El cerebro fosilizado de hace 500 millones de años

Groenlandia. Período Cámbrico. Un habitante de los océanos llamado ‘Kerygmachela‘ respira por última vez. 500 millones de años después, un equipo científico ha localizado su cerebro, un órgano diminuto con terminaciones nerviosas hacia los ojos y apéndices frontales.

Poco se conoce de los seres vivos en el inicio de su andadura por el planeta. Los océanos comenzaban a llenarse y diversificarse. Y parece que desde el comienzo habían desarrollado rápidamente muchos de los órganos que hoy tienen los animales vivos.  Kerygmachela es un ejemplo más de un ser complejo primitivo.

El animal contaba con 11 pares de aletas y una larga espina trasera. Su cabeza, redondeada, estaba situada entre los apéndices frontales. Dentro, poseía un diminuto cerebro aparentemente simple, pero con interesantes terminaciones nerviosas. Así lo atestigua el estudio publicado en  Nature Communications  que describe 15 fósiles procedentes del yacimiento cámbrico de Sirius Passet.

Gracias a la increíble conservacaión de los fósiles analizados, el equipo ha podido concluir que estos animales ya poseían la parte principal del cerebro tripartito de los artrópodos vivientes. Jakob Vinther de la Universidad de Bristol y uno de los investigadores del estudio, destaca la función de las terminaciones nerviosas hacia los ojos del animal prehistórico, y plantea la posibilidad de que los ojos complejos evolucionaran a partir de los ojos simples u ocelos presentes en los onicóforos y en los tardígrados, y no a través de la incorporación de un conjunto de miembros modificados, como se creía hasta ahora.

 

 

La inesperada causa de muerte de los antiguos reptiles marinos

Los seres humanos enfrentamos una amenaza al sumergirnos en las profundidades oceánicas con demasiada rapidez, llamada la “enfermedad de la descompresión”. Esto se produce si los gases disueltos entran en las articulaciones, piel y cerebro, formando burbujas que pueden resultar letales. Esto sucede porque nuestro organismo no está preparado para moverse bajo esas presiones, debido a que nuestra evolución se encaminó hacia la vida terrestre. Se entiende por tanto, que un animal que vive en las profundidades marinas sí debe estar adaptado. Sin embargo, un nuevo estudio ha revelado que los reptiles marinos prehistóricos padecían de esta misma enfermedad.

Bruce Rothschild, paleopatólogo de la Universidad Médica del Noreste de Ohio, ha investigado los efectos de la enfermedad en animales antiguos. Estudiando a un mosasaurio Platecarpus fallecido hace 84 millones de años, con signos de infección en sus huesos fosilizados,  descubrió una  necrosis ósea avascular, una tira de tejido muerto en un hueso sano. ¿Qué había bloqueado el flujo de sangre al tejido y matado las células? Rothschild y su equipo concluyeron que la enfermedad de descompresión era la única explicación que tenía sentido, después de descartar un envenenamiento por bismuto o un daño por radiación.

El estudio se extendió a otros reptiles del mesozoico de varios países e incluso de distintos continentes y se descubrió que los plesiosaurios  e ictiosaurios presentaban en el interior de los huesos fosilizados los mismos síntomas, siendo los mosasaurios los más afectados.

La razón por la que estos antiguos reptiles con claras adaptaciones a la vida submarina sucumbieron a esta afección es todavía un misterio, pero tenemos una pista gracias a Paul Jepson, veterinario de la Sociedad Zoológica de Londres, quien confirma que la enfermedad por descompresión podía estar extendida en el registro fósil, sobretodo en los reptiles marinos más antiguos, que aún no estaban completamente adaptados.

Lo llamativo es que los reptiles modernos, sobretodo las tortugas marinas, presentan también signos de enfermedad por descompresión. Daniel García Párraga, veterinario en el Oceanogràfic, acuario de Valencia, España, fue el primero en documentar los primeros casos en un estudio que confirmó que 29 de 67 tortugas capturadas accidentalmente tenían esta condición. Sin embargo, hay que señalar que apenas ningún mamífero marino padece este problema de salud, por lo que Agnete Carlsen, médico que trabaja con el Museo de Historia Natural de Dinamarca, ha sugerido que la anatomía del corazón del reptil podría predisponerlo a la enfermedad de descompresión, pues hay una conexión entre las cámaras del corazón derecha e izquierda, permitiendo que las burbujas atraviesen el circuito arterial y causen daños. Los humanos que presentan esta abertura padecen lo que se conoce como “foramen oval permeable” y son más propensas a sufrir por la enfermedad por descompresión.

El estudio, que puede leerse en hakai magazine, podría explicar la prevalencia de la enfermedad descompresiva en el registro fósil e inferir en el árbol genealógico de los reptiles.

Descubierto un nuevo y enigmático ser de hace 500 millones de años

Nuestro conocimiento sobre los seres que habitaron la Tierra en los albores de los orígenes de la vida está cada vez haciéndose más complejo. Si hace un mes publicábamos las noticias sobre el descubrimiento de una langosta del terror y un extraño gusano con espinas que habitaron nuestro planeta hace 500 millones de años, ahora ve la luz un nuevo y enigmático fósil de otro animal marino que compartió época con ellos.

Se trata de un filtrador de alimento con forma de tulipán, que habitó lo que hoy es el Antimony Canyon, en el norte de Utah, E.E.U.U.  El animal vivía en zonas de sedimento blando y se anclaba la sedimento con su tallo, gracias al cual filtraba el agua para obtener microplancton y otros alimentos, mientras que el cáliz o parte superior los digería con un tracto digestivo bastante primitivo y extraño.

El fósil de la nueva especie, descrita como Siphusactum lloydguntheri, es el ejemplar más temprano de un filtrador de alimento aislado que se ha encontrado en América del Norte, según ha destacado Julien Kimmig, gerente de colecciones de Invertebrate Paleontology en el Biodiversity Institute e investigador de la paleoecología de Utah e Idaho que localizó el cazador de fósiles Lloyd Gunther.

La preservación de los tejidos blandos de la pizarra cambriana está permitiendo conocer el mundo de la vida temprana, y nos revela que su diversidad era muy elevada, y que casi todos los animales que habitan hoy entre nosotros tienen un antepasado que ya se había desarrollado en estos tiempos tan remotos.

El estudio ha sido publicado en Journal of Paleontology.

La ruptura de un colosal iceberg expone un ecosistema antiguo y misterioso

Una nueva plataforma de billones de toneladas de hielo se ha desprendido de la Antártida, adentrándose en el Océano Austral. A pesar de las implicaciones geoambientales que lleva consigo el desprendimiento de uno de los icebergs más grandes jamás registrado, este desprendimiento ha dejado a la vista un nuevo ecosistema al que nunca antes se había tenido acceso, pues quedaba escondido justo debajo. Ahora, mientras el témpano de hielo comienza su viaje rumbo norte, deshaciéndose lentamente, detrás de él queda un ecosistema antiguo y desconocido que reaparece de entre las sombras a condiciones marinas abiertas.

El desprendimiento del iceberg, conocido como A68, ha dejado un área expuesta de 5.818 km 2 que lleva sin ver la luz del Sol cerca de 120.000 años, según los cálculos de los biólogos del centro British Antarctic Survey (BAS). Los científicos consideran la zona un auténtico tesoro, y por ello un acuerdo internacional da protección especial a este área limítrofe de la plataforma Larsen C, designada ya como un Área Especial de Estudio Científico. Investigadores del Instituto Británico para la Investigación Polar y Marítima; del Instituto de Investigación Polar y Marino de Alemania; y del Instituto Coreano de Investigación Polar, llevarán a cabo expediciones biológicas al área expuesta. Según informa Nature News, alcanzarán la zona en 2019, cuando sea seguro navegar allí. Nos mantendremos expectantes ante los descubrimientos que nos ofrezca la fría región austral.

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Encontrado el cangrejo “moderno” más antiguo del mundo

La mayoría de cangrejos que pueblan las aguas actuales pertenecen a los crustáceos decápodos eubraquiuros, y sus características modernas distan de las primitivas fundamentalmente en los órganos reproductores que permiten la más efectiva fecundación interna. Esta característica ha sido hallada en un fósil de unos 93 millones de años en el norte de Guadalajara, España.

Este crustáceo bautizado como Eogeryon elegius vivió a comienzos del Cretácico superior en aguas poco profundas en el Canal Ibérico que conectaba lo que hoy es el Océano Atlántico con el actual Mar Mediterráneo. La morfología de este ejemplar es muy avanzada, en particular su parte ventral y se asemeja a los actuales portunoideos (como las nécoras actuales). Posiblemente provino de formas avanzadas anteriores desconocidas en el registro fósil actual y derivó en otras formas más derivadas y diversificadas. El espécimen ha sido acomodado en una nueva familia para ubicar a esta forma intermedia: Eogeryonidae.

El excepcional hallazgo, que sitúa los orígenes de los cangrejos eubraquiuros mucho antes de lo que se conocía y que aporta nuevas perspectivas sobre la evolución de este grupo de crustáceos, ha sido publicado en el Boletín de la Sociedad Geológica Mexicana.

 

Tortuga gigante que existe desde hace 100 millones de años aparece en una playa española

Una extraordinaria tortuga se ha encontrado varada en una playa de Calella, en Barcelona, midiendo aproximadamente 2 metros y pesando unos 700 kg. La tortuga, que ha aparecido muerta, pertenece a la especie Dermochelys coriacea, la mayor tortuga marina del mundo en la actualidad, que suele vivir en aguas tropicales y subtropicales.

Este hallazgo es sorprendente ya que en 2.000 años se han registrado menos de diez en todo el Mediterráneo, y ésta es la segunda en un mes que puede verse en la zona, por lo que su presencia, según afirma el biólogo Pere Alzina, podría podría significar que la región está siendo un lugar de nidificación de tortugas laúd.

Antes de mostraros el vídeo que recoge el traslado de los restos de la tortuga para su investigación científica, queremos mostraros algo más sobre este especie, su recorrido en el tiempo y recordaros la importancia de mantener los ecosistemas para la perduración de las especies.

Las tortugas Dermochelys existen en nuestro planeta desde hace más de 100 millones de años, teniendo una larga historia evolutiva que se remonta al Cretácico superior de América del Norte y Japón, lo que las hizo convivir con los dinosaurios. Fue durante el Eoceno medio (hace entre 56 y 34 millones de años) cuando estas tortugas fueron reduciendo drásticamente su caparazón, que fue reemplazado por una coraza dérmica formada por osículos de naturaleza epitecal.  A pesar de que la familia Dermochelydae fue un grupo próspero y altamente adaptado a la vida marina, en la actualidad tan sólo queda como estandarte la especie Dermochelys coriacea. En ella aún perviven algunos caracteres primitivos y su tasa metabólica es apróximadamente 3 veces mayor que los reptiles de su tamaño actuales, siendo más similar a los reptiles prehistóricos. La manera en que regula su temperatura también se ha asociado a otros reptiles de gran tamaño, que a pesar de ser ectotermos, se consideran gigantotermos, teniendo una mejor capacidad para mantener una temperatura constante.

Esta tortuga sólo se acerca a las playas a poner huevos, el resto de su vida permanece bajo el mar, a gran profundidad, mucho más que el resto de tortugas marinas. Se alimenta principalmente de medusas, regulando desde la prehistoria la población de estos Cnidaria y permitiendo así la expansión de los peces.

Ahora sí, os dejamos el vídeo del hallazgo de este extraordinario reptil que hoy está en peligro de extinción, sobretodo por la asfixia, al confundir las bolsas de plástico con medusas que son su fuente de alimento, y también por la extracción de petróleo que destruye sus nidos y por la utilización de las playas por los humanos.

La langosta del terror que vivió hace 500 millones de años

El famoso yacimiento de fósiles de Burgess Shale, en Canadá, alberga una gran riqueza de organismos invertebrados del período Cámbrico, cuando se produjo la primera explosión de vida terrestre. Miles de animales oceánicos quedaron súbitamente enterrados por flujos de arcilla y son hoy reencontrados por los paleontólogos.

Desde Pangea queremos acercaros uno de los descubrimientos más llamativos y aterradores del lugar, que se dio a conocer hace dos años. Se trata de Yawunik kootenayi, una criatura marina depredadora de hace 508 millones de años, que tenía dos pares de ojos y largos apéndices frontales que podía extender hacia delante durante el ataque y retraer hacia atrás para nadar. Estos apéndices complejos se componían de tres garras largas, dos de las cuales llevaban filas de dientes opuestas que ayudaban al animal a atrapar a sus presas, lo que le convirtió en unos de los más complejos de todos los artrópodos conocidos. En su cabeza no poseía apéndices adicionales para procesar los alimentos, lo que indica que aún no se producía una división de tareas de las funciones sensoriales o de agarre.

El resto del cuerpo tenía las características de un artrópodo: esqueleto externo, cuerpo segmentado y apéndices articulados, pero carecía de ciertas características avanzadas presentes en los grupos que sobrevivieron hasta nuestros días. Según Cedric Aria, del Departamento de Ecología y Biología Evolutiva de la Universidad de Toronto y principal autor del estudio, este espécimen pertenecería al “grupo madre” de los artrópodos, del cual descenderían mariposas, arañas o langostas, y dentro del linaje de los Leanchoilia.

El fósil fue la primera especie nueva encontrada en el famoso yacimiento, que fue identificado por un equipo internacional liderado por paleontólogos de la Universidad de Toronto, del ‘Royal Ontario Museum’ (ROM) de Toronto, y del ‘Pomona College’, en California, Estados Unidos.

Gracias a este hallazgo, se ha ampliado nuestra nuestra perspectiva sobre la anatomía y los hábitos depredadores de los primeros artrópodos, unos seres extraños y desconcertantes que poblaron los antiguos océanos de la Tierra.

 

El especial hallazgo del embrión de un reptil marino de 200 millones de años

El Museo Estatal de Baja Sajonia en Hannover albergaba desde la década 1990 los restos de un un reptil marino que había sido encontrado en la costa de Somerset y que vivió hace unos 200 millones de años, en el Jurásico Temprano. El ejemplar medía 3,5 metros, llamaba la atención por su gran tamaño, el mayor que se ha registrado jamás para un Ichthyosaurus somersetensisestos, pero además, guardaba un secreto del que nadie se había percatado hasta ahora.

Han sido los paleontólogos Sven Sachs y Dean Lomax quienes han reexaminado este ejemplar y han descubierto que se trataba de una hembra embarazada, pues un embrión incompleto se gestaba en su vientre. El pequeño media unos 7cm de largo. Los huesos que lo estaban formando y que han podido ser identificados son fundamentalmente pequeñas costillas y vértebras. Se ha podido comprobar que no estaban completamente osificados, lo que significa que aún se estaba desarrollando.

Este extraordinario descubrimiento de una reptil prehistórica embarazada pone de relieve que no siempre los mejores hallazgos se hacen en el exterior, y que es vital reexaminar los miles de fósiles que están almacenados en museos.

El nuevo estudio ha sido publicado en la revista científica Acta Palaeontologica Polonica y ayudará a conocer mejor la especie y rectificar las dimensiones que puede alcanzar.

Inermorostrum xenops: Nuevo delfín sin dientes de hace 30 millones de años

En la actualidad existen casi cuarenta especies de delfínidos, y todas ellas presentan entre veinte y cincuenta dientes por mandíbula. Hasta ahora no se había conocido un espécimen tan especial como el denominado Inermorostrum xenops, recién descubierto, que no poseía ningún diente.

Este pequeño delfín prehistórico vivió hace 30 millones de años y medía tan solo 1,2  metros, muy alejado de los 8 metros que pueden alcanzar los mayores delfínidos actuales. El simpático animal tenía el hocico acortado y similar al de una morsa, con unos labios anchos y probablemente vibrátiles con los que succionaba a sus presas, principalmente peces y calamares.

El trabajo de investigación de los paleontólogos Robert W. Boessenecker, Daniel Fraser, Morgan y Jonathan Churchill Geyzlery ha sido publicado en la revista de la Real Sociedad de Londres para el Avance de la Ciencia Natural, y se basa en el estudio de un cráneo que fue hallado en el fondo del río Wanda, en lo que hoy es Carolina del Sur, E.E.U.U. El estudio afirma que Inermorostrum xenops es el miembro más antiguo del grupo de los cetáceos odontocetos Xenorophidae, lo que permitirá conocer cómo evolucionó el modelo alimenticio de estos animales analizando este fósil que actualmente se encuentra expuesto en el Museo de Historia Natural en la Universidad de Charleston.

Extraño gusano de 500 millones de años atrapaba a sus presas con las espinas de su cabeza

Capinatator praetermissus es el nombre de esta nueva criatura prehistórica hallada por un grupo de científicos de la Universidad de Toronto y del Museo Real de Ontario de Canadá. Vivía en el fondo del océano y se ha identificado como un antecesor de algunos carnívoros marinos nadadores, los que están dentro del grupo de quetognatos o “gusanos flecha” que abundan hoy en día en los océanos formando parte del plancton.

Este ser primitivo, de 500 millones de años de antigüedad, tan solo medía unos 10 centímetros de largo, siendo esto un tamaño considerablemente grande para su grupo. Lo que lo convertía en temible depredador para criaturas de similar tamaño que él, eran sus 25 espinas desplegadas a cada lado de su cabeza. Con ellas atrapaba a sus presas mientras nadaba, aprisionándolas de un modo similar a como lo hacen hoy algunas plantas carnívoras.

El equipo que ha identificado esta criatura se ha basado en el estudio de restos fósiles de 50 especímenes del yacimiento paleontológico de Burgess Shale en la Columbia Británica. Para mayor información, os dejamos el link al texto publicado en la Universidad de Toronto.

gusano capinatator pangea