El pingüino enano de hace 34 millones de años que convivía con gigantes

Durante el Eoceno existieron en la Antártida gran diversidad de pingüinos, algunos de ellos gigantes de más de 2 metros de altura que, sorpresivamente, convivieron con una especie diminuta de un tamaño cinco veces menor.

Investigadores del Museo de La Plata y del Instituto Antártico Argentino hallaron en la Isla Marambio, al oeste de la Península Antártica, un pingüino de tan solo 35 centímetros de altura. Los investigadores tomaron el húmero para comprobar si el espécimen tenía alguna patología que impidiese su crecimiento y descubrieron que era un pingüino adulto sano. Comparando su estatura con húmeros de más de 400 especímenes del Museo de la Plata, pudieron comprobar que el menor de ellos tenía el doble de estatura que este fósil tan especial.  Así, se ha podido identificar una nueva especie hasta ahora desconocida que ha sido llamada Aprosdokitos mikrotero, que significa “inesperado minúsculo”.

Este singular pingüino habitaba la zona hace unos 34 millones de años, conjuntamente con otros pingüinos  que también quedaron fosilizados y han sido rescatados en el mismo yacimiento en los niveles Submeseta III.

Descubierto el primer dinosaurio del color del arcoiris

Pocas veces se conservan sobre un fósil las pistas adecuadas que permiten averiguar el color de un animal extinto, pero cada vez tenemos más datos que nos acercan a comprender cómo eran los animales que no han llegado hasta nuestros días, como es el caso del verdadero color del Tyrannosaurus rex, recientemente resuelto.

Ahora es el turno de un pequeño dinosaurio aviano que habitó la tierra hace unos 161 millones de años. Sus restos fósiles fueron encontrados por un campesino en la provincia de Hebei, en China, y estaban casi completos y en muy buen estado de conservación, manteniendo las impresiones de sus plumas alrededor de su cuerpo. Desde el año 2014 en que fue descubierto, los científicos han podido estudiarlo con detenimiento hasta el día de hoy, indagando en sus extraños rasgos, en su cresta ósea y su curioso plumaje iridiscente. A pesar de que los colores estaban muy apagados, el fósil aún conservaba restos suficientes de los melanosomas para reconstruirlo. Así, los científicos han podido deducir que el aspecto de este dinosaurio era multicolor en la zona de su cuello, algo similar al aspecto de los colibríes actuales.

Debido al descubrimiento de su llamativo aspecto, este pequeño dinosaurio ha sido llamado Caihong juji, lo que significa “arcoíris con gran cresta”.

“Su combinación de rasgos es inusual” explica Julia Clarke, de la Universidad de Texas en Austin y coautora del estudio “tenía aspecto de Velociraptor y un cráneo alargado con un abundante plumaje y una gran cola como un abanico. Un dinosaurio realmente fantástico… o quizá espeluznante dependiendo de la perspectiva”.

Además de estos rasgos llamativos, que podrían ser la primera vez que aparecían en un dinosaurio, el equipo de investigadores también ha destacado que este dinosaurio es el más antiguo hasta la fecha que presenta plumas asimétricas, un tipo de plumas que se encuentran en las aves modernas en los extremos de las alas y que ayudan a controlar el vuelo, aunque este dinosaurio las tenía en la cola. De nuevo estamos ante un descubrimiento que reincide en la teoría de que los primeros pájaros volaban de manera diferente de los de hoy en día, y que tal vez, como sugiere Xing Xu, de la Academia China de las Ciencias y también coautor del estudio, parece que “el control del vuelo primero debió de evolucionar con las plumas de la cola”.

La descripción científica del espécimen ha sido ya publicada en Nature Communications.

Encuentran conservado el aceite de acicalamiento de un pájaro de 48 millones de años

Ha sucedido en Messel, Alemania. Un extraordinario fósil ha sido encontrado conservando un elemento blando durante 48 millones de años. Se trata de la glándula uropígea de un ave prehistórica, que conserva casi toda su composición química original.

Esta glándula, presente en las aves actuales, se encuentra en la base de la cola y produce un aceite que permite el correcto acicalamiento e impermeabilización del plumaje. El fósil revela que estos lípidos ya existían en tiempos remotos y permitirá reconstruir mejor el estilo de vida de estos animales. “La cadena larga de compuestos de hidrocarburos de los restos fosilizados de la glándula uropígea puede diferenciarse claramente del esquisto bituminoso que rodea al fósil”, expone Geral Mayr, coautor del estudio publicado en Proceedings of the Royal Society B. Ahora la duda que asalta a la comunidad científica es si “los dinosaurios emplumados ya poseían estas glándulas uropígeas para arreglarse las plumas” concluye Jakob Vinther, de la Universidad de Bristol y coautor del estudio.

Las razones por las cuales este fósil ha conservado elementos blandos todavía es un misterio, siendo los factores claves los componentes antibacterianos o la exclusión de oxígeno. Esto abre la posibilidad a que se encuentren otros fósiles avianos en condiciones similares.

Desterrando la injusta reputación del Dodo. Era más listo de lo que se cree

El dodo o dronte fue un ave columbiforme no voladora de tamaño medio que vivió en Isla Muricio y que tuvo un trágico final causado por la intervención humana.

Corría el siglo XVI cuando los hombres arribaron a esta isla del Océano Índico y descubrieron este ave de caminar torpe, patas robustas y pico ganchudo, que además, no temía al hombre a quien no conocía, y se dejaba capturar dócilmente. Los Portugueses no tardaron en llamarlo “doudo”, que no es más que “bobo” o “estúpido”. Y no fueron los únicos en propinarle un nombre injusto, los neerlandeses también lo llamaron “walghvogel” esto es  “ave repugnante” o “pavo nauseabundo”. Tardó el hombre poco más de un siglo en aniquilar esta especie y llevarla a su extinción.

Ahora, un estudio publicado en la revista Zoological Journal of the Linnean Society, sugiere que el dodo, en lugar de ser un ave estúpida, contaba al menos con la misma inteligencia que los demás miembros de la familia de los Columbiformes, como la paloma. La paleontóloga Eugenia Gold de la Universidad de Stony Brook, Nueva York, nos recuerda que “las palomas fueron entrenadas como portadoras de mensajes durante las guerras mundiales” y por tanto, son aves con una inteligencia razonablemente alta.

Los científicos analizaron el cráneo de un dodo conservado en el Museo de Historia Natural de Londres y descubrieron que el tamaño de su cerebro no era inusualmente pequeño, sino que correspondía a su tamaño corporal. El estudio, además, destaca en el dodo un sentido del olfato superior al de la mayoría de las aves, con el que probablemente olfateaba la fruta madura para comer.

Entonces, ¿por qué este ave pacífica, confiada e inteligente fue convertida en símbolo de estupidez? El paleontólogo Mark Norell, del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, da las claves de esta injusta reputación: “Tenía un nombre pegadizo, una apariencia ridícula, no era volador, y debido a su falta de miedo hacia los humanos, probablemente debido a su hábitat aislado, fue presa fácil: los rasgos que fácilmente podrían haber sido atribuidos a la estupidez”.