Este fue el primer gigante del planeta

Investigadores argentinos del Imcn y del Conicet han encontrado un nuevo especimen de dinosaurio en el yacimiento de Balde de Leyes, San Juan. Es el primer dinosaurio gigante que habitó la tierra, y lo hizo 30 millones de años antes de lo que se creía.

Este saurópodo, bautizado como Ingentia prima, o “primer gigante”, es hasta tres veces mayor que sus hermanos considerados gigantes del período Triásico. Su tamaño podía haber alcanzado los diez metros y su masa corporal las diez toneladas, que si bien queda lejos de los treinta metros y setenta toneladas que alcanzaron los grandes saurópodos posteriores, ya empieza a despuntar y a caracterizarse sobre el resto de dinosaurios de su entorno que apenas llegaban a los dos metros y las tres toneladas de peso.

El descubrimiento es de vital importancia, dado que retrocede de los 180 a los 210 millones de años la aparición del gigantismo en los dinosaurios y muestra una estrategia evolutiva desconocida hasta el momento. Así, los cortes óseos del dinosaurio han mostrado un  tipo de tejido diferente, que le permitía un crecimiento estacional y muy rápido. Gracias a unas “cavidades neumáticas” quedaba aliviado su peso y favorecido su crecimiento. Así pues, gracias al hallazgo de este juvenil que pesaría como tres elefantes africanos, podemos remontarnos al final del Triásico en lugar de al pleno Jurásico para establecer el considerable aumento de tamaño de los saurópodos.

El hallazgo ha sido publicado en la revista Nature Ecology & Evolution.

 

Jurassic World es real: Los millonarios están comprando dinosaurios

El mundo de la ciencia paleontológica está consternado con la creciente moda de las casas de subastas. El creciente comercio de fósiles de dinosaurios a través de pujas millonarias deja a la ciencia huérfana de muchos especímenes que aportarían un mayor conocimiento del mundo perdido.

En la película de Jurassic World II podemos ver cómo personas poderosas y pudientes pujan por adquirir ejemplares de dinosaurios aterradores o únicos, con fines más o menos nobles. En la actualidad, no estamos tan alejados de esa escena, que nosotros consideramos una crítica al comercio ilegal de fósiles.

Los paleontólogos creen que un fósil vendido a un comprador privado es un fósil perdido para la ciencia, y el último caso ha sido especialmente doloroso. Hace pocas semanas, en París, una casa de subastas anunció con un trabajado vídeo, más similar a una película de Hollywood que a una muestra informativa, la maravillosa criatura que tenía preparada para los bolsillos más hinchados. Un impresionante dinosaurio carnívoro desconocido hasta ahora, podía ser visitado en la Torre Eiffel antes de la subasta. El animal, que caminaba por Wyoming en el Jurásico tardío, hace unos 155 millones de años, era un adulto muy similar al Allosaurus, y medía 9 metros de longitud. Sus restos fósiles estaban en perfecto estado de conservación. Casi el 70% de su estructura ósea está conservada debido a que el dinosaurio cayó en un río y sus huesos no se comprimieron durante el proceso de fosilización. El espécimen, a tenor de su dentadura y su osamenta inusual, habría supuesto el hallazgo de una nueva especie no descubierta hasta ahora.

Desgraciadamente, los museos y los investigadores operan con bajos presupuestos para desarrollar su trabajo, y es por ello que cuando se producen estas pujas por los restos fósiles de animales extintos, es muy poco probable que los ejemplares acaben a buen resguardo. Por el contrario, terminan siendo objeto de pujas millonarias y acaban en manos privadas, donde sus nuevos dueños hacen el uso de ellos que suelen desear: exponerlos como trofeos extravagantes para asombrar a sus invitados.

Este último caso no es único. El pasado mes de abril, una casa de subastas vendió por 1,4 millones de euros a un Allosaurus juvenil, que habría aportado a la ciencia interesante información sobre el crecimiento de los terópodos.

Las casas de subastas se frotan las manos ante el interés que despiertan los dinosaurios entre los millonarios, y no dudan en presentar sus adquisiciones con palabras sugerentes como “animal de características únicas”. Esas características únicas habrían hecho de esos fósiles importantísimos objetos de estudio que revertirían en un mayor conocimiento del mundo en el que vivimos. Sin embargo, sólo podemos leer esos anuncios y protestar internamente, sintiendo la tristeza del conocimiento que se pierde.

¡Nuevo dinosaurio descubierto en Chile!

Una expedición paleontológica organizada por científicos del Instituto Chileno Antártico (Inach) ha encontrado los restos de un dinosaurio semiarticulado en Cerro Guido, en la región chilena de Magallanes. El yacimiento se está investigando desde hace siete años, pero ha sido en esta campaña cuando el equipo ha encontrando un ejemplar fósil de dinosaurio semiarticulado, el primer hallazgo de este tipo en la región.

El ejemplar, que ha sido considerado como una nueva especie, será objeto de estudio en las próximas semanas, y podría aportar nuevos datos sobre la anatomía de estos animales extintos, dado que en parte se conserva articulado y preserva gran parte del esqueleto. Además, este dinosaurio podría otorgar más información acerca de la conexión entre la Antártica y Suramérica durante el Cretácico.

El yacimiento precisamente es clave porque sirvió como un “corredor” o “aduana temporal” entre ambos continentes, tal y como explica el paleobiólogo Marcelo Leppe, director del instituto. Por ello se están investigando con especial interés otros fósiles hallados junto a este dinosaurio, que completarían la biodiversidad de la región, siendo mamíferos, lagartos, peces y reptiles marinos, además de seis tipos diferentes de flora.  La interacción global entre especies en esta zona todavía debe entenderse mejor, pues posee una alternancia entre ambientes marinos y continentales y presenta muchas singularidades que los científicos aún están investigando.

El pingüino enano de hace 34 millones de años que convivía con gigantes

Durante el Eoceno existieron en la Antártida gran diversidad de pingüinos, algunos de ellos gigantes de más de 2 metros de altura que, sorpresivamente, convivieron con una especie diminuta de un tamaño cinco veces menor.

Investigadores del Museo de La Plata y del Instituto Antártico Argentino hallaron en la Isla Marambio, al oeste de la Península Antártica, un pingüino de tan solo 35 centímetros de altura. Los investigadores tomaron el húmero para comprobar si el espécimen tenía alguna patología que impidiese su crecimiento y descubrieron que era un pingüino adulto sano. Comparando su estatura con húmeros de más de 400 especímenes del Museo de la Plata, pudieron comprobar que el menor de ellos tenía el doble de estatura que este fósil tan especial.  Así, se ha podido identificar una nueva especie hasta ahora desconocida que ha sido llamada Aprosdokitos mikrotero, que significa “inesperado minúsculo”.

Este singular pingüino habitaba la zona hace unos 34 millones de años, conjuntamente con otros pingüinos  que también quedaron fosilizados y han sido rescatados en el mismo yacimiento en los niveles Submeseta III.

Los reptiles se mutilaban ellos mismos durante el Tirásico

Por todos es sabido que los lagartos, algunas serpientes y agamas modernas son capaces de desprenderse de su cola como mecanismo de defensa en caso de sufrir un ataque. La separación de la cola no supone  un riesgo para su vida, pues puede separarse entre una grieta ya existente o entre vértebras adyacentes, siempre volviendo a desarrollarse al poco tiempo, si bien no alcanza el tamaño original.

La paleontología se había preguntado en qué momento surgió este mecanismo de defensa, habiendo estudiado a  los reptiles prehistóricos Captorhinus, identificado lo que parecían ser grietas en las vértebras de la cola de algunos especímenes, pero no se había podido confirmar hasta ahora.

Ha sido un equipo de paleontólogos de la Universidad de Toronto, Canadá, dirigido por el profesor Robert Reisz, quien decidió estudiar a estos reptiles primitivos con mayor detalle. Gracias a la colección del Museo Real de Ontario, se pudo seleccionar 70 vértebras de Captorhinus de unos 289-286 millones de años, conjuntamente con vértebras de otros pararreptiles y sinápsidos coetáneos. Así, se ha podido determinar que existen grietas entre la sexta, séptima u octava vértebra de la cola, como sucede con los lepidosaurios modernos. El equipo también descubrió que la separación de la cola ante un ataque de depredadores era más fácil para los reptiles juveniles, ya que tenían grietas bien formadas para huir con mayor eficacia y poder así llegar a la edad adulta.

En la imagen, vertebras de la cola con las características grietas.
A. R. H. LeBlanc et al. / Scientific Reports, 2018

A pesar de haber identificado claramente en los captorínidos las grietas que permitían esta estrategia de defensa, el equipo científico no encontró ninguna grieta en las vértebras de otros grupos de reptiles y sinápsidos coetáneos que también formaban parte del estudio. Es por ello que se ha concluido que los Captorhinus fueron el primer grupo de reptiles que aprendió a separar su cola. Al extinguirse este grupo de reptiles hace unos 251 millones de años, es probable que este rasgo desapareciera con ellos, hasta que volvió a desarrollarse como estrategia evolutiva nuevamente en los lepidosaurios modernos. El estudio ha sido publicado en Scientific Reports.

La cría de dinosaurio carnívoro mejor conservada del mundo

Después del descubrimiento del dinosaurio adulto mejor conservado del mundo, y con las últimas noticias de nuevos descubrimientos de ejemplares herbívoros en condiciones extraordinarias de conservación, queremos recordar un llamativo descubrimiento que tuvo lugar en Alemania. Con el 98% del cuerpo conservado, esta cría de un año de edad y 72 centímetros de longitud es la más completa encontrada hasta la fecha.

El hallazgo, de por sí ya extraordinario, pues la preservación de crías es extremadamente rara, muestra además restos de piel e incluso de pelo. Oliver Rauhut, comisario de la Colección de Paleontología y Geología de Baviera y jefe del equipo científico que encontró el ejemplar, afirmó que no está clara la filiación del animal, siendo un carnívoro bípedo que vivió hace 135 millones de años.

Los trabajos del equipo de paleontólogos duraron cerca de dos años, terminando en 2011 y obtuvieron una importante recompensa: este fósil es todavía considerado como el segundo en relevancia hallado en suelo alemán después del Archaeopteryx.

El desierto del Sáhara ofrece al mundo un nuevo dinosaurio perfectamente conservado

La evolución de los dinosaurios del final de la era de estos animales en África era, hasta ahora, un misterio, debido en parte a la frondosa vegetación de algunas zonas que dificultaba el trabajo de búsqueda de restos fósiles. Si bien se iban localizando dinosaurios que ayudaban a entender su evolución, todavía quedaban muchas incógnitas sin resolver. Ahora, con el nuevo descubrimiento del desierto egipcio, comienzan a despejarse esas lagunas.

Un equipo de científicos dirigidos por Hesham Sallam del departamento de Geología de la Universidad de Mansoura ha descubierto en el desierto del Sáhara, en Egipto, una nueva especie de dinosaurio herbívoro titanosaurio de tamaño moderado, con cuello largo y placas óseas incrustadas en su piel, al que han llamado Ansourasaurus shahinae.

La extraordinaria buena conservación del fósil le ha convertido en un ejemplar clave para abordar temas resbaladizos sobre el registro fósil y la paleobiología en África, y mostrando, como afirma Gorscak, que los últimos dinosaurios de África no estaban completamente aislados y mantenían conexiones con Europa. Esta estrecha relación de Mansourasaurus con titanosaurios coetáneos eurasiáticos indica que la dispersión terrestre de vertebrados ocurrió entre Eurasia y el norte de África después de la separación tectónica de este último de América del Sur, hace unos 100 millones de años. El estudio, publicado en la revista Nature Ecology and Evolution, contradice así la hipótesis de que las faunas de dinosaurios de la parte continental africana estaban completamente aisladas durante el Cretácico posterior al Cenomaniense.

Descubierta una extraña araña con cola que convivió con los dinosaurios

El período Cretácico se está revelando como un período verdaderamente terrorífico en lo que a creación de criaturas se refiere. Y no estamos hablando de los extraños dinosaurios que desarrollaron todo su esplendor y diversidad en aquél tiempo, sino de los extraordinarios insectos que vivieron entre ellos.

Un equipo internacional liderado por investigadores del Instituto Paleontológico y el Departamento de Geología de la Universidad de Kansas (EE.UU.) ha encontrado cuatro ejemplares de una extraña especie de arácnido que vivió hace 100 millones de años y que presenta una característica única que no conserva ninguna araña actual: una larga cola o flagelo conservado perfectamente en el ámbar de Myanmar, Birmania, y que podría tener fines sensoriales y funcionar como las antenas. Este arácnido, que mide unos 5,5 milímetros de longitud corporal, ha recibido el nombre de Chimerarachne, tomado de la Quimera, esa criatura mitológica griega compuesta de varios animales.

El estudio, publicado en  Nature Ecology & Evolution confirma que esta especie es intermedia entre las arañas primitivas que carecían de hileras de producción de seda y las posteriores que perdieron la cola y ya poseían órganos de rotación. Es poco probable que Chimerarachne produjera seda, pero ya tenía las hileras de producción  desarrolladas.

El hábitat en el que vivió esta araña era muy similar al actual en Myanmar, siendo una selva tropical, lo que hace creer a los autores del estudio que siendo una criatura tan pequeña y estando muchas regiones todavía poco estudiadas, aún puedan quedar especímenes vivos en la actualidad.

Hallan el primer dinosaurio “anfibio” del mundo

Después de que Nizar Ibrahim y Paul Sereno sorprendieran al mundo al reinterpretar el verdadero aspecto del Spinosaurus, ahora un nuevo descubrimiento demuestra que tal vez no era tan extraña la adaptación de los dinosaurios al medio acuático, que durante tantos años se creyó ajeno a sus hábitos.

El conocido comerciante de fósiles François Escuillie localizó el fósil de esta extraña criatura que había sido desentarrado y vendido en el mercado negro y lo entregó a Pascal Godefroit, paleontólogo del Real Instituto Belga de Ciencias Naturales, quien alertó a Andrea Cau, coautor del estudio y quien bautizó al nuevo dinosaurio como Halszkaraptor escuilliei.

El fósil se perfiló rápidamente como uno de los más extraordinarios hallado jamás, tan diferente a los demás, que en un principio se pensó que se trataba de un montaje. “Lo que es muy especial es que se ve muy extraño. No se parece a ningún otro dinosaurio que conozcamos hasta ahora”, comenta el paleontólogo Vincent Fernández, del Centro Europeo de Radiación Sincrotrón en Grenoble, Francia, coautor del estudio junto con Andrea Cau, paleontólogo de vertebrados en el Museo Geológico y Paleontológico de Bolonia, Italia.

El ejemplar, pariente cercano del velociraptor y que se clasifica en el suborden de los terópodos, pertenece a una especie nunca antes vista que vivió entre hace 75 millones y 71 millones de años en lo que ahora es Mongolia. Su aspecto es muy similar al de un cisne con patas y cola muy largas, y se cree que pudo haber nadado de manera similar a como los hacen los pingüinos actuales, ayudado por sus aletas. Del mismo modo, caminaría por tierra con las patas palmeadas, como los anseriformes actuales. Sus dientes pequeños aparecen curvados hacia atrás como los de un cocodrilo, lo que le permitía atrapar peces pequeños, y su pico lo ayudaría a navegar a través de las aguas de los ríos.

“Cuando sumamos todas las [características] muestra que se trataba de un animal anfibio: podía correr en tierra, ya que imaginamos a los dinosaurios corriendo y, además, podía entrar al agua”, explica Fernández.

Algunos científicos, sin embargo, todavía no se han convencido de su autenticidad. “Es un fósil impresionante”, ha comentado Stephen Brusatte, paleontólogo de la Universidad de Edimburgo “Solo tengo algunas dudas persistentes sobre si todo es un verdadero esqueleto […] Lo que despierta mi curiosidad es que el cuerpo realmente se parece a un dromaeosaurio, un dinosaurio raptor, y la cabeza realmente se ve como un alvarezsaurio, ese es otro tipo de dinosaurio pequeño”.

Descubierto el primer dinosaurio del color del arcoiris

Pocas veces se conservan sobre un fósil las pistas adecuadas que permiten averiguar el color de un animal extinto, pero cada vez tenemos más datos que nos acercan a comprender cómo eran los animales que no han llegado hasta nuestros días, como es el caso del verdadero color del Tyrannosaurus rex, recientemente resuelto.

Ahora es el turno de un pequeño dinosaurio aviano que habitó la tierra hace unos 161 millones de años. Sus restos fósiles fueron encontrados por un campesino en la provincia de Hebei, en China, y estaban casi completos y en muy buen estado de conservación, manteniendo las impresiones de sus plumas alrededor de su cuerpo. Desde el año 2014 en que fue descubierto, los científicos han podido estudiarlo con detenimiento hasta el día de hoy, indagando en sus extraños rasgos, en su cresta ósea y su curioso plumaje iridiscente. A pesar de que los colores estaban muy apagados, el fósil aún conservaba restos suficientes de los melanosomas para reconstruirlo. Así, los científicos han podido deducir que el aspecto de este dinosaurio era multicolor en la zona de su cuello, algo similar al aspecto de los colibríes actuales.

Debido al descubrimiento de su llamativo aspecto, este pequeño dinosaurio ha sido llamado Caihong juji, lo que significa “arcoíris con gran cresta”.

“Su combinación de rasgos es inusual” explica Julia Clarke, de la Universidad de Texas en Austin y coautora del estudio “tenía aspecto de Velociraptor y un cráneo alargado con un abundante plumaje y una gran cola como un abanico. Un dinosaurio realmente fantástico… o quizá espeluznante dependiendo de la perspectiva”.

Además de estos rasgos llamativos, que podrían ser la primera vez que aparecían en un dinosaurio, el equipo de investigadores también ha destacado que este dinosaurio es el más antiguo hasta la fecha que presenta plumas asimétricas, un tipo de plumas que se encuentran en las aves modernas en los extremos de las alas y que ayudan a controlar el vuelo, aunque este dinosaurio las tenía en la cola. De nuevo estamos ante un descubrimiento que reincide en la teoría de que los primeros pájaros volaban de manera diferente de los de hoy en día, y que tal vez, como sugiere Xing Xu, de la Academia China de las Ciencias y también coautor del estudio, parece que “el control del vuelo primero debió de evolucionar con las plumas de la cola”.

La descripción científica del espécimen ha sido ya publicada en Nature Communications.