Jurassic World es real: Los millonarios están comprando dinosaurios

El mundo de la ciencia paleontológica está consternado con la creciente moda de las casas de subastas. El creciente comercio de fósiles de dinosaurios a través de pujas millonarias deja a la ciencia huérfana de muchos especímenes que aportarían un mayor conocimiento del mundo perdido.

En la película de Jurassic World II podemos ver cómo personas poderosas y pudientes pujan por adquirir ejemplares de dinosaurios aterradores o únicos, con fines más o menos nobles. En la actualidad, no estamos tan alejados de esa escena, que nosotros consideramos una crítica al comercio ilegal de fósiles.

Los paleontólogos creen que un fósil vendido a un comprador privado es un fósil perdido para la ciencia, y el último caso ha sido especialmente doloroso. Hace pocas semanas, en París, una casa de subastas anunció con un trabajado vídeo, más similar a una película de Hollywood que a una muestra informativa, la maravillosa criatura que tenía preparada para los bolsillos más hinchados. Un impresionante dinosaurio carnívoro desconocido hasta ahora, podía ser visitado en la Torre Eiffel antes de la subasta. El animal, que caminaba por Wyoming en el Jurásico tardío, hace unos 155 millones de años, era un adulto muy similar al Allosaurus, y medía 9 metros de longitud. Sus restos fósiles estaban en perfecto estado de conservación. Casi el 70% de su estructura ósea está conservada debido a que el dinosaurio cayó en un río y sus huesos no se comprimieron durante el proceso de fosilización. El espécimen, a tenor de su dentadura y su osamenta inusual, habría supuesto el hallazgo de una nueva especie no descubierta hasta ahora.

Desgraciadamente, los museos y los investigadores operan con bajos presupuestos para desarrollar su trabajo, y es por ello que cuando se producen estas pujas por los restos fósiles de animales extintos, es muy poco probable que los ejemplares acaben a buen resguardo. Por el contrario, terminan siendo objeto de pujas millonarias y acaban en manos privadas, donde sus nuevos dueños hacen el uso de ellos que suelen desear: exponerlos como trofeos extravagantes para asombrar a sus invitados.

Este último caso no es único. El pasado mes de abril, una casa de subastas vendió por 1,4 millones de euros a un Allosaurus juvenil, que habría aportado a la ciencia interesante información sobre el crecimiento de los terópodos.

Las casas de subastas se frotan las manos ante el interés que despiertan los dinosaurios entre los millonarios, y no dudan en presentar sus adquisiciones con palabras sugerentes como “animal de características únicas”. Esas características únicas habrían hecho de esos fósiles importantísimos objetos de estudio que revertirían en un mayor conocimiento del mundo en el que vivimos. Sin embargo, sólo podemos leer esos anuncios y protestar internamente, sintiendo la tristeza del conocimiento que se pierde.

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