Hallado el murciélago excavador prehistórico más grande conocido

Hace aproximadamente 50 millones de años, el supercontinente meridional Gondwana conectaba las tierras de Australia, Nueva Zelanda, Sudamérica y posiblemente la Antártida, que en aquél entonces estaba repleta de bosque. En aquellos días la fauna quedaba también conectada entre sí, hasta que el continente comenzó a fracturarse y a aislar las especies. La gran superfamilia de murciélagos excavadores se disgregó y así los murciélagos sudamericanos continuaron su camino diferente del que tomaron los del Pacífico suroccidental, aunque ahora se ha comprobado que siguen estrechamente relacionados.

Así lo prueba un nuevo hallazgo  liderado por un equipo de científicos de la UNSW Sydney, la Universidad de Salford, la Universidad Flinders, la Universidad de Queensland, el Museo Canterbury, el Museo de Nueva Zelanda Te Papa Tongarewa, el Museo Americano de Historia Natural y la Universidad de Duke. Cerca de la ciudad de St Bathans en el centro de Otago en la Isla Sur en Nueva Zelanda, ha sido hallado en estratos de hace casi 20 millones de años un tipo de murciélago excavador gigante. El tamaño del ejemplar triplica al que tienen actualmente estos animales, siendo el murciélago excavador más grande conocido, con un peso de unos 40 gramos.

El ejemplar ha sido bautizado como Vulcanops jennyworthyae, en honor a Jenny Worthy, miembro del equipo que encontró los fósiles, y de Vulcano, el dios romano del fuego y los volcanes, en referencia a la naturaleza tectónica de Nueva Zelanda.

Con este hallazgo se amplía el conocimiento de este tipo de animales y se agrega un nuevo género de murciélagos en el país por primera vez desde hace más de 150 años.

 

El verdadero aspecto del temido Tyrannosaurus rex

Mucho está cambiando la visión que tenemos de los dinosaurios gracias a los espectaculares descubrimientos de los últimos años, que han afectado, sobretodo, a la estética y comportamiento de los carnívoros del mesozoico. De ser reconocidos por todos como reptiles gigantes, pesados y de aspecto similar a los cocodrilos, han comenzado a vislumbrarse como predadores de muy diversos tamaños, emplumados, ágiles y de agudos sentidos, más similares a las aves.

Esta visión afecta ahora al gran tirano. Un nuevo documental de la BBC llamado “The Real T-Rex” y presentado por Chris Packham, presenta al Tyrannosaurus rex completamente renovado, gracias a un detallado estudio que analiza los huesos fosilizados, piel, dientes y musculatura. Así, se confirma que el tirano poseía plumas oscuras en el lomo, que se agrupaban en mechones negros por el cuerpo y una curiosa parte superior de la cabeza anaranjada. Así lo sugiere la profesora Julia Clarke de la Universidad de Texas, revisando las marcas alrededor de los ojos del animal extinto.

El cambio de interpretación que dan los paleontólogos entrevistados afecta también al rugido del animal. El documental defiende que el sonido que emitía este gran predador era casi inaudible, nada que ver con los ensordecedores y dramáticos bramidos del cine.

De nuevo este animal prehistórico se muestra más similar a las aves, del mismo modo en que ha sucedido con otros terópodos. El documental muestra también cómo se movía, cómo corría y cómo era su vida social. Para verlo completo (no en todos los países está habilitado) entrar aquí.

El extraño dinosaurio con dientes que cortaban como tijeras

En el sur de Francia, hace entre 100 y 66 millones de años, durante el Cretácico superior, existió un dinosaurio muy particular. Se trata de una especie herbívora pariente del famoso Iguanodon, pero con una extraordinaria mandíbula que ha asombrado a la comunidad científica.

La especie ha sido hallada en la formación de Velaux-La Bastide Neuve, al noroeste de Marsella. Pertenece a la familia de los rabdodóntidos, robustos dinosaurios ornitópodos descubiertos por primera vez en 2002.

La nueva especie, llamada Matheronodon provincialis, destaca por una dentadura inusual, de gran tamaño y con forma de cincel. Sus dientes, muy escasos, alcanzaban los 6 cm. de longitud y eran muy afilados. Su mecanismo de corte, muy efectivo, era similar al de unas tijeras y había evolucionado para adaptarse a fracturar los alimentos difíciles como las partes duras de plantas ricas en fibras. Probablemente, este grupo de dinosaurios cortaba las hojas de palmeras que poblaban Europa y que eran muy ricas en fibras.

“La dentadura de este grupo evolucionó en una dirección diferente a la de sus contemporáneos, los hadrosaurios que tenían los dientes más pequeños y se alimentaban de coníferas” explica Pascal Godefroit, investigador del Real Instituto Belga de Ciencias Naturales y autor principal del estudio.

El estudio, publicado en la revista Scientific Reports, puede leerse aquí.

Maxilar derecho de Matheronodon provincialis gen. et sp. nov. (MMS / VBN-02-102; holotipo) en las vistas dorsal (a), lateral (b), medial (c) y ventral (d). (e) Primer plano de la segunda y tercera corona maxilar.

Encuentran conservado el aceite de acicalamiento de un pájaro de 48 millones de años

Ha sucedido en Messel, Alemania. Un extraordinario fósil ha sido encontrado conservando un elemento blando durante 48 millones de años. Se trata de la glándula uropígea de un ave prehistórica, que conserva casi toda su composición química original.

Esta glándula, presente en las aves actuales, se encuentra en la base de la cola y produce un aceite que permite el correcto acicalamiento e impermeabilización del plumaje. El fósil revela que estos lípidos ya existían en tiempos remotos y permitirá reconstruir mejor el estilo de vida de estos animales. “La cadena larga de compuestos de hidrocarburos de los restos fosilizados de la glándula uropígea puede diferenciarse claramente del esquisto bituminoso que rodea al fósil”, expone Geral Mayr, coautor del estudio publicado en Proceedings of the Royal Society B. Ahora la duda que asalta a la comunidad científica es si “los dinosaurios emplumados ya poseían estas glándulas uropígeas para arreglarse las plumas” concluye Jakob Vinther, de la Universidad de Bristol y coautor del estudio.

Las razones por las cuales este fósil ha conservado elementos blandos todavía es un misterio, siendo los factores claves los componentes antibacterianos o la exclusión de oxígeno. Esto abre la posibilidad a que se encuentren otros fósiles avianos en condiciones similares.

La inesperada causa de muerte de los antiguos reptiles marinos

Los seres humanos enfrentamos una amenaza al sumergirnos en las profundidades oceánicas con demasiada rapidez, llamada la “enfermedad de la descompresión”. Esto se produce si los gases disueltos entran en las articulaciones, piel y cerebro, formando burbujas que pueden resultar letales. Esto sucede porque nuestro organismo no está preparado para moverse bajo esas presiones, debido a que nuestra evolución se encaminó hacia la vida terrestre. Se entiende por tanto, que un animal que vive en las profundidades marinas sí debe estar adaptado. Sin embargo, un nuevo estudio ha revelado que los reptiles marinos prehistóricos padecían de esta misma enfermedad.

Bruce Rothschild, paleopatólogo de la Universidad Médica del Noreste de Ohio, ha investigado los efectos de la enfermedad en animales antiguos. Estudiando a un mosasaurio Platecarpus fallecido hace 84 millones de años, con signos de infección en sus huesos fosilizados,  descubrió una  necrosis ósea avascular, una tira de tejido muerto en un hueso sano. ¿Qué había bloqueado el flujo de sangre al tejido y matado las células? Rothschild y su equipo concluyeron que la enfermedad de descompresión era la única explicación que tenía sentido, después de descartar un envenenamiento por bismuto o un daño por radiación.

El estudio se extendió a otros reptiles del mesozoico de varios países e incluso de distintos continentes y se descubrió que los plesiosaurios  e ictiosaurios presentaban en el interior de los huesos fosilizados los mismos síntomas, siendo los mosasaurios los más afectados.

La razón por la que estos antiguos reptiles con claras adaptaciones a la vida submarina sucumbieron a esta afección es todavía un misterio, pero tenemos una pista gracias a Paul Jepson, veterinario de la Sociedad Zoológica de Londres, quien confirma que la enfermedad por descompresión podía estar extendida en el registro fósil, sobretodo en los reptiles marinos más antiguos, que aún no estaban completamente adaptados.

Lo llamativo es que los reptiles modernos, sobretodo las tortugas marinas, presentan también signos de enfermedad por descompresión. Daniel García Párraga, veterinario en el Oceanogràfic, acuario de Valencia, España, fue el primero en documentar los primeros casos en un estudio que confirmó que 29 de 67 tortugas capturadas accidentalmente tenían esta condición. Sin embargo, hay que señalar que apenas ningún mamífero marino padece este problema de salud, por lo que Agnete Carlsen, médico que trabaja con el Museo de Historia Natural de Dinamarca, ha sugerido que la anatomía del corazón del reptil podría predisponerlo a la enfermedad de descompresión, pues hay una conexión entre las cámaras del corazón derecha e izquierda, permitiendo que las burbujas atraviesen el circuito arterial y causen daños. Los humanos que presentan esta abertura padecen lo que se conoce como “foramen oval permeable” y son más propensas a sufrir por la enfermedad por descompresión.

El estudio, que puede leerse en hakai magazine, podría explicar la prevalencia de la enfermedad descompresiva en el registro fósil e inferir en el árbol genealógico de los reptiles.

Descubierto un nuevo y enigmático ser de hace 500 millones de años

Nuestro conocimiento sobre los seres que habitaron la Tierra en los albores de los orígenes de la vida está cada vez haciéndose más complejo. Si hace un mes publicábamos las noticias sobre el descubrimiento de una langosta del terror y un extraño gusano con espinas que habitaron nuestro planeta hace 500 millones de años, ahora ve la luz un nuevo y enigmático fósil de otro animal marino que compartió época con ellos.

Se trata de un filtrador de alimento con forma de tulipán, que habitó lo que hoy es el Antimony Canyon, en el norte de Utah, E.E.U.U.  El animal vivía en zonas de sedimento blando y se anclaba la sedimento con su tallo, gracias al cual filtraba el agua para obtener microplancton y otros alimentos, mientras que el cáliz o parte superior los digería con un tracto digestivo bastante primitivo y extraño.

El fósil de la nueva especie, descrita como Siphusactum lloydguntheri, es el ejemplar más temprano de un filtrador de alimento aislado que se ha encontrado en América del Norte, según ha destacado Julien Kimmig, gerente de colecciones de Invertebrate Paleontology en el Biodiversity Institute e investigador de la paleoecología de Utah e Idaho que localizó el cazador de fósiles Lloyd Gunther.

La preservación de los tejidos blandos de la pizarra cambriana está permitiendo conocer el mundo de la vida temprana, y nos revela que su diversidad era muy elevada, y que casi todos los animales que habitan hoy entre nosotros tienen un antepasado que ya se había desarrollado en estos tiempos tan remotos.

El estudio ha sido publicado en Journal of Paleontology.

La ruptura de un colosal iceberg expone un ecosistema antiguo y misterioso

Una nueva plataforma de billones de toneladas de hielo se ha desprendido de la Antártida, adentrándose en el Océano Austral. A pesar de las implicaciones geoambientales que lleva consigo el desprendimiento de uno de los icebergs más grandes jamás registrado, este desprendimiento ha dejado a la vista un nuevo ecosistema al que nunca antes se había tenido acceso, pues quedaba escondido justo debajo. Ahora, mientras el témpano de hielo comienza su viaje rumbo norte, deshaciéndose lentamente, detrás de él queda un ecosistema antiguo y desconocido que reaparece de entre las sombras a condiciones marinas abiertas.

El desprendimiento del iceberg, conocido como A68, ha dejado un área expuesta de 5.818 km 2 que lleva sin ver la luz del Sol cerca de 120.000 años, según los cálculos de los biólogos del centro British Antarctic Survey (BAS). Los científicos consideran la zona un auténtico tesoro, y por ello un acuerdo internacional da protección especial a este área limítrofe de la plataforma Larsen C, designada ya como un Área Especial de Estudio Científico. Investigadores del Instituto Británico para la Investigación Polar y Marítima; del Instituto de Investigación Polar y Marino de Alemania; y del Instituto Coreano de Investigación Polar, llevarán a cabo expediciones biológicas al área expuesta. Según informa Nature News, alcanzarán la zona en 2019, cuando sea seguro navegar allí. Nos mantendremos expectantes ante los descubrimientos que nos ofrezca la fría región austral.

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Hallan en Canadá las huellas más antiguas de vida en la Tierra

Según los datos actuales, la Tierra se formó hace unos 4.600 Millones de años. En aquél entonces, era una masa ardiente que carecía de atmósfera y que recibía impactos constantes de asteroides y otros cuerpos en la era conocida como “el gran bombardeo”. Teniendo en cuenta todo esto, la aparición de la vida en su superficie una vez empezó a enfriarse y a generar una atmósfera primigenia, fue, en términos geológicos, casi instantánea.

Con las pruebas registradas hasta la fecha, se creía que el despertar de la vida sucedió hace 3.770 Millones de años. Sin embargo, científicos de la Universidad de Tokio en Japón, han analizado las rocas sedimentarias en Labrador, Canadá, revolucionando lo que se conocía sobre el inicio de la vida en la Tierra. La investigación, publicada en Nature, asocia ahora el inicio de la vida hace 3.950 Millones de años, en un infernal escenario en el que la Tierra aún estaba siendo bombardeada por cometas, apenas tenía oxígeno y su atmósfera ejercía una presión hasta 100 veces mayor que la actual.

El equipo ha descubierto evidencias de vida simple, sometiendo el grafito del interior de las rocas sedimentarias a alta presión y calor. El resultado demuestra que el grafito estudiado era biogénico, lo que significa que se creó a partir de un origen biológico en lugar de por procesos geológicos. Todavía no se conoce al organismo responsable de su creación, pero se especula con algún tipo de planta unicelular capaz de realizar la fotosíntesis.

“Nuestro descubrimiento ha roto sustancialmente el récord del inicio del a vida en la Tierra” informa Tsuyoshi Komiya, coautor del estudio. “Esta información ayuda al estudio del origen de la vida y sus inicios tempranos, que posiblemente tenía una morfología simple, indistinguible de los productos inorgánicos”.

Con estos nuevos datos, cabe reflexionar si el surgimiento de la vida sobre los planetas es más común de lo que creíamos, pues hallándose en condiciones tan desfavorables se abre camino.

Beelzebufo, la rana del infierno que se alimentaba de dinosaurios

Un equipo internacional formado por científicos de la Universidad de Adelaida, Australia, la Politécnica del Estado de California-Pomona, la Universidad de California-Riverside y del University College de Londres, acaba de analizar la mordedura de una rana gigante ahora extinta que vivió durante el período Cretácico hace unos 68 millones de años y ha concluido que su potencia podía acabar con la vida de dinosaurios de pequeño tamaño.

El estudio, muy llamativo, se ha hecho a partir de los restos fosilizados de un ejemplar fósil hallado en Madagascar, el cual estaba provisto de poderosos dientes y mandíbulas. El ejemplar habría pesado en vida 4,5 kg y podría haber superado los 40 cm de longitud. Los investigadores analizaron la fuerza de su mordedura, que es similar a la de algunos mamíferos depredadores. Con la ayuda de ranas cornudas del género Ceratophrys que viven en la actualidad en Sudamérica y cuyas presas alcanzan su propio tamaño, siendo éstas otras ranas, serpientes y roedores, el equipo determinó que la gran desproporción entre el tamaño del cuerpo y la enorme cabeza y su conocida voracidad, habrían permitido emboscar animales de su propio tamaño para su alimento, entre los que se encontraban los dinosaurios.

El estudio, publicado en la revista Scientific Reports, mide la fuerza de estas ranas tropicales actuales en un experimento a escala, concluyendo que pueden morder con una fuerza de 30 newtons o alrededor de 3 kg. Basándose en esta relación, han estimado que la rana gigante extinta Beelzebufo pudo haber tenido una mordida comparable a lobos y tigres actuales. “Con esta mordedura tan fuerte habría sido capaz de someter a los dinosaurios pequeños y juveniles que compartían su ambiente”, afirma Marc Jones, biólogo investigador de la Universidad de Adelaida.

A diferencia de la gran mayoría de las ranas que tienen mandíbulas débiles y consumen pequeñas presas, las poderosas mandíbulas de las ranas de este grupo poseen una fuerza que juega un papel crítico en agarrar y dominar a la presa, a la que o sueltan una vez atrapan.

Esta es la primera vez que se mide la fuerza de mordedura en ranas, y el resultado va a servir no solo para el mejor conocimiento de la rana del infierno de la era de los dinosaurios, sino también para conocer mejor a las Ceratophrys  actuales.

Formas diminutas de pterosaurios del Cretácico reescriben la historia

Sin embargo, y contradiciendo la imagen general que se tiene tanto de los dinosaurios, como de este otro  grupo de reptiles prehistóricos al que nos referimos, existieron muchas formas intermedias e incluso enanas muy diversificadas y que presentaban curiosas adaptaciones a su entorno. En concreto, se ha localizado un fósil de pterosaurio del tamaño de un gato doméstico en la isla Hornby en Canadá, cuya anatomía podemos ver tanto en la ilustración de portada como en la imagen inferior.

pterosaurio

Lo más importante de este curioso descubrimiento es que contradice la visión aceptada de que los pterosaurios del final del Cretácico que prevalecieron fueron los de gran tamaño, habiéndose extinguido las formas pequeñas. El ejemplar, de una antigüedad de 83 a 72 millones de años, obliga a reescribir lo que se conocía de este grupo de reptiles voladores y a desechar las teorías de que los pterosaurios que no alcanzaron grandes dimensiones fueron sustituidos por las aves que comenzaban a dominar el cielo.

Ha sido Elizabeth Martin, paleobióloga y principal autora del estudio, quien ha confirmado que no se trata de una cría o un ejemplar juvenil, y ha llamado la atención sobre la dificultad que existe de que los huesos de pterosaurios de pequeño tamaño se encuentren fosilizados, debido a las características especiales que esos huesos muy ligeros tenían para el vuelo.  Por ello, este ejemplar no está en buen estado de conservación, de modo que todavía no se ha podido saber con precisión a qué grupo de pterosaurios pertenecía. El estudio ha sido divulgado en el Royal Society Open Science,