Extraños gusanos desintegran valiosos fósiles desde hace 100 millones de años

Desde esta página hemos aludido en varias ocasiones a las distintas problemáticas que atacan al patrimonio paleontológico, casi todas ellas provocadas por seres humanos por acción directa deliberada, indirecta, o por omisión en la protección de los restos. Sin embargo, la propia naturaleza también tiene a sus “vándalos” que con su modo de vida destruyen los restos necesarios para estudiar el pasado.

Hace aproximadamente una década, los biólogos marinos descubrieron a los Osedax, unos gusanos que viven actualmente en las profundidades oceánicas y se alimentan de los huesos de ballenas muertas. Estos extraños animales no tienen ni boca ni aparato digestivo, por lo que para alimentarse secretan una sustancia ácida que disuelve la materia ósea y luego succionan las moléculas grasas que necesitan para vivir. Por estas extrañas características, se les ha apodado con el sobrenombre de “gusanos zombis”.

Ahora, un nuevo estudio publicado en la revista Biology Letter de la Royal Society, ha descubierto el rastro de estos carroñeros en fósiles de animales marinos de la era de los dinosaurios. El Dr. Nicholas Higgs, coautor del estudio e investigador en el Instituto Marino de la Universidad de Plymouth conjuntamente con su colega Silvia Danise, hicieron escáneres detallados en 3D para analizar la presencia del Osedax en restos fósiles y encontraron perforaciones indicativas de la presencia de estos gusanos en la aleta fosilizada de un plesiosaurio y la costilla y el caparazón de una antigua tortuga marina. Gracias a este estudio, podemos saber que los Osedax son una especie de gusano que lleva al menos cien millones de años royendo huesos, incluso fosilizados, dificultando la labor de los paleontólogos. Esto implica que estos carroñeros pueden haber ejercido influencia en cómo encontramos hoy los fósiles de estos animales marinos. “Osedax evitó que muchos esqueletos quedasen fosilizados, lo que podría haber obstaculizado nuestro total conocimiento de esos extintos leviatanes”, explica Higgs. “Nuestro descubrimiento muestra que estos gusanos comedores de huesos no han evolucionado junto a las ballenas, sino que antes ya devoraron los esqueletos de grandes reptiles marinos que dominaban los océanos en la era de los dinosaurios”, añade.

De este modo, la historia evolutiva de estos pequeños vándalos se reescribe, y se perfilan como animales que evolucionaron para alimentarse de los huesos de reptiles marinos muertos, después de la extinción de estos reptiles se nutrieron de cadáveres de tortugas, hasta que las ballenas emergieron 20 millones de años más tarde, y de ellas se alimentan actualmente. Las hendiduras que se encuentran hoy en los huesos de ballenas coinciden estrechamente con los dejados en los reptiles prehistóricos y no albergan duda sobre su larga andadura como desintegradores de huesos.

Antonio Gutierrez

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