Encuentran en una tumba real china una nueva especie de simio

Hace más de 2.000 años, en lo que hoy es China central, se vivía un sangriento período de luchas previo a la unificación del país. En ese período de reinos combatientes, falleció una mujer, la Dama Xia, cuya existencia sería muy importante porque su nieto, Qin Shi Huang se convertiría en el primer emperador de China.

La sepultura de Qin Shi Huang ha pasado a la historia por el ejército funerario de terracota que le custodiaba en Xi’ an. Ahora, los arqueólogos han encontrado en la tumba de la Dama Xia otro séquito funerario, esta vez un asombroso “ejército” de animales custodios que le acompañarían en la otra vida. Los expertos han identificado un oso tibetano, un lince boreal, un leopardo, grullas y animales domésticos, entre los que destaca un cráneo de gibón, que ha resultado ser un nuevo género y especie. 

El ejemplar, del que hoy no quedan representantes vivos, ha sido nombrado como Junzi imperialis descrito en Science. “Se sabe que en China los gibones se cuidaban como mascotas por lo menos desde la época de la Dinastía Zhou (1046 – 256 a.C.)”, explica Samuel Turvey, primer autor del estudio e investigador de la Sociedad Zoológica de Londres. “Aunque no podemos saberlo con seguridad, es posible que matasen a los animales para el enterramiento”.

El equipo investigador ha podido hacer un estudio detallado del cráneo y los dientes del ejemplar de gibón, a pesar de que el equipo no ha obtenido permiso de las autoridades chinas para extraer ADN de los restos. Este detallado estudio  ha permitido determinar que era muy distinto de los gibones actuales tanto en comportamiento como en ecología. “Junzi es tan distinto a los gibones actuales como los demás géneros de gibón lo son entre sí” informa Helen Chatterjee, coautora del estudio y zoóloga de University College London.

Este descubrimiento abre la posibilidad de que existan otros simios aún no descubiertos, y que probablemente se extinguieran por la caza constante que se llevó a cabo entre los siglos X y XVIII. hoy extinguidos debido a la actividad humana.

Hallado el murciélago excavador prehistórico más grande conocido

Hace aproximadamente 50 millones de años, el supercontinente meridional Gondwana conectaba las tierras de Australia, Nueva Zelanda, Sudamérica y posiblemente la Antártida, que en aquél entonces estaba repleta de bosque. En aquellos días la fauna quedaba también conectada entre sí, hasta que el continente comenzó a fracturarse y a aislar las especies. La gran superfamilia de murciélagos excavadores se disgregó y así los murciélagos sudamericanos continuaron su camino diferente del que tomaron los del Pacífico suroccidental, aunque ahora se ha comprobado que siguen estrechamente relacionados.

Así lo prueba un nuevo hallazgo  liderado por un equipo de científicos de la UNSW Sydney, la Universidad de Salford, la Universidad Flinders, la Universidad de Queensland, el Museo Canterbury, el Museo de Nueva Zelanda Te Papa Tongarewa, el Museo Americano de Historia Natural y la Universidad de Duke. Cerca de la ciudad de St Bathans en el centro de Otago en la Isla Sur en Nueva Zelanda, ha sido hallado en estratos de hace casi 20 millones de años un tipo de murciélago excavador gigante. El tamaño del ejemplar triplica al que tienen actualmente estos animales, siendo el murciélago excavador más grande conocido, con un peso de unos 40 gramos.

El ejemplar ha sido bautizado como Vulcanops jennyworthyae, en honor a Jenny Worthy, miembro del equipo que encontró los fósiles, y de Vulcano, el dios romano del fuego y los volcanes, en referencia a la naturaleza tectónica de Nueva Zelanda.

Con este hallazgo se amplía el conocimiento de este tipo de animales y se agrega un nuevo género de murciélagos en el país por primera vez desde hace más de 150 años.

 

Encontrada fauna única en el mundo de 230 millones de años de antigüedad

Julia Brenda Desojo y María Belén von Baczko, investigadoras de la División de Paleontología de Vertebrados del Museo de la Plata, han analizado restos fósiles en estratos geológicos de más de 230 millones de años de antigüedad del Parque Nacional Talampay (La Rioja), y han identificado fauna desconocida hasta la fecha.

Entre el nuevo tipo de fauna identificada, abunda el esquivo Tarjadia ruthaeron, un cuadrúpedo acorazado que vivió antes de la llegada de los dinosaurios y que ofrece información anatómica relevante que ayuda a entender la evolución posterior de este pariente de los cocodrilos. También se han encontrado restos fósiles de dos grupos más de antecesores de los cocodrilos, y otros precursores de los mamíferos y  reptiles.

El estudio, publicado en la revista Nature Ecology & Evolution, es particularmente interesante porque el enclave en el que se han encontrado estos fósiles tiene dataciones precisas de sus rocas. Gracias al trabajo realizado, se ha concluido que la época antecesora del Triásico, vivió una fase de profundos y rápidos cambios en los ecosistemas.

Inermorostrum xenops: Nuevo delfín sin dientes de hace 30 millones de años

En la actualidad existen casi cuarenta especies de delfínidos, y todas ellas presentan entre veinte y cincuenta dientes por mandíbula. Hasta ahora no se había conocido un espécimen tan especial como el denominado Inermorostrum xenops, recién descubierto, que no poseía ningún diente.

Este pequeño delfín prehistórico vivió hace 30 millones de años y medía tan solo 1,2  metros, muy alejado de los 8 metros que pueden alcanzar los mayores delfínidos actuales. El simpático animal tenía el hocico acortado y similar al de una morsa, con unos labios anchos y probablemente vibrátiles con los que succionaba a sus presas, principalmente peces y calamares.

El trabajo de investigación de los paleontólogos Robert W. Boessenecker, Daniel Fraser, Morgan y Jonathan Churchill Geyzlery ha sido publicado en la revista de la Real Sociedad de Londres para el Avance de la Ciencia Natural, y se basa en el estudio de un cráneo que fue hallado en el fondo del río Wanda, en lo que hoy es Carolina del Sur, E.E.U.U. El estudio afirma que Inermorostrum xenops es el miembro más antiguo del grupo de los cetáceos odontocetos Xenorophidae, lo que permitirá conocer cómo evolucionó el modelo alimenticio de estos animales analizando este fósil que actualmente se encuentra expuesto en el Museo de Historia Natural en la Universidad de Charleston.

Nuevo hallazgo sitúa el origen del ser humano en Europa en 5,7 millones de años

Desde que se descubrieran los primeros fósiles de Australopithecus en África hace 60 años, la comunidad científica empezó a perfilar el origen del linaje humano en este continente. Su antigüedad parecía ser de entre algo más de 3 millones de años, y parecía haber permanecido aislado durante más de un millón de años antes de comenzar expandirse por Europa y Asia. Descubrimientos posteriores parecieron avalar esta teoría evolutiva hasta nuestros días.

Ahora, un equipo internacional de investigadores con participación de la Universidad de Uppsala (Suecia), ha descubierto en Grecia, concretamente en la isla de Creta, unas huellas homínidas de hace aproximadamente 5,7 millones de años de antigüedad, desafiando así todo cuanto conocemos y haciéndonos ver una realidad mucho más compleja de nuestra propia evolución.

Las pisadas aparecidas parecen haber sido hechas en una costa arenosa, probablemente cerca del cauce de algún río, y muestran pies humanos y locomoción vertical, aunque de un grupo homínido temprano.

“Lo que hace que esto sea polémico es la edad y la ubicación de las huellas”, dice en un comunicado el profesor Per Ahlberg de la Universidad de Uppsala, integrante del estudio que ha sido publicado en Proceedings of the Geologists Association. “Este descubrimiento desafía la narrativa establecida de la evolución humana temprana y es probable que genere mucho debate” concluye.

Es cierto que se perfila complicado que por unanimidad toda la comunidad científica acepte como evidencia válida estas huellas fósiles. El fósil de homínido más antiguo conocido, el Sahelanthropus de Chad, es posterior a estas huellas, y anterior a ellas sólo están restos de distintos simios con pies nada parecidos a los humanos.

¿Serán estas huellas homínidas de procedencia africana? ¿Existirá un nuevo foco en Europa generador de homínidos? El debate está servido.

 

Xenokeryx amidalae, un nuevo antepasado español de las jirafas con tres cuernos

La reina Amidala vivió en la Península Ibérica… o mejor dicho un antepasado de las jirafas cuya cornamenta en forma de “T” recuerda al peinado de este personaje de ficción de la saga Star Wars. Un equipo integrado principalmente por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha estudiado un conjunto de fósiles de un paleoméricido (en griego “rumiante antiguo”) procedente del yacimiento mioceno de La Retama (Cuenca), con unos 16 millones de años de antigüedad. Los restos de este herbívoro, bautizado como Xenokeryx amidalae (“cuerno extraño de Amidala”), han permitido determinar que el linaje de los paleomerícidos es hermano del de las jirafas y no de los ciervos, como se pensaba.

Los paleomerícidos fueron unos extraños ungulados que vivieron durante el Mioceno, hace entre aproximadamente 17 y 11 millones de años. Fueron animales exclusivamente euroasiáticos que se extendían desde la Península Ibérica hasta lo que hoy es China. Se podrían describir como una especie de mezcla entre ciervos y jirafas. “Nuestros resultados señalan que ambos grupos de rumiantes comparten un ancestro común que no lo es de ningún otro rumiante. Ambas líneas evolutivas, que juntas forman un gran grupo al que hemos llamado Giraffomorpha (los rumiantes con aspecto de jirafa), se separaron hace mucho tiempo, hace unos 27 millones de años. Xenokeryx no sólo nos ha permitido saber más acerca del grupo de rumiantes al que pertenece, los paleomerícidos, sino que además nos ha proporcionado datos de gran importancia acerca del origen y la historia temprana de la línea evolutiva de una de las familias de rumiantes más extrañas de la actualidad: las jirafas”, destaca Israel Sánchez, (investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid), según ha informado el CSIC.

Apéndice occipital de Xenokeryx. I.M.S.

Apéndice occipital de Xenokeryx. I.M.S.

Los machos de los paleomerícidos tenían grandes colmillos y un par de osiconos, un tipo especial de cuerno o apéndice craneal cubierto de pelo, sobre los ojos, igual que las jirafas actuales. Lo más extraño de su anatomía era una estructura ósea bifurcada que les sobresalía de la parte posterior del cráneo a modo de peineta. La función de este apéndice occipital sigue siendo un misterio para los paleontólogos. “A lo largo de los últimos años ha existido una tendencia a pensar que sus parientes más cercanos eran los dromomerícidos norteamericanos (ancestros de los ciervos), los otros rumiantes con moño. Un problema añadido a la complicada anatomía de los paleomerícidos es que su registro fósil es escaso y bastante fragmentario. Sus fósiles suelen aparecer en los yacimientos, pero es raro que sean abundantes”, explica el investigador.

Para analizar los datos anatómicos de Xenokeryx y comprobar cuál de las hipótesis evolutivas propuestas hasta ahora era la más acertada, los científicos han utilizado un análisis que compara la morfología de Xenokeryx y otros paleomerícidos con la de todos los grupos de rumiantes conocidos. Además, han añadido información de secuencias de ADN de los grupos actuales al modelo. El trabajo, publicado en PLOS ONE bajo el título “Systematics and Evolution of the Miocene Three-Horned Palaeomerycid Ruminants (Mammalia, Cetartiodactyla)”, propone que los apéndices craneales de los rumiantes aparecieron mucho antes del registro más antiguo. Otra novedad es que el pariente más cercano de los paleomerícidos, que sólo vivieron en Eurasia, es un rumiante africano llamado Propalaeoryx. “Por tanto, la relación histórica de los jirafomorfos con África es profunda y compleja, además de antigua”, concluye López Cantalapiedra, investigador en el Museo de Historia Natural de Berlín.

Pliobates cataloniae, un nuevo primate del Mioceno con un nexo común entre gibones y humanos

Un equipo de investigadores del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont (ICP) ha descrito un nuevo género y especie de primate, Pliobates cataloniae, a partir de un esqueleto procedente del vertedero de Can Mata (en Cataluña). Los restos corresponden a una hembra adulta a la que los paleontólogos han llamado “Laia”. Pesaba unos 4-5 kilos, se alimentaba de frutos blandos, trepaba por las copas de los árboles y podía colgarse de las ramas. Tiene 11,6 millones de años y, en términos de parentesco, apenas precede la divergencia entre los homínidos (grandes simios antropomorfos y humanos) y los hilobátidos (gibones), por lo que tiene importantes implicaciones para reconstruir el último ancestro común de ambos grupos.

Hace 17 millones años, los hominoideos se separaron en dos ramas evolutivas. En una, los gibones; y en otra, los grandes simios: gorilas, chimpancés, orangutanes y humanos. La zona del vertedero catalán de Can Mata era hace 12 millones de años un bosque cerrado con un clima cálido y húmedo y temperaturas subtropicales, más elevadas que las actuales. Este ecosistema favoreció una gran diversidad faunística, como lo atestiguan las más de 75 especies de mamíferos encontrados en la zona y los 70.000 restos fósiles registrados de 2002 a 2014, según informan desde ICP.

Húmero, radio y cúbito de Pliobates cataloniae.ICP

Húmero, radio y cúbito de Pliobates cataloniae.ICP

Los análisis filogenéticos de los fósiles de “Laia”, entre los que destacan buena parte del cráneo y la dentición, y una parte del brazo izquierdo que incluye articulaciones del codo y la muñeca, revelan en Science (en el artículo Miocene small-bodied ape from Eurasia sheds light on hominoid evolution”) que la especie es posterior a la separación entre monos y antropomorfos, pero anterior a la separación entre gibones y homínidos.

El hallazgo cambia radicalmente el modelo aceptado hasta ahora sobre el ancestro de los hilobátidos y los homínidos, además de proporcionar pistas muy sólidas sobre el origen de los gibones actuales. “El origen de los gibones es un misterio debido a la falta de registro fósil, pero hasta ahora la mayoría de científicos pensaban que su último antepasado común con los homínidos debía ser de gran tamaño, ya que todos los hominoideos fósiles indudables encontrados hasta ahora lo eran”, explica David M. Alba, el investigador del ICP. Hasta la descripción de Pliobates, todos los simios fósiles de tamaño pequeño (entre 5 y 15 kilos) que se habían encontrado tenían una estructura corporal demasiado primitiva para tener una relación de parentesco estrecha con los hominoideos actuales. “Este hallazgo lo trastoca todo”, afirma. Así, sugiere que el último ancestro común de los hominoideos actuales podría haber sido más similar a los gibones que a los grandes antropomorfos actuales.

Encuentran cachorros de leones congelados en Siberia

No es la primera vez que se encuentran animales congelados en Siberia que vivieron en épocas remotas. El hielo ayuda a la conservación, y con ello a la ciencia paleontológica. Sin embargo, el nuevo hallazgo tiene una particularidad extraordinaria. No se trata de mamuts lanudos o de caballos, animales asociados a climas fríos, sino leones. Y además, dos cachorros, que han resultado ser los mejor conservados jamás descubiertos.

Este hallazgo presentado por El Siberian Times, reporta el descubrimiento hecho a principios de este verano en el interior de una cavidad en la que anteriormente se habían encontrado algunos cráneos y fragmentos de huesos y dientes de otros leones. En esta ocasión, el hallazgo ha sido mucho más impactante, presentando dos cachorros de león casi perfectamente momificados.

leoncongelado

Los ejemplares pertenecen a la especie Panthera spelaea, una de las mayores que ha existido, con una altura de hombros de 1,2 metros en la edad adulta. Esta especie vivía en el territorio de Eurasia, pero los ejemplares descubiertos se encontraban muy al norte, concretamente en Saja, Yakutia (Siberia).  La antigüedad de los restos se remonta a hace unos 10.000 años, aunque la especie despareció poco después, probablemente por una combinación del cambio climático y la caza humana.

Durante el mes de noviembre se presentarán nuevas aportaciones del hallazgo, que incluirán información sobre otras muestras excavadas en la región, en este caso de mamuts, rinocerontes lanudos y bisontes.

Un pequeño mamífero de Cuenca revela las primeras evidencias evolutivas de pelo

Los restos de un mamífero de hace 125 millones de años, encontrados en el yacimiento de Las Hoyas (Cuenca), han revelado las primeras pruebas evolutivas del pelaje en mamíferos. Este hallazgo fósil, llamado Spinolestes xenarthrosus, lucía una melena de pelos largos y la espalda cubierta por espinas finas, como los actuales erizos. La investigación, que comenzó en 2011, culmina con un gran descubrimiento a nivel mundial: cómo era el pelo a nivel celular en un mamífero muy bien conservado del Cretácico.

Esta nueva especie pertenece a un grupo primitivo de mamíferos extintos, los triconodontos, que se caracterizan por ser pequeños, peludos, con largas colas, etc. El animal, de tamaño similar a una zarigüeya, se ha presentado en el Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha (Cuenca). “Se trata de la primera especie fósil que revela de modo inequívoco la estructura microscópica del pelo que recubre la piel de los actuales mamíferos”, ha afirmado Ángela D. Buscalioni, directora del proyecto I+D Las Hoyas y miembro de la Unidad de Paleontología de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). Buscalioni es coautura del estudio “A Cretaceous eutriconodont and integument evolution in early mammals”, publicado en Nature“El hallazgo demuestra que, contrario a lo que se creía, la evolución del pelo, junto con otras estructuras de la piel, no ocurrió gradualmente sino que tuvo lugar simultáneamente en el origen del linaje”, detalló la investigadora según informa la UAM. Su evolución se realizó independientemente de especies con espinas como los erizos.

Pero Spinolestes (“ladrón de espinas”) nos brinda más datos de aquellos mamíferos ancestrales. Conserva los bronquiolos pulmonares y el contorno del hígado, marcando la ubicación del diafragma, lo que ​proporciona la huella más antigua del sistema respiratorio en mamíferos. Además, presenta la primera evidencia de pabellones auditivos en el registro fósil de este grupo. Así que aquellos pequeños animales, que convivían con los dinosaurios, ya presentaban características fundamentales de los mamíferos actuales. Los investigadores también creen que la criatura padecía tiña.

Spinolestes xenarthrosus vivió en lo que por entonces era uno de los primeros humedales tropicales del planeta, alimentándose posiblemente de insectos y larvas. Pesaba entre 50 y 70 gramos y se caracterizaba por tener el oído medio desarrollado, vértebras lumbares con múltiples articulaciones y molares con tres cúspides. También tenía melena en el cuello y una corta cresta que le recorría la espalda. Las manos, propias de los animales que se han adaptado a la excavación, sugieren un estilo de vida similar al de las actuales musarañas acorazadas.

Técnicas de microscopía electrónica de barrido (SEM), tomografía computarizada (TC) y análisis de composición mineral por energía dispersiva de rayos X (EDAX), han permitido obtener imágenes a nivel celular del tejido blando y el pelo de este pequeño excavador, incluyendo queratinas y cutículas.

Una nueva morsa de Japón muestra la diversificación de su familia en el Mioceno

La morsa es el único miembro vivo de la familia Odobenidae, aunque este grupo era mucho más diverso en el pasado. Se conocen, al menos, 20 especies fósiles de morsa y ahora se suma a la lista otro género y especie más: Archaeodobenus akamatsui. Esta criatura habitó las tierras que hoy componen la isla de Hokkaido, al norte de Japón, a finales del Mioceno Tardío (10-9,5 millones de años).

En el estudio “A New Late Miocene Odobenid (Mammalia: Carnivora) from Hokkaido, Japan Suggests Rapid Diversification of Basal Miocene Odobenids”, publicado ayer en PLOS ONE, los investigadores Yoshihiro Tanaka y Naoki Kohno analizan los restos encontrados de Archaeodobenus akamatsui (parte del cráneo, mandíbulas, algunas vértebras y algunos huesos de los apéndices). Aunque el esqueleto parcial hallado comparte características con otra morsa fósil descubierta en 2006 en el mismo área, Pseudotaria muramotoi, la nueva especie presenta rasgos distintos y mantiene otros de odobénidos arcaicos.

Los investigadores estiman que este animal midió tres metros de longitud y pesó entre 390 y 473 kilos. No tenía los característicos colmillos largos de las morsas actuales. Los suyos sólo medían 86,3 milímetros.

Archaeodobenus akamatsui y Pseudotaria muramotoi compartieron época y lugar. La alteración del nivel del mar podría explicar cómo se diversificaron ambas especies, según los autores. Hace unos 12,5-10,5 millones de años, cayó el nivel del mar en el Pacífico Norte occidental , lo que provocó un cambio en el entorno y la consiguiente diferenciación de las especies. Además, este hecho apunta a que las morsas se diversificaron unos cinco millones de años antes de lo que se pensaba.