Fósiles diminutos revelan cómo evolucionó la cobertura vegetal de la Patagonia desde hace 50 millones de años

La vegetación es un elemento clave para entender los ecosistemas, pero son escasas las técnicas paleoecológicas para cuantificarla. Por eso, investigadores estadounidenses y argentinos pusieron su empeño en encontrar un método para medir la densidad de la vegetación. Y lo han conseguido a través del índice de área foliar o LIA, que  estima la superficie que ocupan las hojas de las plantas en relación con la superficie de terreno en el que se asientan, según explican en un artículo publicado en Science.

En “Linked canopy, climate, and faunal change in the Cenozoic of Patagonia”, los científicos comparan los registros de plantas fosilizadas de depósitos cerca de Río Chico (en Argentinza) que datan del Mioceno con la diversidad actual en los ecosistemas de Costa Rica, donde hay desde selva tupida (con un LAI muy elevado) hasta sabana (cuyo LAI es bajo).

Así, han estudiado las células fosilizadas (concretamente fitolitos), gracias a las cuales han podido determinar si las hojas estuvieron muy expuestas a la luz del sol o no, algo que depende de lo densa que sea la vegetación, tal y como ha explicado la Universidad de Washington (donde trabajan dos de los investigadores responsables del estudio).

densidad costa rica

Cobertura vegetal del Parque Nacional Santa Rosa (Costa Rica). Regan Dunn

La evolución que ha revelado este trabajo está muy relacionada con la historia del clima terrestre y marino que ya se conocía. Durante el Eoceno, hace alrededor de 49 millones de años, el clima terrestre fue más cálido y la Patagonia se cubrió de bosques densos que posteriormente se fueron abriendo. Así, hace 38 millones de años la zona se parecía mucho a la actual, con escasa vegetación, y en los siguientes 20 millones de años muestra numerosas fluctuaciones. Entre hace 16 y 14 millones de años, la Patagonia volvió a ser un gran bosque que nuevamente se fue abriendo en épocas posteriores, según informa la Agencia Iberoamericana para la Difusión de la Ciencia y la Tecnología.

La investigación relaciona estos datos con otros aspectos de la flora y la fauna y uno de los más curiosos tiene que ver con los animales herbívoros. En las zonas de escasa vegetación hay más erosión y más polvo transportado por el viento, lo que hace que los herbívoros estén en contacto con una mayor cantidad de minerales abrasivos que desgastan sus dientes.

Además, los científicos consideran que este método “completamente nuevo” podría aplicarse en muchos contextos distintos, en distintas escalas de tiempo y en diferentes geografías. Si sirviese para construir mapas sobre la vegetación que existía en la Tierra en el pasado, podría ser una herramienta de gran ayuda para comprender la relación entre el clima y la vegetación, lo cual a su vez sería de utilidad en el estudio de cambios climáticos futuros.

Este vídeo muestra cómo se elaboró el estudio:

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