El ciervo del Mirón, clave para reconstruir el cambio climático

Las cuevas de Cantabria albergan en su interior numerosas pistas sobre cómo eran y se comportaban nuestros antepasados, pero han sido los restos de los animales que los habitantes de la cavidad cazaban y comían, los que han cobrado protagonismo en este nuevo estudio que ahora publica la prestigiosa revista Paleogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology.

Por primera vez en España, se realiza una investigación precisa sobre los cambios climáticos a partir de un yacimiento arqueológico prehistórico. Y ha sido la cueva del Mirón  en el valle del Asón (Cantabria) la que ha dado la clave para permitir este acercamiento fiel al pasado evolutivo de su paisaje. La cueva cántabra del Mirón constituye un “extraordinario” archivo de información sobre el pasado, como ha destacado la Universidad de Cantabria en un comunicado, y es por ello que ha permitido aportar datos para el conocimiento nuestros ancestros y ahora también, sobre su entorno y paisaje.

La investigación ha sido una colaboración entre Rhiannon Stevens (University College London), Xosé Hermoso-Buxán (Universidad de Cambridge) y tres prehistoriadores que trabajan en el Mirón: Manuel González Morales y Ana Belén Marín Arroyo (Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria), y Lawrence Straus (Universidad de New Mexico, E.E.U.U.), miembro asociado al IIIPC y codirector de las excavaciones.

Campaña tras campaña, se han ido catalogando y analizando los numerosos restos arqueológicos recuperados, y se han podido reconstruir más de 40.000 años de ocupación humana, remontándose hasta la presencia de los últimos neandertales y hasta los inicios de la Edad del Bronce, con ciervo altarmiraespecial densidad en el Magdaleniense inferior, un período en el que también con especial densidad, poblaciones humanas habitaron las cuevas de Altamira o El Castillo.

Los ciervos han sido claves en este estudio. Su dependencia de la vegetación local para subsistir se ha tenido en cuenta y se ha estudiado gracias a la huella que la alimentación deja en el tejido óseo de estos animales. Los científicos analizaron los isótopos estables de carbono y nitrógeno de los huesos, observando correlaciones entre las variaciones del carbono-13 y factores como los cambios de temperatura y la disponibilidad de agua en la zona. El ciclo del nitrógeno-15, por su parte, se relaciona con la regeneración biológica del suelo, que se ralentiza en los momentos fríos e influye en el desarrollo de la vegetación.

El estudio sitúa al yacimiento cántabro como punto clave para la reconstrucción del cambio climático del pasado no solo regional, sino también de Europa Occidental, al comparar los datos obtenidos en el Mirón con los de otros 300 ciervos de otras regiones de Europa. Gracias a él, se pueden conocer las variaciones geográficas en estos cambios, su ritmo y magnitud, proporcionando una visión global muy necesaria para la comprensión a gran escala de estos paisajes.

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