Sólo quedaría un año para devolver la vida a los dinosaurios

Desde Pangea estamos siguiendo con mucha atención todos los avances científicos que estudian  devolver la vida a los dinosaurios. Sabemos que existen laboratorios operando desde hace varios años en la consecución de este fin. Si bien es cierto, que obviamente no se puede recrear en tan poco tiempo un dinosaurio de la talla del gran Trex, si es cierto que estamos muy cerca de ver caminar a un pequeño dinosaurio carnívoro.

Fue Jack Horner, el aclamado paleontólogo que asesoró en las películas de Jurassic Park, quien, de forma optimista, sentenció en 2015 que en sólo 5 años podríamos ver dinosaurios correteando entre nosotros. Pues bien, a tan sólo un año de que esto supuestamente se produzca, analicemos cómo están los avances científicos.

INGENIERÍA GENÉTICA Y POLLOS

Una vez que se ha descartado la posibilidad de conseguir la cadena genética completa de un dinosaurio extinguido, pues su conservación es prácticamente imposible, la ingeniería genética se ha planteado un nuevo camino, y éste parte de los descendientes vivos de los dinosaurios.

“Las aves son dinosaurios, así que únicamente necesitamos modificarlos para que se parezcan más a un dinosaurio”. Con estas palabras, Jack Horner expuso el camino a seguir.

Como si de una película de ciencia ficción se tratara, los científicos han descubierto que se puede conseguir retroceder el tiempo genético de un animal. Alexander Vargas, doctor en morfología y con postgrado en Ecología y Evolución realizado en la Universidad de Yale (E.E.U.U.) está muy interesado en la evolución. Sus estudios se centran en la transición dinosaurio-ave, y en la actualidad se encuentra interviniendo embriones de aves actuales, fundamentalmente pollos, pero también reptiles como las lagartijas.

Todos los embriones tienen memoria genética, pero sólo desarrollan las características modernas, descartando las antiguas en distintas estapas de su desarrollo. Lo que la ciencia está haciendo es evitar que estas características modernas se desarrollen, y con ello, están viendo ante sus ojos, embriones de gallinas que no acortan su cola, sino que la mantienen larga, como la cola de sus ancestros, los dinosaurios bípedos carnívoros. Del mismo modo, se está interrumpiendo el desarrollo de tres dedos, de modo que los embriones de gallina mantienen dos dedos, como su ancestro el temible Tyrannosaurus rex. También se ha logrado alargar la fíbula hasta conseguir que llegue hasta el tobillo, como en los dinosaurios, y está en proceso lograr que se desarrollen los inquietantes colmillos por toda la mandíbula.

Pero estas intervenciones moleculares que generan híbridos cada vez más dinosaurianos, despiertan malestar, cuanto menos moral. ¿Acaso sus consecuencias no nos causan inquietud? Alexander Vargas sostiene que continúa con estos experimentos por la curiosidad, por el desafío de resolver problemas de ciencia pura de alto nivel y por la belleza del propio descubrimiento.

Si Jack Horner estaba en lo cierto, el año próximo veremos a un dinosaurio carnívoro artificial, que dirá mucho de los avances en ingeniería genética, pero al mismo tiempo, no debemos olvidar, que la vida se abre camino…

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