El estudio de colágeno revela la evolución de los ungulados de Sudamérica

Una nueva investigación, publicada en Nature, destaca el potencial de la proteómica (estudio de la función y estructura de las proteínas) para mejorar enormemente nuestra comprensión de la historia de la vida en la Tierra. Así, a través del análisis de proteínas antiguas, el artículo revela la historia evolutiva de los ungulados nativos de Sudamérica o Meridiungulata.

A pesar de su reciente extinción, hace unos 12.000 años, sabemos muy poco acerca de la evolución de este grupo de mamíferos. En “Ancient proteins resolve the evolutionary history of Darwin’s South American ungulates”, el amplio grupo de expertos internacionales se ha centrado en el estudio de colágeno (una proteína del tejido conjuntivo) de Macrauchenia (una especie de tapir con cuello largo) y Toxodon (con cuerpo de rinoceronte y cabeza de hipopótamo).

Toxodon_platensis

Ilustración de Toxodon. Peter Schouten

El colágeno es una proteína muy duradera que, a veces, se puede recuperar mucho después de que el ADN se haya degradado. En zonas con climas cálidos, las moléculas de ADN se degradan más rápidamente, por lo que no tuvieron éxito las investigaciones previas de estas criaturas.

Charles Darwin decía que los ungulados de América del Sur estaban entre los animales más extraños jamas descubiertos. Su origen siempre ha sido tema de debate entre los científicos. Este nuevo estudio determina que Macrauchenia y Toxodon descienden de los Condylarthra (que dieron lugar a las distintas ramas de ungulados) y no de los Afrotheria como se había sugerido, un grupo de animales de origen africano que incluye a los elefantes y los cerdos hormigueros.

Para el estudio, los investigadores elaboraron un árbol genealógico del colágeno extrayendo secuencias de tapires, hipopótamos, caballos y demás grupos relacionados. Después, compararon este árbol con proteínas de colágeno secuenciadas de dos especímenes de Toxodon y dos Macrauchenia (procedentes de dos museos argentinos).

Por lo tanto, a veces no basta con observar los huesos fósiles ni extraer ADN para determinar los ancestros de la fauna actual y la extinta, sino que hay que indagar más allá, buscando entre los aminoácidos de las proteínas, como ha sido el caso en esta ocasión.

Estefanía Jiménez Solís

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