Extraño gusano de 500 millones de años atrapaba a sus presas con las espinas de su cabeza

Capinatator praetermissus es el nombre de esta nueva criatura prehistórica hallada por un grupo de científicos de la Universidad de Toronto y del Museo Real de Ontario de Canadá. Vivía en el fondo del océano y se ha identificado como un antecesor de algunos carnívoros marinos nadadores, los que están dentro del grupo de quetognatos o “gusanos flecha” que abundan hoy en día en los océanos formando parte del plancton.

Este ser primitivo, de 500 millones de años de antigüedad, tan solo medía unos 10 centímetros de largo, siendo esto un tamaño considerablemente grande para su grupo. Lo que lo convertía en temible depredador para criaturas de similar tamaño que él, eran sus 25 espinas desplegadas a cada lado de su cabeza. Con ellas atrapaba a sus presas mientras nadaba, aprisionándolas de un modo similar a como lo hacen hoy algunas plantas carnívoras.

El equipo que ha identificado esta criatura se ha basado en el estudio de restos fósiles de 50 especímenes del yacimiento paleontológico de Burgess Shale en la Columbia Británica. Para mayor información, os dejamos el link al texto publicado en la Universidad de Toronto.

gusano capinatator pangea

 

 

Hallan esqueletos complejos en animales de hace 550 millones de años

Poco a poco, vamos conociendo más sobre los organismos del período Ediacárico. Fueron animales de cuerpo blando (cuyo grado de conservación es sorprendente) que vivieron hace 635–541 millones de años. No obstante, un grupo de científicos de la Universidad de Edimburgo y la Universidad Estatal de Moscú han encontrado evidencias de esqueletos complejos en animales que habitaron hace 550 millones de años.

Hasta ahora, la evidencia más antigua de animales complejos (descendientes de formas parecidas a esponjas o corales) procedía de fósiles del período Cámbrico, el cual empezó hace unos 541 millones de años. La comunidad científica sospechaba que los animales complejos más primitivos existieron antes de esa época, pero no habían hallado pruebas.

Según informa la Universidad de Edimburgo, los investigadores han estudiado fósiles de Namacalathus hermanastes hallados en Namibia. En ellos, han detectado un esqueleto rígido hecho de carbonato cálcico (el material de las conchas de animales marinos). Así, la especie sería afín al grupo Lophotrochozoa, concretamente a Brachiopoda (animales con dos valvas, no bilaterales) y Bryozoa (coloniales, con tentáculos para atrapar su comida).

Se puede consultar el estudio al completo en Proceedings of the Royal Society B, publicado con el nombre de “Ediacaran skeletal metazoan interpreted as a lophophorate”.

Hallan una “guardería” de celacantos fósiles en Sudáfrica

Hace 360 millones de años (finales del periodo Devónico), en la zona que hoy ocupa Grahamstown (Sudáfrica), había un estuario lleno de jóvenes celacantos. La bahía de aguas poco profundas servía de “guardería” para los alevines de Serenichthys kowiensis, una nueva especie de celacanto que han descrito los investigadores Robert W. Gess  y Michael I. Coates, de la Universidad del Witwatersrand (Sudáfrica) y Chicago (EE.UU.) respectivamente.

En el yacimiento se descubrieron más de 30 especímenes de este nuevo pez extinto. Sorprendentemente, todos los fósiles, de peces completos, representan alevines. En la actualidad, es habitual hallar lugares con gran concentración de peces jóvenes, a modo de vivero. El enclave estudiado por la pareja de investigadores se ha convertido en la “guardería” más antigua hasta la fecha, ya que, previamente, se tenía constancia de otra de hace 300 millones de años en un yacimiento del Carbonífero en Mazon Creek (Illinois, EE.UU.).

Las conclusiones se desarrollan en el estudio “Fossil juvenile coelacanths from the Devonian of South Africa shed light on the order of character acquisition in actinistians”, publicado hace unos días en Zoological Journal of the Linnean Society.

El nombre de Serenichthys kowiensis viene del río Kowie, cercano al yacimiento, y de Serena Gess, quien cedió los terrenos para almacenar las más de 70 toneladas de roca de pizarra que se extrajeron del yacimiento para poder realizar la investigación de los fósiles.

 

El esmalte dental proviene de la piel de los peces primitivos

Asumimos que el esmalte cubre nuestros dientes, pero no nos paramos a pensar cómo ha evolucionado este duro tejido. Esta es la cuestión que ha abordado un grupo de investigadores de la Universidad de Uppsala (Suecia) y el Instituto de Paleontología Vertebrada y Paleoantropología de Pekín. Su conclusión es que el esmalte se originó en la piel y se desarrolló en los dientes mucho más tarde.

El esmalte es la sustancia más dura producida por el organismo. Los tiburones presentan dentículos sobre su cuerpo, unas estructuras similares a los dientes y que sustituyen a las escamas. La capa más externa del dentículo está formada por vitrodentina, un material semejante al esmalte dental. Por este ejemplo y otros que encontramos en la naturaleza, los expertos siempre han creído que los dientes pudieron evolucionar a partir de estos dentículos dérmicos. Pero no se sabía con seguridad si el esmalte surgió primero en la piel, en la boca o en ambas partes a la vez.

Combinando los datos paleontológicos y genómicos de dos peces fósiles de más de 400 millones de años de antigüedad (Psaroepis romeri, de China, y Andreolepis, de Suecia), los investigadores determinan que el esmalte se originó en la piel, donde se denomina ganoína. En el pez Psaroepis, las escamas y los dentículos de la cabeza están cubiertos con esmalte; en Andreolepis, sólo las escamas llevan esmalte. Ninguno de los fósiles tenía esmalte en los dientes, según ha informado la Universidad de Uppsala. En su lugar, presentaban dentina, el tejido que actualmente está justo debajo del esmalte dental.

El análisis se ha publicado esta semana en el medio especializado Nature, bajo el nombre “New genomic and fossil data illuminate the origin of enamel”.

El fin de la era de los dinosaurios y la eclosión de los peces modernos

La extinción masiva del Cretácico-Terciario estuvo provocada por el impacto de un asteroide en la península de Yucatán hace unos 66 millones de años. El hecho catastrófico terminó con la vida de muchas especies terrestres, entre ellas, la mayoría de los dinosaurios. En el mar terminó con los ammonites, los reptiles acuáticos y otros grupos, pero parece que los peces de estructura moderna vivieron una eclosión sin precedentes.

Así lo afirman los paleobiólogos Elizabeth Sibert y Richard Norris, de la Institución Oceanográfica Scripps, que han analizado los dientes microscópicos de los peces que se encuentran en los núcleos de sedimentos alrededor del mundo y han determinado que la cantidad de dientes de peces con aletas radiadas, que hoy suponen el 99% de especies de peces en el mundo, comenzó a eclosionar entre las secuelas de mortandad masiva.

La relación de los peces con aletas radiadas respecto a los de dientes y escamas aumentó de forma gradual, duplicándose primero y multiplicándose hasta ocho veces en los 24 millones de años posteriores al impacto. Para el estudio ha sido clave comparar estos resultados con los del análisis de dientes fosilizados de tiburón, pues los investigadores encontraron evidencias de que el número de tiburones se mantuvo antes y después del evento de extinción, mientras se multiplicaba el de peces con aletas radiales.

“Lo que hemos encontrado es que cuando el asteroide golpeó, se revirtió completamente cómo funcionaban los océanos. La extinción cambió quiénes eran los actores principales” dijo Sibert en declaraciones que recoge Europa Press. Aunque se conocía que la diversificación principal de los peces con aletas radiadas había sucedido generalmente hace entre 100 millones y 50 millones de años, nunca había sido asociada a un evento en particular.

 

Zaragoza recibe a uno de los trilobites más antiguos del mundo… que nadó por Salamanca hace 520 M.a

Hace 520 millones de años, un pequeño trilobite habitaba en un mar que hoy ocupa el paraje salmantino de La Rinconada de la Sierra (en el Parque Natural de Las Batuecas). En la actualidad, su fósil, de unos pocos milímetros de tamaño, se encuentra en el Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de Zaragoza y podría tratarse del fósil de trilobite más antiguo del mundo. Se trata del Lunagraulos tamamensis.

Eladio Liñán (Universidad de Zaragoza), José Antonio Gámez (Universidad Tecnológica Petronas) y Rodolfo Gozalo (Universidad de Valencia) publicaron un avance de las conclusiones de su análisis en Geological Magazine bajo el título “The middle lower Cambrian (Ovetian) Lunagraulos n. gen. from Spain and the oldest trilobite records”.

El hallazgo del Lunagraulos tamamensis se produjo recientemente durante una investigación sobre los límites del período Cámbrico inferior llevada a cabo por la UNESCO. En su artículo, los descubridores del nuevo fósil explican que los primeros trilobites seguramente vivieron en ambientes marinos con una energía alta, por lo que no es sencillo encontrarlos preservados.

Ahora toca comparar a Lunagraulos con otros fósiles e icnofósiles (rastros dejados) encontrados en España para poder proponer una correlación intercontinental. Hasta la fecha, se habían hallado trilobites de una antigüedad similar en Marruecos, Siberia o la frontera entre México y Estados Unidos.

Hallada la cabeza del mayor enigma de la evolución

Durante el período Cámbrico, hace aproximadamente entre 541 y 485 millones de años, se produjo la primera gran explosión de vida en la Tierra. En aquél entonces proliferaron los organismos marinos, y entre ellos, el más maravilloso fue un ancestro de los actuales gusanos de terciopelo, llamado Hallucigenia, o “alucinación”, pues los paleontólogos no daban crédito a lo que veían.

Este pequeño fósil fue descubierto en 1909 en el yacimiento de Burgess Shale, al suroeste de Canadá. Su extraña morfología y la ausencia de la cabeza provocaron un error en su reconstrucción y hasta ahora se había mostrado al mundo del revés, con la cabeza en la dirección equivocada, las espinas hacia abajo y unas extrañas hileras dorsales en el lomo, que han resultado ahora ser las patas.

Hallucigenia

Han sido Martin Smith, de la Universidad de Cambridge, y Jean-Bernard Caron, del Museo Real de Ontario, quienes han presentado hace unos días en la revista Nature su reinterpretación del animal gracias al hallazgo de su cabeza.

Hallucigenia tenía una cabeza alargada con un par de ojos dorsales. Presentaba también elementos circumorales y dientes en la faringe, o extremo anterior de su tubo digestivo, característica que le ubica definitivamente como un lobópodo del Cámbrico, resultando estar próximo al muy buscado ancestro de todos los ecdisozoos (insectos, arácnidos, crustáceos, gusanos nematodos y otros). Con ello, la historia paleontológica de Hallucigenia está íntimamente ligada a uno de los mayores enigmas de la teoría de la evolución, como suele suceder con los fósiles del Cámbrico, que son esenciales para entender no sólo el origen de los animales, sino también su evolución inicial, su diversificación y sus asombrosas innovaciones.

Congreso Internacional de Paleontología

Nuestro país es un referente a nivel mundial en el estudio de equinodermos, y ahora acoge por vez primera el Congreso PEP15 Progress in Echinoderm Palaeobiology (Avances en la Paleobiología de los Equinodermos).

Este evento internacional, que sin duda ayudará a dar a conocer mejor la riqueza de nuestro patrimonio, mostrará los avances científicos logrados con respecto a estos organismos marinos tan importantes que iniciaron su andadura hace nada menos que unos 500 millones de años atrás.

El evento, organizado por el Instituto Geológico y Minero de España y la Universidad de Zaragoza, acoge a 60 investigadores, muchos de ellos procedentes de centros de referencia a nivel mundial y cuenta con 12 nacionalidades incluyendo USA, Reino Unido, Japón, Francia o Rusia. Más de 40 trabajos de temáticas muy variadas serán expuestos durante el Congreso, incluyendo información sobre las nuevas tecnologías para la visualización de los fósiles.

El programa se inaugura el próximo lunes 15 de junio a las 12:30 horas en el Salón de Actos del edificio de Geológicas de la Facultad de Ciencias (Universidad de Zaragoza, Campus Plaza San Francisco) y consta de sesiones científicas en la Universidad de Zaragoza los días 15 y 16 de Junio y una excursión científica que recorrerá la geología de los terrenos más antiguos del norte de España, en yacimientos de Zaragoza, Teruel, León y Asturias los días 17 a 21 de Junio. Más información aquí.

Nuevo reptil marino de 130 millones de años

Nuevo hallazgo fortuito tiene un final prometedor para la conservación del patrimonio. En este caso, ha sido en Villa de Leyva, en la zona de El Roble, Colombia. El hallazgo se produjo cuando se cavaba en una carretera en la finca Los Morros. Los dueños de la finca avisaron a las autoridades, quienes, en esta región tienen convenio de colaboración con El Centro de Investigaciones Paleontológicas (CIP) y éstas han comenzado los trabajos de estudio del ejemplar, que se encuentra en un estado delicado debido a que estuvo mucho tiempo a la intemperie.

A falta de las conclusiones, que llegarán en dos o tres años, se puede adelantar que los fósiles pertenecen a un reptil marino de la familia de los ictiosaurios. El animal, un reptil similar a los delfines actuales, habitó el lugar cuando éste estaba sumergido en aguas durante el período Cretácico, y mide aproximadamente 4,50 metros de largo. Su cráneo, de una envergadura de 1,50 metros, presenta características morfológicas antes nunca vistas.

La directora del CIP, Mary Luz Parra Ruge ha señalado que el animal será trasladado al Centro de Investigaciones Paleontológicas donde será preparado, protegido y estudiado. El Centro es uno de los más importantes de Sur América en colecciones de reptiles marinos, y cuenta con el laboratorio más importante de preparación de fósiles vertebrados.

El CIP lleva años tomando acciones para rescatar el patrimonio paleontológico de la región. Por esta razón, ha celebrado el convenio firmado con la Alcaldía Municipal que ha permitido la excavación que ahora trae este nuevo hallazgo. En este caso, tanto las autoridades como los dueños de la finca han colaborado en el rescate paleontológico apoyándolo económicamente y ayudando así a concienciar sobre la importancia de preservar el patrimonio de manera que se incentive y culturice a los ciudadanos.

 

 

 

Un fósil de ballena de 17 millones de años arroja luz sobre la elevación de África oriental

Cada registro fósil cuenta, nos da pistas para recomponer el rompecabezas de la evolución en la Tierra. Ahora, un fósil de ballena encontrado en Kenia permite acotar el inicio de la elevación tectónica de África oriental.

Los científicos llevan décadas dándole vueltas al asunto, ya que el clima se volvió más seco a medida que esa parte del continente se levantaba, lo que contribuyó (durante millones de años) a que los bosques dieran paso a praderas donde los primates comenzaron a caminar erguidos. Y eso es un paso clave en la evolución humana, tal y como explica el paleontólogo Louis L. Jacobs,  de la Universidad Southern Methodist (EE.UU.).

En el estudio “A 17-My-old whale constrains onset of uplift and climate change in east Africa”, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, los investigadores analizan el fósil, que fue descubierto 740 kilómetros tierra adentro de la costa actual del océano Índico y a 620 metros de altura, en una región desértica de Kenia. La muestra pertenece a la especie Turkana ziphiid, que habitaba en mar abierto hace 17 millones de años. La mayoría de fósiles de ballenas se encuentran en rocas marinas, pero este ejemplar se halló en sedimentos fluviales.

Según un comunicado de la Universidad Southern Methodist, la ballena nadó lejos de la costa, quizás desorientada, hasta un río con un gradiente bajo que oscilaba entre 24 y 37 metros, a lo largo de más de 600 a 900 kilómetros. En aquellos momentos, el este de África estaba al nivel del mar y estaba repleto de selvas y bosques.

Como curiosidad, el fósil fue hallado en 1964 y durante 30 años estuvo perdido en almacenes. El paleontólogo Louis L. Jacobs lo encontró en la Universidad de Harvard y lo devolvió al National Museums of Kenya.