Descubrimientos de fósiles por paleontólogos improvisados

Mario Modesto Mata

Excavación de un yacimiento fósil

El anuncio de un nuevo descubrimiento del mundo prehistórico, un yacimiento fósil, siempre va acompañado por un equipo de investigadores que intentan dar cabida y razón de los ejemplares encontrados, sin embargo la persona que realiza el hallazgo no siempre es un paleontólogo.

A lo largo de la historia, desde principios del siglo XIX, los yacimientos fósiles han aparecido en distintos lugares del mundo, en ocasiones no en zonas tan remotas, lo cual permite que personas ajenas al mundo científico den con estas localizaciones sin saber a qué se enfrentan.

Uno de los primeros descubrimientos paleontológicos, el Mosasaurus (lagarto del río Mosa) hallado en torno a 1760, fue realizado por un grupo de campesinos que vivían en la localidad francesa. Del mismo modo ocurrió en Argentina a principios del 2013 cuando el dinosaurio más grande hasta ahora registrado en el mundo, un saurópodo aún no identificado, fue encontrado por un granjero en su propiedad.

Descubrimiento

A la izquierda: Descubrimiento de Mosasaurus en Francia, 1799. A la derecha: Dinosaurio más grande encontrado en Argentina, 2013

Es importante destacar que estas personas, al encontrarse con estas piezas milenarias, supieron ver su enorme valor e importancia científica, acudiendo directamente a expertos o representantes de la materia para que transportaran con seguridad y adiestramiento los fragmentos a sitios más seguros como museos o universidades.

Hoy en día aún se realizan descubrimientos de ésta manera, y es una forma viable y hasta productiva para avanzar en la paleontología, pero es primordial que exista una base cultural que inste a las personas a identificar y valorar lo que encuentran para no ignorarlo o dañarlo. En este sentido destacamos la necesidad de una mayor difusión y más fondos para llevar a cabo las investigaciones de estos restos.

Recientemente, en Bolivia, la erosión de la tierra dejó a la vista restos de incalculable valor pertenecientes a la era Cenozoica, donde se localizaron especies tan diversas como liptodontes, gonfotéridos (mastodontes o antecesores de los elefantes) y milodones (una especie de perezosos) además de todas las piezas que faltan por identificar. Lamentablemente, no existen paleontólogos en la zona, ni fondos adecuados para realizar profesionalmente la excavación del yacimiento.

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En el yacimiento, los fósiles están a disposición pública sin una debida seguridad

A pesar de la importancia del hallazgo, no hay protección estatal del lugar y cuando la persona a cargo de la seguridad (un profesor escolar de informática) debe retirarse, el yacimiento queda a disposición de niños curiosos, cazadores de fósiles y cualquier persona que sencillamente desee pasar por el sitio.

En estas zonas del este de Bolivia no hay políticas que protejan estas reservas fósiles, lo cual dificulta aún más el cuidado del sitio, sin embargo no toda latinoamérica se encuentra en esta situación.

En Venezuela es ilegal realizar cualquier tipo de búsqueda fósil sin permiso gubernamental, incluso los mismos paleontólogos deben pedir permiso al estado para realizar sus investigaciones en campo. De esta manera el país protege sus tesoros prehistóricos de ladrones que intentan vender importantes piezas del rompecabezas del mundo antiguo a museos.

Es necesario recordar que las únicas personas preparadas para mover los fósiles son los paleontólogos que utilizan técnicas muy cuidadosas para evitar el deterioro de la pieza o la fracturación de la misma mientras es trasladada a un sitio más seguro, ya que un fémur de más de 65 millones de años puede no ser precisamente férreo.

David Hernandez Leiva

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