¿POR QUÉ LA CLASIFICACIÓN TRADICIONAL DE LOS DINOSAURIOS PODRÍA DESAPARECER?

Olvida todo lo que has leído en los libros de paleontología o las enciclopedias. Los hallazgos demuestran que las aves proceden de dinosaurios terópodos, lo que obliga a reconfigurar todo cuanto se conocía.

Hasta hace pocos meses, los paleontólogos dividían a los dinosaurios en dos categorías: los saurisquios y los ornitisquios. Esta división se basaba en la clasificación que hizo Harry Govier Seeley en 1888,  clasificando a los dinosaurios según la estructura de su cadera.

Por un lado, un gran grupo de dinosaurios presentaba la forma de los huesos de su cadera similar a la de los lagartos. Dentro estaban dinosaurios hervíboros como los diplodocus o los brontosaurios y carnívoros como el tyrannosaurus rex o el velociraptor. Era el suborden de los Saurisquios.

Por el otro lado, el segundo gran grupo de dinosaurios presentaba una cadera con el pubis apuntando hacia atrás, como en las aves. Era un extenso grupo de dinosaurios herbívoros entre los que se encontraban los triceratops, los nodosaurios o los parasaurolopus. Era el suborden de los Ornistiquios.

Sin embargo, los numerosos hallazgos han ido demostrando que las aves surgieron del grupo de terópodos carnívoros con cadera similar a la de los lagartos y no de las aves, lo que implica un problema de contradicción. Apoyándose en numerosos estudios filogenéticos, Baron et al. crearon una clasificación nueva. Los dinosaurios se dividirían en dos categorías, pero éstas serían el grupo Saurisquios, en el que estarían sólo los sauropodomorfos, y el grupo Ornithoscelida, que incluiría a terópodos y ornitisquios. Este segundo grupo ya fue propuesto por Thomas Henry Huxley, quien defendía una clasificación alternativa, pero no logró imponerse a la tradicional de Seeley. ¿Podrá imponerse esta clasificación ahora? El debate ha quedado servido.

Baron, M.G., Norman, D.B., and Barrett, P.M. (2017). A new hypothesis of dinosaur relationships and early dinosaur evolution. Nature, 543: 501–506. doi 10.1038/nature21700

Se busca ayudante de investigación y contrato predoctoral

Acaban de publicar estas dos ofertas que permanecerán vigentes sólo hasta el día 20 de julio. Los interesados deberán contactar con José J. Martínez, del departamento de Geodinámica de la Facultad de Ciencias Geológicas, UCM. Este es el enlace a las dos ofertas, en dónde figura el mail de contacto: Universidad Complutense.

Requisitos mínimos para la candidatura a Ayudante de Investigación para labores de asistencia en trabajos de investigación en el Grupo de Tectónica Activa del Dpto. de Geodinámica de la UCM.:

‐ Licenciado o graduado en ciencias geológicas.
‐ Edad: menor de 25 años.
‐ Inscribirse en el fichero del Sistema Nacional de Garantía Juvenil del Ministerio de Empleo y Seguridad Social.

Requisitos para optar al Contrato Predoctoral para realizar tesis doctoral en el marco del proyecto INTERGEO: ANALISIS Y MONITOREO DEL COMPORTAMIENTO SISMOGENICO DE REGIONES INTER‐SEGMENTO EN FALLAS ACTIVAS DE DESGARRE: Estudio de las fallas de Alhama de Murcia, España y Zona de falla de El Salvador, Centroamérica. Ref: CGL2013‐47412‐C2‐1‐P.

– Graduado/Licenciado en Geológicas.
– Buen expediente académico.

 

Nuestro adiós a una gran dama de la paleontología: Zofia Kielan-Jaworowska

Hoy se cumplen 90 años del nacimiento de una gran polaca que permanecerá para siempre en nuestra memoria. Nos referimos a la pionera y gran enamorada de la ciencia, con cuyo ejemplo de vida se forjaron tantas vocaciones paleontológicas: Zofia Kielan-Jaworowska. Para todos aquellos que hoy quieran recordarla, y para quienes comiencen ahora a conocerla, debemos recorrer su larga y próspera vida en un corto espacio. Por eso os animamos a seguir el trabajo de esta notable polaca más allá de esta síntesis-homenaje, indagando en su vida y obra, llena de trabajos analíticos y descriptivos.

VALENTÍA DURANTE LA OCUPACIÓN NAZI

Nacida el 25 de abril de 1925, tuvo una infancia normal hasta que la irrupción de la póltica nazi cambió su vida. Con solo quince años, tomó un valiente camino siendo miembro activa de la Resistencia Polaca contra la barbarie nazi y sirviendo como médico a los heridos. La joven también comenzó a asistir a las conferencias que daba el paleontólogo Kozlowsky, gracias al cual fue guiada luego en sus primeros trabajos. Entró en la Facultad clandestina de Matemáticas y Ciencias Naturales de la Universidad de Varsovia, a pesar de estar prohibida la educación superior durante la ocupación, y terminó sus estudios, obteniendo el doctorado en Paleontología y Máster en Zoología por la Universidad de Varsovia, donde más tarde se d12c0bbc2a65378c61108e90b340f5bfconvirtió en profesora.

LAS EXPEDICIONES POLACAS A MONGOLIA (1963-1971)

Finalizada la guerra, y con el departamento de geología de la Universidad de Varsovia destruido, se encontró participando y pronto dirigiendo expediciones al Desierto del Gobi en Mongolia. De 1963 a 1971, estas famosas expediciones desenterraban un fósil tras otro, incluyendo dinosaurios de cuello largo, dinosaurios de pico de pato, dinosaurios tipo avestruz, tipo tiranosáurido y mamíferos del Cretácico y Terciario temprano. Sólo en 1965, su equipo envió más de 20 toneladas de fósiles de vuelta a Polonia, incluyendo los restos de un nuevo dinosaurio hasta ese momento desconocido, con una garra terrorífica, que luego se llamaría Deinocheirus (no dejéis de ver la reciente noticia sobre su verdadero aspecto). El mismo verano que su equipo encontró los Protoceratops y maniraptora, una tormenta de arena malhirió a Zofia y le perforó un tímpano. La investigadora regresó a Varsovia para la cirugía y sin reposo, volvió al Gobi y siguió trabajando.

Estas expediciones, han sido mundialmente reconocidas y se consideran las mayores expediciones paleontológicas en el mundo. No hay estudios sobre el terreno que hayan hecho una mayor contribución a los descubrimientos modernos, y la que mejor las representa es Zofia Kielan-Jaworowska.

Ella habría deseado comenzar estudiando aquellos vertebrados fósiles, pero las circunstancias le hicieron orientarse primero hacia los invertebrados. Los trilobites (del Devónico y Ordovícico en la Europa Central), luego graptolithes y finalmente los corales. Después de esto, se centró en lo recolectado en sus conocidas expediciones, y descubrió nuevas especies de dinosaurios, aves, tortugas, cocodrilos, lagartos y mamíferos multituberculados.  Kielan-Jaworowska terminó siendo una reconocida experta en mamíferos del mesozoico.

LOS MAMÍFEROS COEXISTIERON CON LOS DINOSAURIOS

Descubridora de la gran diversidad de los primitivos mamíferos de la era secundaria, debemos a ella el cambio de paradigma sobre el surgimiento de estos animales. Durante muchos años, los científicos creían que los primeros mamíferos placentarios (representados por el grupo al que pertenecen la gran mayoría de los mamíferos actuales, incluidos los seres humanos) aparecieron en la Tierra de repente, justo después de la extinción de los dinosaurios. El trabajo de Kielan-Jaworowski permitió confirmar que nuestros antepasados ​​vivieron al mismo tiempo que los grandes reptiles. La historia evolutiva de los mamíferos que vivieron a la sombra de los dinosaurios, un tema de rabiosa actualidad, no despertaba demasiado interés en comparación con la historia evolutiva de los mamíferos tras la extinción de los dinosaurios, cuando se produjo su apogeo y pasaron a ser el grupo dominante. zofiaSin embargo, esta gran investigadora logró captar atenciones hacia el amanecer del grupo y su extraordinaria obra “Mamíferos de la Edad de los Dinosaurios” fue premiada por la Fundación para la Ciencia de Polonia. Kielan-Jaworowski supo siempre poner en perspectiva las diferentes etapas de la emergencia de estos pequeños animales, que vivieron tanto tiempo al amparo de los dinosaurios y que poblaron con gran éxito todos los continentes.

Kielan-Jaworowska ha sido un ejemplo de perseverancia y ha sido la primera mujer en servir en el comité ejecutivo de la Unión Internacional de Ciencias Geológicas. Ha sido también miembro de la Academia Noruega de Ciencias y Letras y galardonada con la medalla Romer-Simpson. La paleontóloga, conocida por ser una gran escuchadora, se marchó el pasado marzo dejándonos para la posteridad su obra y esa sonrisa que escondía una vida de pasión y entrega.

 

El esqueleto del australopithecus Lucy no era del todo homínido

En el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York se ha descubierto un hecho sorprendente: el esqueleto de Lucy, la famosa hembra de Australopithecus afarensis hallada en Etiopía en 1974, con una antigüedad de 3.200.000 años, presentaba una importante incoherencia hasta ahora no descubierta.
Los paleoantropólogos Gary Sawyer y Mike Smith, con la ayuda de Scott Williams de la Universidad de Nueva York, han estado trabajando en una nueva reconstrucción del esqueleto más famoso del inicio de la historia del ser humano, y entre las decenas de fragmentos fósiles, uno les llamó la atención. “Mike señaló que uno de los fragmentos, al que nadie había prestado mucha atención, parecía bastante pequeño como para coincidir con el resto de la columna vertebral de Lucy”, ha apuntado Williams. Se trata de una vértebra demasiado pequeña. Ante esta anomalía, los expertos buscaron la explicación en que podría pertenecer un segundo miembro juvenil de la misma especie. Sin embargo, tras un estudio comparativo con otros especímenes, no parecía coincidir.
Siguiendo una corazonada, agregaron al análisis comparativo vértebras de otros animales conocidos que vivían en la región de Hadar en el mismo período, como puercoespines y cerdos. Tal vez la rara anatomía del hueso se debiese a que fuese un hueso “intrusto” de otra especie, mezclado con Lucy. Los resultados mostraron, sorprendentemente, que el fragmento coincidía completamente con un hueso de babuíno, tanto en forma como en tamaño. “Parece que una vértebra torácica de babuino se ha mezclado con los restos de Lucy”, concluyó Williams.

El análisis de los huesos de una de las más importantes representantes de nuestro pasado evolutivo, se presentará en una reunión de la Sociedad Paleoantropología en San Francisco, conjuntamente con esta nueva y sorprendente interpretación. “Dado que los huesos rotos son siempre un problema y la mayoría de nosotros no somos especialistas vertebrales, no sería inusual haber cometido un pequeño error”, ha señalado Williams a “New Scientist”.

También se ha pronunciado al respecto la propia Lucy en su cuenta de Twitter: “Lo estoy superando aunque al principio no me lo tomé bien” señala, y aclara: “a ver, el hueso atribuido a un babuino es una vértebra, los otros son míos, míos”.

Explorarán el cráter del meteorito que “acabó” con los dinosaurios

Hace unos 66 millones de años, un meteorito de más de diez kilómetros de diámetro cayó sobre la Tierra y desencadenó un cataclismo que terminó con infinidad de organismos vivos, entre ellos todas las familias de dinosaurios no aviares, que desaparecieron para siempre. Toneladas de fragmentos de roca fueron proyectados hacia la atmósfera para regresar generando un pulso térmico que elevó las temperaturas de la superficie terrestre hasta los 500 grados. Al mismo tiempo, una nube de polvo cubrió el globo terrestre y boqueó la luz del sol, cortando la fotosíntesis. Así describe el  geofísico mexicano Jaime Urrutia Fucugauchi las consecuencias del impacto del meteorito sobre Yucatán hace unos 66 millones de años, cuando se estaba formando el golfo de México y el Caribe.

Urrutia, investigador de la Universidad Nacional (UNAM), es uno de los directores del Proyecto Científico de Perforación del Cráter Chicxulub, un proyecto internacional y multidisciplinar que tratará de perforar el lecho marino hasta un kilómetro de profundidad para alcanzar el cráter sumergido, permitiendo ahondar en el conocimiento de aquel fenómeno clave. La fecha prevista para el comienzo de esta magna empresa que cuenta con una financiación de 10 millones de dólares, es la primavera de 2016, y se espera que los trabajos de campo se extiendan durante al menos dos meses.

El cráter alberga las claves para conocer detalles del impacto, por ejemplo la velocidad a la que la gran masa cósmica chocó con la Tierra y el efecto que tuvo en el clima y en la vida terrestre. También permitirá conocer cómo se forma un cráter de anillos concéntricos, una estructura que es habitual en la Luna y en Marte, pero única en la Tierra. Y por último, ayudará a conocer cómo se pudo ir restableciendo la vida tras su impacto, y cómo funcionaron los cambios climáticos en el tiempo, incluyendo la bajada de temperaturas que creó los casquetes polares.

Hitos de la ciencia: Stensen y los dientes de tiburón

En la costa italiana de Livorno durante el S. XVII dos pescadores lograron capturar un tiburón gigante. El extraordinario ejemplar no sirvió para el alimento pues, a juicio del duque de la ciudad, debía ser enviado a algún anatomista para examinarlo. En aquél entonces la ciencia anatómica estaba en auge y era muy prestigiosa, y en Florencia existía un grupo de científicos protegidos por Fernando II de Medici que trabajaban con cadáveres humanos y animales, y asombraban al mundo con nuevos descubrimientos sobre el funcionamiento del cuerpo. Fue uno de ellos, el médico y anatomista danés Niels Stensen, quien trabajó con el escualo de Livorno.

En el mes de octubre de 1666, durante la disección, fue cuando cambió la historia. Stensen descubrió que era cierta la afirmación del médico Rondelet que escribió que los dientes de tiburones gigantes eran iguales a unas rocas triangulares que se habían ido encontrando desde la antigüedad y que se denominaban  “lenguas de piedra”. Stensen conocía esas piedras muy bien, pues su tutor Bartholin, tenía una buena colección que había recolectado en Malta.

Stensen observó detenidamente los dientes del tiburón y las rocas y se enfrentó a importantes preguntas. Si aquello era un diente ¿Cómo se convertía la materia orgánica en piedra? ¿Cómo esa piedra podía quedar encajada en las rocas? ¿Qué proceso la había llevado a coronar una montaña y no permanecer sobre un fondo marino? Entonces surgió la necesidad de comprender la erosión y el proceso de fosilización para dar respuesta a aquellas incipientes cuestiones. Pero, Stensen, un hombre profundamente religioso que terminó sus días como obispo misionero, no podía contradecir las escrituras que explicaban que el mundo había permanecido inalterable desde su Creación, hacía unos 4.000 años. Además, era impensable imaginar que en ese corto espacio de tiempo, unas rocas encontradas muy por encima del nivel del mar y alejadas de la costa pudieran haber formado parte de organismos orgánicos marinos. Lo admitido era suponer que los caprichos de la naturaleza habían creado esas rocas de formas extrañas. Stensen se enfrentaba a un problema de difícil entendimiento.

Stenoshark

Dedicó parte de su tiempo en buscar estratos con lo que hoy sabemos que son fósiles y finalmente asumió la evidencia que tenía ante sí para pronunciar ante el mundo que las famosas “lenguas de piedra” eran en realidad dientes de tiburones del pasado. “Aquellos que adoptan la posición de que las glossopetrae son dientes de tiburón petrificados, pueden estar no lejos de la verdad”.  En la ilustración, la comparativa hecha por Stensen en 1667.

Pero todavía era necesario explicar cómo se habían transformado de aquella manera y cómo se habían incrustado en la roca. Tuvo que elaborar una teoría que sería la base del entendimiento de la fosilización: los restos del organismo se van sustituyendo por minerales y esto permite que la forma anatómica se  mantenga en el tiempo. Lo que hoy llamaríamos moléculas era llamado por los naturalistas de aquél entonces como “corpúsuclos”. Así pues, Stenson argumentó que los corpúsculos diminutos que componían la materia se sustituían gradualmente por corpúsculos minerales en un proceso largo en el tiempo, y que las rocas sobre las que se posaban no eran sólidas tampoco hasta mucho tiempo después. De este modo, terminaban formando parte las unas con las otras del mismo espacio.

Stensen se pronunciaba con cuidado, evitando enemistades, pero defendiendo lo que había descubierto. “Si alguien pudiera creer que partes del suelo de aquellos lugares en los que dichos fósiles han sido excavados, han cambiado su situación en algún momento, no se le puede imputar que piense algo contrario a la razón y la experiencia”.

Stensen se convirtió en el padre de la Geología.

Para saber más: Leer en las rocas con Nicolás Steno, de Leandro Sequeiros San Román.

Descubrimientos de fósiles por paleontólogos improvisados

Mario Modesto Mata

Excavación de un yacimiento fósil

El anuncio de un nuevo descubrimiento del mundo prehistórico, un yacimiento fósil, siempre va acompañado por un equipo de investigadores que intentan dar cabida y razón de los ejemplares encontrados, sin embargo la persona que realiza el hallazgo no siempre es un paleontólogo.

A lo largo de la historia, desde principios del siglo XIX, los yacimientos fósiles han aparecido en distintos lugares del mundo, en ocasiones no en zonas tan remotas, lo cual permite que personas ajenas al mundo científico den con estas localizaciones sin saber a qué se enfrentan.

Uno de los primeros descubrimientos paleontológicos, el Mosasaurus (lagarto del río Mosa) hallado en torno a 1760, fue realizado por un grupo de campesinos que vivían en la localidad francesa. Del mismo modo ocurrió en Argentina a principios del 2013 cuando el dinosaurio más grande hasta ahora registrado en el mundo, un saurópodo aún no identificado, fue encontrado por un granjero en su propiedad.

Descubrimiento

A la izquierda: Descubrimiento de Mosasaurus en Francia, 1799. A la derecha: Dinosaurio más grande encontrado en Argentina, 2013

Es importante destacar que estas personas, al encontrarse con estas piezas milenarias, supieron ver su enorme valor e importancia científica, acudiendo directamente a expertos o representantes de la materia para que transportaran con seguridad y adiestramiento los fragmentos a sitios más seguros como museos o universidades.

Hoy en día aún se realizan descubrimientos de ésta manera, y es una forma viable y hasta productiva para avanzar en la paleontología, pero es primordial que exista una base cultural que inste a las personas a identificar y valorar lo que encuentran para no ignorarlo o dañarlo. En este sentido destacamos la necesidad de una mayor difusión y más fondos para llevar a cabo las investigaciones de estos restos.

Recientemente, en Bolivia, la erosión de la tierra dejó a la vista restos de incalculable valor pertenecientes a la era Cenozoica, donde se localizaron especies tan diversas como liptodontes, gonfotéridos (mastodontes o antecesores de los elefantes) y milodones (una especie de perezosos) además de todas las piezas que faltan por identificar. Lamentablemente, no existen paleontólogos en la zona, ni fondos adecuados para realizar profesionalmente la excavación del yacimiento.

Bolivia2

En el yacimiento, los fósiles están a disposición pública sin una debida seguridad

A pesar de la importancia del hallazgo, no hay protección estatal del lugar y cuando la persona a cargo de la seguridad (un profesor escolar de informática) debe retirarse, el yacimiento queda a disposición de niños curiosos, cazadores de fósiles y cualquier persona que sencillamente desee pasar por el sitio.

En estas zonas del este de Bolivia no hay políticas que protejan estas reservas fósiles, lo cual dificulta aún más el cuidado del sitio, sin embargo no toda latinoamérica se encuentra en esta situación.

En Venezuela es ilegal realizar cualquier tipo de búsqueda fósil sin permiso gubernamental, incluso los mismos paleontólogos deben pedir permiso al estado para realizar sus investigaciones en campo. De esta manera el país protege sus tesoros prehistóricos de ladrones que intentan vender importantes piezas del rompecabezas del mundo antiguo a museos.

Es necesario recordar que las únicas personas preparadas para mover los fósiles son los paleontólogos que utilizan técnicas muy cuidadosas para evitar el deterioro de la pieza o la fracturación de la misma mientras es trasladada a un sitio más seguro, ya que un fémur de más de 65 millones de años puede no ser precisamente férreo.

El primer dinosaurio venezolano, Laquintasaura venezuelae.

Cerca de 1990, un grupo de científicos franceses se encontraban realizando un recorrido por los andes venezolanos en busca de cualquier posibilidad de descubrimiento, sin tener idea que encontrarían restos importantes del pasado prehistórico del país.

Los científicos ubicaron una estructura rocosa donde podían visualizar diferentes eras geológicas, estos sitios son conocidos como formaciones y su composición química es muy similar por haberse generado en un mismo tiempo geológico. Hoy en día éste lugar se conoce como Formación La Quinta y se encuentra ubicado cerca de la ciudad la Grita en el estado andino de Táchira.

Sabiendo que estos sedimentos son idóneos para la formación de fósiles, el equipo francés decidió realizar una búsqueda un poco más exhaustiva, lo que resultó en la recuperación de un número considerable de restos fósiles, los cuales reposan actualmente en el Museo de Historia Natural de París, Francia.

Luego de realizarse la publicación del hallazgo, un equipo de científicos venezolanos encabezados por el geólogo John Moody, leyeron sobre aquél descubrimiento y decidieron adentrarse en el corazón del Táchira a buscar lo que pudo haber dejado el grupo Europeo. Una vez en el lugar los investigadores realizaron los estudios correspondientes antes de empezar las excavaciones que resultaron en una gran variedad de fósiles: Buena cantidad de caracoles, corteza de árboles, restos diminutos de mamíferos y lo más impresionante: fósiles de un dinosaurio herbívoro, el primer dinosaurio venezolano. Posteriormente estas piezas se le atribuyeron a un pequeño dinosaurio, Lesothosaurus sp, perteneciente a África del Norte, sin embargo en agosto de 2014 se oficializó una nueva clasificación para el ejemplar, se trata de una especie totalmente nueva, Laquintasaura venezuelae.

LAQUINTASAURA VENEZUELAE

Este primer dinosaurio venezolano tiene una datación de alrededor de 190 a 220 millones de años atrás. Lo que en aquel momento pudo ser un mar de diferentes formas, tamaños, sonidos y peligros, hoy en día solo queda en las rocas.

El pequeño organismo medía cerca de 60cm de alto, tenía una complexión ligera, ágil y rápida, lo que le permitía huir con rapidez de sus depredadores. Pertenece al orden Ornitischia, (dinosaurios con cadera de ave), y es uno de los organismos más antiguos encontrados de éste orden.

De los fósiles de este animal recuperados en La Formación La Quinta, se pueden obtener varios datos de enorme interés paleontológico. Los dientes poseen distintas formas y tamaños; su posición en la mandíbula y morfología responde, en los dinosaurios, a la necesidad y especialidad del animal para su alimentación. Los dientes son de dos tipos: uno más alargados, aserrados para la extracción de las hojas de plantas, y unos más cortos, planos, para el rompimiento y masticación de este material alimentario.

Estudios recientes en Biología Comparativa con dientes semejantes a los de Laquintasaura y algunos reptiles vivos de hoy en día, confirman cierto parecido morfológico, pudiendo contemplar entonces más una dieta omnívora (es decir, que consumía plantas y animales, como los humanos) que una herbívora, lo cual encajaría en el hábitat que pudo albergar a este pequeño dinosaurio

Los huesos de las vértebras, los restos de la pelvis y la tibia, se encontraron muy esparcidos en el lugar y desde un principio se sospechó la posibilidad de estar frente a una manada de estos animales. El pasado agosto de 2014 se confirmó que se trataba de 4 ejemplares de la misma especie, lo que ratifica la formación familiar que poseían estos pequeños animales prehistóricos.

Aunque su tamaño no es de impresionar, ni sus hábitos alimenticios ni de comportamiento, los descendientes de Laquintasaura son los que en verdad dejaron una enorme huella en la Historia de la paleontología. Ya que dio origen en los millones de años siguientes, a especies tan grandes y diferentes como Stegosaurus, Ankylosaurus y Pachycephalosaurus. Al ser un organismo basal, es capaz de otorgar muchísima información a la formación del rompecabezas prehistórico que forma la evolución de la vida en la tierra.

Además de éstos datos, también en el sitio de excavación se encontraron dientes y restos de un dinosaurio carnívoro, presumiblemente el depredador de Laquintasaura, en otrora un enorme peligro, ahora ha quedado reducido a fósiles.

UNA ZONA SEMIÁRIDA

El hábitat, como sugiere el registro fósil, se trataba de una zona semiárida, muy diferente al paisaje que se ve hoy día en los andes venezolanos. Los climas semiáridos presentan pocas lluvias anuales, y están compuestos en su mayoría por enormes estepas con espacios intermitentes entre vegetación y espacios áridos. Con el paso de los millones de años, ésta región se erosionó dando origen a las montañas que se ven en el presente en ésta región del país.