Hitos de la ciencia: Stensen y los dientes de tiburón

En la costa italiana de Livorno durante el S. XVII dos pescadores lograron capturar un tiburón gigante. El extraordinario ejemplar no sirvió para el alimento pues, a juicio del duque de la ciudad, debía ser enviado a algún anatomista para examinarlo. En aquél entonces la ciencia anatómica estaba en auge y era muy prestigiosa, y en Florencia existía un grupo de científicos protegidos por Fernando II de Medici que trabajaban con cadáveres humanos y animales, y asombraban al mundo con nuevos descubrimientos sobre el funcionamiento del cuerpo. Fue uno de ellos, el médico y anatomista danés Niels Stensen, quien trabajó con el escualo de Livorno.

En el mes de octubre de 1666, durante la disección, fue cuando cambió la historia. Stensen descubrió que era cierta la afirmación del médico Rondelet que escribió que los dientes de tiburones gigantes eran iguales a unas rocas triangulares que se habían ido encontrando desde la antigüedad y que se denominaban  “lenguas de piedra”. Stensen conocía esas piedras muy bien, pues su tutor Bartholin, tenía una buena colección que había recolectado en Malta.

Stensen observó detenidamente los dientes del tiburón y las rocas y se enfrentó a importantes preguntas. Si aquello era un diente ¿Cómo se convertía la materia orgánica en piedra? ¿Cómo esa piedra podía quedar encajada en las rocas? ¿Qué proceso la había llevado a coronar una montaña y no permanecer sobre un fondo marino? Entonces surgió la necesidad de comprender la erosión y el proceso de fosilización para dar respuesta a aquellas incipientes cuestiones. Pero, Stensen, un hombre profundamente religioso que terminó sus días como obispo misionero, no podía contradecir las escrituras que explicaban que el mundo había permanecido inalterable desde su Creación, hacía unos 4.000 años. Además, era impensable imaginar que en ese corto espacio de tiempo, unas rocas encontradas muy por encima del nivel del mar y alejadas de la costa pudieran haber formado parte de organismos orgánicos marinos. Lo admitido era suponer que los caprichos de la naturaleza habían creado esas rocas de formas extrañas. Stensen se enfrentaba a un problema de difícil entendimiento.

Stenoshark

Dedicó parte de su tiempo en buscar estratos con lo que hoy sabemos que son fósiles y finalmente asumió la evidencia que tenía ante sí para pronunciar ante el mundo que las famosas “lenguas de piedra” eran en realidad dientes de tiburones del pasado. “Aquellos que adoptan la posición de que las glossopetrae son dientes de tiburón petrificados, pueden estar no lejos de la verdad”.  En la ilustración, la comparativa hecha por Stensen en 1667.

Pero todavía era necesario explicar cómo se habían transformado de aquella manera y cómo se habían incrustado en la roca. Tuvo que elaborar una teoría que sería la base del entendimiento de la fosilización: los restos del organismo se van sustituyendo por minerales y esto permite que la forma anatómica se  mantenga en el tiempo. Lo que hoy llamaríamos moléculas era llamado por los naturalistas de aquél entonces como “corpúsuclos”. Así pues, Stenson argumentó que los corpúsculos diminutos que componían la materia se sustituían gradualmente por corpúsculos minerales en un proceso largo en el tiempo, y que las rocas sobre las que se posaban no eran sólidas tampoco hasta mucho tiempo después. De este modo, terminaban formando parte las unas con las otras del mismo espacio.

Stensen se pronunciaba con cuidado, evitando enemistades, pero defendiendo lo que había descubierto. “Si alguien pudiera creer que partes del suelo de aquellos lugares en los que dichos fósiles han sido excavados, han cambiado su situación en algún momento, no se le puede imputar que piense algo contrario a la razón y la experiencia”.

Stensen se convirtió en el padre de la Geología.

Para saber más: Leer en las rocas con Nicolás Steno, de Leandro Sequeiros San Román.

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