo decisivo en la estratificación térmica oceánica. Los responsables del estudio consideran que su trabajo es clave en la actualidad, ya que el aumento del nivel del CO2 es un tema alarmante, pero nuestros continentes no se están moviendo a un gran ritmo.

Todavía no se conoce la causa de la gran disminución del C02 que tuvo lugar en una época en que las regiones polares no tenían hielo, pero los científicos de la Universidad de New Hampshire creen que la reorganización continental masiva pudo contribuir a este fenómeno una vez que la glaciación empezó en la Antártida. La circulación oceánica creó enormes afloramientos de aguas ricas en nutrientes que contenían plancton y que, al morir y hundirse, arrastraron grandes cantidades de carbono al fondo del mar.

Estefanía Jiménez Solís

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