Encontrado el cangrejo “moderno” más antiguo del mundo

La mayoría de cangrejos que pueblan las aguas actuales pertenecen a los crustáceos decápodos eubraquiuros, y sus características modernas distan de las primitivas fundamentalmente en los órganos reproductores que permiten la más efectiva fecundación interna. Esta característica ha sido hallada en un fósil de unos 93 millones de años en el norte de Guadalajara, España.

Este crustáceo bautizado como Eogeryon elegius vivió a comienzos del Cretácico superior en aguas poco profundas en el Canal Ibérico que conectaba lo que hoy es el Océano Atlántico con el actual Mar Mediterráneo. La morfología de este ejemplar es muy avanzada, en particular su parte ventral y se asemeja a los actuales portunoideos (como las nécoras actuales). Posiblemente provino de formas avanzadas anteriores desconocidas en el registro fósil actual y derivó en otras formas más derivadas y diversificadas. El espécimen ha sido acomodado en una nueva familia para ubicar a esta forma intermedia: Eogeryonidae.

El excepcional hallazgo, que sitúa los orígenes de los cangrejos eubraquiuros mucho antes de lo que se conocía y que aporta nuevas perspectivas sobre la evolución de este grupo de crustáceos, ha sido publicado en el Boletín de la Sociedad Geológica Mexicana.

 

Tortuga gigante que existe desde hace 100 millones de años aparece en una playa española

Una extraordinaria tortuga se ha encontrado varada en una playa de Calella, en Barcelona, midiendo aproximadamente 2 metros y pesando unos 700 kg. La tortuga, que ha aparecido muerta, pertenece a la especie Dermochelys coriacea, la mayor tortuga marina del mundo en la actualidad, que suele vivir en aguas tropicales y subtropicales.

Este hallazgo es sorprendente ya que en 2.000 años se han registrado menos de diez en todo el Mediterráneo, y ésta es la segunda en un mes que puede verse en la zona, por lo que su presencia, según afirma el biólogo Pere Alzina, podría podría significar que la región está siendo un lugar de nidificación de tortugas laúd.

Antes de mostraros el vídeo que recoge el traslado de los restos de la tortuga para su investigación científica, queremos mostraros algo más sobre este especie, su recorrido en el tiempo y recordaros la importancia de mantener los ecosistemas para la perduración de las especies.

Las tortugas Dermochelys existen en nuestro planeta desde hace más de 100 millones de años, teniendo una larga historia evolutiva que se remonta al Cretácico superior de América del Norte y Japón, lo que las hizo convivir con los dinosaurios. Fue durante el Eoceno medio (hace entre 56 y 34 millones de años) cuando estas tortugas fueron reduciendo drásticamente su caparazón, que fue reemplazado por una coraza dérmica formada por osículos de naturaleza epitecal.  A pesar de que la familia Dermochelydae fue un grupo próspero y altamente adaptado a la vida marina, en la actualidad tan sólo queda como estandarte la especie Dermochelys coriacea. En ella aún perviven algunos caracteres primitivos y su tasa metabólica es apróximadamente 3 veces mayor que los reptiles de su tamaño actuales, siendo más similar a los reptiles prehistóricos. La manera en que regula su temperatura también se ha asociado a otros reptiles de gran tamaño, que a pesar de ser ectotermos, se consideran gigantotermos, teniendo una mejor capacidad para mantener una temperatura constante.

Esta tortuga sólo se acerca a las playas a poner huevos, el resto de su vida permanece bajo el mar, a gran profundidad, mucho más que el resto de tortugas marinas. Se alimenta principalmente de medusas, regulando desde la prehistoria la población de estos Cnidaria y permitiendo así la expansión de los peces.

Ahora sí, os dejamos el vídeo del hallazgo de este extraordinario reptil que hoy está en peligro de extinción, sobretodo por la asfixia, al confundir las bolsas de plástico con medusas que son su fuente de alimento, y también por la extracción de petróleo que destruye sus nidos y por la utilización de las playas por los humanos.

10.000 años antes que Altamira: Nuevas e inquietantes pinturas rupestres en Cantabria

La particular orografía de Cantabria (España) ha engendrado miles de cavidades rocosas que habitaron los antiguos moradores de la región hace miles de años y que han situado a esta región en la cabeza del arte rupestre mundial en cuanto a arte paleolítico se refiere.  Hasta ahora, el conjunto de Altamira, que fue pintado hace 15.000-12.000 años, se ha considerado la cavidad con pintura rupestre más antigua de la zona creada por humanos modernos, pero un nuevo estudio ha dado una sorpresa mostrando al mundo la existencia de cuatro nuevas cavidades con pinturas aún más antiguas y muy diferentes.

Roberto Ontañón, responsable de Museo de Prehistoria de Cantabria, ha dirigido el equipo de investigadores que acaba de localizar las nuevas pinturas, gracias a nuevas técnicas de fotometría y de imagen, que han permitido sacar a la luz lo que hace veinte años se sospechaba: la existencia de manifestaciones artísticas prehistóricas en su interior.

Las pinturas encontradas datarían de hace 30.000-20.000 años, y están en el interior de las cuevas de El Rejo en Val de San Vicente; Los Murciélagos en Entrambasaguas; Las Graciosas I y II en Medio Cudeyo; y Solviejo en Voto.

El estilo es completamente diferente al de Altamira, siendo de la época premagdaleninse o gravetiense. Los trazos son en su mayoría hileras de puntos o puntos aislados de color rojizo y ocre. Llama la atención que en algunos casos, con el seguimiento de los puntos, se pueden formar figuras de animales, por lo que estas manifestaciones parecen más complejas de lo que a priori aparentan.

Ha sido la Consejería de Educación, Cultura y Deporte de Cantabria quien puso en marcha el proyecto que ha permitido este hallazgo, y a pesar de llevar un año vigente, todavía queda por delante un tiempo para continuar con las investigaciones en la región, por lo que no se descartan nuevos hallazgos.

 

 

Morelladon beltrani, nueva especie de dinosaurio ornitópodo de Castellón

De nuevo, la provincia de Castellón suma otro relevante hallazgo paleontológico en apenas una semana. En esta ocasión, la localidad de Morella es la protagonista con una nueva especie de dinosaurio: Morelladon beltrani. Este herbívoro vivió en la región hace unos 125 millones de años, durante el Cretácico Inferior. Este ornitópodo se caracteriza por tener unas espinas neurales muy altas en las vértebras dorsales, que podrían haber sustentado una especie de vela o joroba. Es el segundo dinosaurio descrito en la Comunidad Valenciana tras el Losillasaurus giganteus en 2001.

El material descrito de esta nueva especie está compuesto por los restos del esqueleto de un único individuo, en concreto de parte de la región dorsal y sacra, la pelvis y parte de la extremidad posterior. El análisis de estos fósiles, descubiertos en 2013 en la Formación Arcillas de Morella, se ha publicado en PLOS ONE bajo el título “A New Sail-Backed Styracosternan (Dinosauria: Ornithopoda) from the Early Cretaceous of Morella, Spain” y es fruto del trabajo de los investigadores José Miguel Gasulla y José Luis Sanz (Universidad Autónoma de Madrid) y Fernando Escaso, Iván Narváez y Francisco Ortega (Universidad Nacional de Educación a Distancia), quienes ya han descrito otras nuevas especies cretácicas en 2015, como el Lohuecosuchus megadontos.

Vértebra dorsal de Morelladon beltrani. JMG.

Vértebra dorsal de Morelladon beltrani. JMG.

Con sus 6 metros de longitud y 2,5 metros de altura, Morelladon beltrani podría haber usado su “vela” para regular su temperatura corporal o para almacenar grasa y así soportar períodos de escasez de alimentos. Pero no se han conservado tejidos ni grasa, por lo que son sólo conjeturas. La joroba también podría haber servido para que los carnívoros la mordieran primero en vez de atacar directamente a los órganos importantes. O quizás servía para atraer a las hembras o para marcar la jerarquía en la manada…

Lo que sí se sabe gracias a este nuevo hallazgo es que la diversidad de los iguanodóntidos (Styracosterna) de tamaño medio en el sur de Europa hace 125 millones de años era más amplia de lo que se pensaba. Previamente, en esta zona de Europa se conocían restos de Iguanodon bernissartensisMantellisaurus atherfieldensis de la misma época, con características similares.

El Ayuntamiento de Morella ha anunciado que los fósiles del dinosaurio hallado en su territorio se expondrán en la Sala del Consell a partir del próximo 3 de enero.

Castellón suma seis nuevos yacimientos de dinosaurios gracias a los hallazgos en Portell de Morella

El término de Portell de Morella (Castellón) alberga 17 yacimientos de dinosaurios tras el descubrimiento de seis nuevos enclaves. Entre ellos, se encuentran los restos más antiguos de la provincia de Castellón, con una antigüedad de 128-129 millones de años. Así lo dieron a conocer ayer el paleontólogo Andrés Santos y el alcalde de la localidad, Álvaro Ferrer, en una rueda de prensa donde el Ayuntamiento se comprometió a conformar una colección museográfica que permitirá exponer los fósiles (con un presupuesto de 60.000 euros de fondos propios).

Hasta ahora se conocían once yacimientos, pero los trabajos llevados a cabo por miembros del Grup Guix de Vila-real y la Universitat de València han dado como resultado la localización de seis nuevos yacimientos con huesos de dinosaurios. Portell se convierte así, tras el término de Morella con 22 yacimientos, en el territorio castellonense con más puntos donde se conservan huesos de, al menos, dos tipos de ornitópodos, dos tipos de terópodos y, seguramente, un gran dinosaurio del grupo de los saurópodos. Algunos de los restos óseos de Portell (como la mandíbula de la imagen superior) son más antiguos que los conocidos hasta la fecha en Morella o Cinctorres, que están fechados hace 125 millones de años.

Ahora queda seguir realizando excavaciones en profundidad de estos yacimientos y continuar investigando la zona en busca de nuevas pistas del pasado, siempre que la Conselleria de Cultura no se demore a la hora de dar los permisos, según comunican desde el Consistorio.

La comarca de Els Ports, que limita con Teruel, tiene ya 61 yacimientos localizados, aunque no siempre se trata a los restos paleontológicos con el cuidado que debiera, como ya expresó su preocupación el Ayuntamiento de Morella este verano.

Xenokeryx amidalae, un nuevo antepasado español de las jirafas con tres cuernos

La reina Amidala vivió en la Península Ibérica… o mejor dicho un antepasado de las jirafas cuya cornamenta en forma de “T” recuerda al peinado de este personaje de ficción de la saga Star Wars. Un equipo integrado principalmente por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha estudiado un conjunto de fósiles de un paleoméricido (en griego “rumiante antiguo”) procedente del yacimiento mioceno de La Retama (Cuenca), con unos 16 millones de años de antigüedad. Los restos de este herbívoro, bautizado como Xenokeryx amidalae (“cuerno extraño de Amidala”), han permitido determinar que el linaje de los paleomerícidos es hermano del de las jirafas y no de los ciervos, como se pensaba.

Los paleomerícidos fueron unos extraños ungulados que vivieron durante el Mioceno, hace entre aproximadamente 17 y 11 millones de años. Fueron animales exclusivamente euroasiáticos que se extendían desde la Península Ibérica hasta lo que hoy es China. Se podrían describir como una especie de mezcla entre ciervos y jirafas. “Nuestros resultados señalan que ambos grupos de rumiantes comparten un ancestro común que no lo es de ningún otro rumiante. Ambas líneas evolutivas, que juntas forman un gran grupo al que hemos llamado Giraffomorpha (los rumiantes con aspecto de jirafa), se separaron hace mucho tiempo, hace unos 27 millones de años. Xenokeryx no sólo nos ha permitido saber más acerca del grupo de rumiantes al que pertenece, los paleomerícidos, sino que además nos ha proporcionado datos de gran importancia acerca del origen y la historia temprana de la línea evolutiva de una de las familias de rumiantes más extrañas de la actualidad: las jirafas”, destaca Israel Sánchez, (investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid), según ha informado el CSIC.

Apéndice occipital de Xenokeryx. I.M.S.

Apéndice occipital de Xenokeryx. I.M.S.

Los machos de los paleomerícidos tenían grandes colmillos y un par de osiconos, un tipo especial de cuerno o apéndice craneal cubierto de pelo, sobre los ojos, igual que las jirafas actuales. Lo más extraño de su anatomía era una estructura ósea bifurcada que les sobresalía de la parte posterior del cráneo a modo de peineta. La función de este apéndice occipital sigue siendo un misterio para los paleontólogos. “A lo largo de los últimos años ha existido una tendencia a pensar que sus parientes más cercanos eran los dromomerícidos norteamericanos (ancestros de los ciervos), los otros rumiantes con moño. Un problema añadido a la complicada anatomía de los paleomerícidos es que su registro fósil es escaso y bastante fragmentario. Sus fósiles suelen aparecer en los yacimientos, pero es raro que sean abundantes”, explica el investigador.

Para analizar los datos anatómicos de Xenokeryx y comprobar cuál de las hipótesis evolutivas propuestas hasta ahora era la más acertada, los científicos han utilizado un análisis que compara la morfología de Xenokeryx y otros paleomerícidos con la de todos los grupos de rumiantes conocidos. Además, han añadido información de secuencias de ADN de los grupos actuales al modelo. El trabajo, publicado en PLOS ONE bajo el título “Systematics and Evolution of the Miocene Three-Horned Palaeomerycid Ruminants (Mammalia, Cetartiodactyla)”, propone que los apéndices craneales de los rumiantes aparecieron mucho antes del registro más antiguo. Otra novedad es que el pariente más cercano de los paleomerícidos, que sólo vivieron en Eurasia, es un rumiante africano llamado Propalaeoryx. “Por tanto, la relación histórica de los jirafomorfos con África es profunda y compleja, además de antigua”, concluye López Cantalapiedra, investigador en el Museo de Historia Natural de Berlín.

“El viaje de Arlo”: ¿cómo sería nuestra vida si los dinosaurios no se hubiesen extinguido?

Si en Jurassic World los humanos resucitaban a los dinosaurios, en El viaje de Arlo no es necesario, ya que parte de la premisa de que estas criaturas no se extinguieron hace 65 millones de años. Esta nueva películade Disney-Pixar acaba de estrenarse en España y en ella un Apatosaurus llamado Arlo se hace amigo de un niño cavernícola. Pero, ¿qué sería de nosotros si los dinosaurios no hubieran desaparecido?

“¡No se han extinguido!”, exclama Francisco Ortega, paleontólogo y profesor de Biología Evolutiva en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). “Tenemos unas 10.000 especies de dinosaurios conviviendo con nosotros, habitando los bosques y las ciudades, como mascotas, como alimento. De hecho, es difícil mirar al cielo y no ver un dinosaurio”, explica Ortega a Eva Rodríguez, del Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC).

Y así es. Las aves son los dinosaurios de la actualidad. Encogieron durante 50 millones de años para llegar a ser del tamaño de un pájaro. De hecho, representan un grupo muy especializado de dinosaurios que se han adaptado al vuelo. Pero en la película no se refieren a estos vertebrados voladores, sino a los extintos de gran tamaño, como tiranosaurios o ceratópsidos.

“Si no hubiese ocurrido una crisis de diversidad en el Cretácico muy probablemente los mamíferos no hubiesen tenido la posibilidad de evolucionar como lo hicieron y, seguramente, el proceso que conduce a la aparición de humanos no hubiera ocurrido”, argumenta el paleontólogo de la UNED. Después de la extinción de los dinosaurios no aviarios, los mamíferos placentarios se diversificaron enormemente. Entre el Paleoceno y el Eoceno inferior, en unos 10 millones de años aparecieron una veintena de linajes que incluyen a las formas ancestrales de todos los grupos modernos, desde murciélagos a sirenios, pasando por roedores, primates, caballos o elefantes.

“Con los dinosaurios presentes, quizá los mamíferos no habrían podido evolucionar del mismo modo que lo hicieron entonces, y también ‘quizá’ los primates no habrían podido aumentar de tamaño y dar lugar a formas con una arquitectura cerebral como la que poseen los representantes del linaje humano”, apunta Xabier Pereda Suberbiola, doctor en paleontología y profesor en la Universidad del País Vasco.

Más contundente se muestra el paleontólogo de la Universidad de Zaragoza José Ignacio Canudo: “Le debemos al meteorito, no lo dudes, que nosotros estemos aquí”. El científico explica que “los mamíferos convivieron con los dinosaurios durante cientos de millones de años, aparecimos en el registro fósil prácticamente a la vez. Lo que ocurría es que nuestros ancestros ocupaban un nicho ecológico más sencillo, eran pequeños y no lograban conquistar más allá del suelo o los ecosistemas más reducidos”.

Dinosauroide

A la izquierda, Dinosauroide imaginado por Dale Russell. RedHistoria

Puestos a imaginar, Luis Alcalá, director de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel–Dinópolis habla de la recreación mental ideada por científicos y conocida como dinosauroide. Esta pseudopredicción evolutiva, que apareció hace unos años, proponía la evolución hasta la actualidad de un dinosaurio pequeño, muy espabilado, con ojos y cerebro grande de finales del Cretácico, el Troodon. La reflexión acerca de ese reptil, que posiblemente tendría vista estereoscópica y bastante inteligencia, propone que si hubiera podido desarrollar el cerebro, probablemente habría acortado su cuello y no necesitaría la cola para hacer el balanceo hasta llegar –como pura ficción– a parecerse a un ser humano. “El juego intelectual sería, quizás, si los dinosaurios no se hubieran extinguido, algunos de ellos podrían haber sido bípedos, perdido la cola, desarrollado el cerebro y ser como los lagartos aquellos de la serie V”, dice Alcalá.

Siguiendo la lógica humana de adiestrar animales para nuestro beneficio, Francisco Ortega no cree que los humanos hubiesen tenido problemas en seleccionar variedades de dinosaurios herbívoros para su explotación ganadera o como animales de carga. “Si lo hemos hecho con algunos mamíferos, no veo problemas para hacerlo con algunos dinosaurios”. Esto se aplicaría también a las especies no domesticadas. De la misma forma que no es lo mismo tratar con un perro que con un tigre, las especies depredadoras que no hubiesen pasado por un proceso de domesticación serían incompatibles con otras especies e, incluso, con los humanos.

“Podemos imaginar el adiestramiento de algunos terópodos (carnívoros), al menos, de aquellos de tamaño pequeño a mediano como los ‘raptores’ de Jurassic World”, apunta Pereda, al que la escena de adiestramiento de esta película no le resulta muy creíble, según recoge la agencia SINC. “Amaestrar un raptor del tamaño de Deinonychus podría resultar tan complejo como domar tigres, leones u osos en los circos actuales”. “Tampoco sería raro que un velociraptor se coma al domador, a veces hay fieras que atacan”, añade el director de Dinópolis.

Hasta que algún científico resucite en la vida real a un dinosaurio, nos conformaremos con imaginar una convivencia amable con estos animales, como en “El viaje de Arlo”.

El paleoilustrador Sergey Krasovskiy logra el primer premio del VII Concurso de Ilustraciones Científicas de Dinosaurios

El Concurso de Ilustraciones Científicas de Dinosaurios 2015 que organiza la Fundación para el Estudio de los Dinosaurios en Castilla y León y el Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes ya tiene un ganador: Sergey Krasovskiy, con su obra “Dinosaurs of Burgos”. Este ilustrador ucraniano quedó segundo el año pasado y se ha alzado con el primer galardón, en esta ocasión, con una composición llena de vida y detalles.

También ha subido en la lista el artista ruso Nickolay Litvinenko, que logró un tercer puesto en la pasada edición y ahora se ha situado en segunda posición con “The last morning of titanium”.

El tercer premio ha sido para el italiano Francesco Delrio y su “Buitreraptor fishing”.

"The last morning of titanium" y "Buitreraptor fishing". Fundacion Dinosaurios Cyl

“The last morning of titanium” y “Buitreraptor fishing”. Fundacion Dinosaurios Cyl

Tanto estas como el resto de obras presentadas al concurso pueden verse en un álbum online de la Fundacion Dinosaurios Cyl. Además, desde el pasado 17 de noviembre, pueden verse los trabajos en una exposición en el Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes hasta el próximo febrero.

 

Hallan en Cuenca una nueva especie de cocodrilo cretácico con enormes dientes

Los investigadores del Grupo de Biología Evolutiva de la UNED Iván Narváez, Fernando Escaso, Adán Pérez-García y Francisco Ortega, junto a Christopher A. Brochu, de la Universidad de Iowa (EE.UU.), han definido una nueva especie de cocodrilo del Cretácico Superior gracias a los restos encontrados en el yacimiento de Lo Hueco (Cuenca). Lohuecosuchus megadontos fue un animal con un cráneo ensanchado provisto de dientes hiperdesarrollados. Miden unos cinco centímetros, el doble de lo esperado para un cráneo del tamaño de la nueva especie.

Este cocodrilo forma parte de un grupo extinto que habitó Europa durante el Cretácico y que se considera el pariente más cercano de los cocodrilos representados en la actualidad en todo el planeta. Los cocodrilos modernos están formados por tres grandes grupos: los aligatores y caimanes, los cocodrilos en sentido estricto y los gaviales. El antecesor común de todos los cocodrilos actuales convivió con los dinosaurios en algún momento del Mesozoico. “Curiosamente, la información más cercana de la que disponemos para reconstruir la historia temprana del origen de los cocodrilos actuales procede de otro pequeño grupo de cocodrilos que vivieron exclusivamente en Europa durante el Cretácico y que desaparecieron con la mayoría de los dinosaurios”, explica Francisco Ortega, coautor del artículo, publicado en la revista Plos One bajo el título “New Crocodyliforms from Southwestern Europe and Definition of a Diverse Clade of European Late Cretaceous Basal Eusuchians”.

Reconstrucción de Lohuecosuchus- Javier Godoy

Reconstrucción de Lohuecosuchus- Javier Godoy

Entre estos parientes se encuentra la nueva especie hallada por el equipo de la UNED. Hasta hace unos años se consideraba que muchos de los cocodrilos del Cretácico Superior de Europa Occidental estaban relacionados con el género Allodaposuchus, que habitó la zona de Rumanía. Ahora, gracias a los restos de Lo Hueco, se ha podido definir un nuevo grupo que incluye a Lohuecosuchus megadontos y algunas otras formas del Cretácico Superior de Francia y España. La nueva especie presenta una relación cercana con el Allodaposuchus, pero también muchas diferencias y caracteres (detallados en las conclusiones del estudio) que han podido ser identificados gracias a la cantidad de restos encontrados y su buena preservación.

El pasado marzo, PANGEA se hizo eco de un estudio sobre cómo era la vida de los dinosaurios, reptiles y otros animales en el Cretácico Superior de Lo Hueco.

Pliobates cataloniae, un nuevo primate del Mioceno con un nexo común entre gibones y humanos

Un equipo de investigadores del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont (ICP) ha descrito un nuevo género y especie de primate, Pliobates cataloniae, a partir de un esqueleto procedente del vertedero de Can Mata (en Cataluña). Los restos corresponden a una hembra adulta a la que los paleontólogos han llamado “Laia”. Pesaba unos 4-5 kilos, se alimentaba de frutos blandos, trepaba por las copas de los árboles y podía colgarse de las ramas. Tiene 11,6 millones de años y, en términos de parentesco, apenas precede la divergencia entre los homínidos (grandes simios antropomorfos y humanos) y los hilobátidos (gibones), por lo que tiene importantes implicaciones para reconstruir el último ancestro común de ambos grupos.

Hace 17 millones años, los hominoideos se separaron en dos ramas evolutivas. En una, los gibones; y en otra, los grandes simios: gorilas, chimpancés, orangutanes y humanos. La zona del vertedero catalán de Can Mata era hace 12 millones de años un bosque cerrado con un clima cálido y húmedo y temperaturas subtropicales, más elevadas que las actuales. Este ecosistema favoreció una gran diversidad faunística, como lo atestiguan las más de 75 especies de mamíferos encontrados en la zona y los 70.000 restos fósiles registrados de 2002 a 2014, según informan desde ICP.

Húmero, radio y cúbito de Pliobates cataloniae.ICP

Húmero, radio y cúbito de Pliobates cataloniae.ICP

Los análisis filogenéticos de los fósiles de “Laia”, entre los que destacan buena parte del cráneo y la dentición, y una parte del brazo izquierdo que incluye articulaciones del codo y la muñeca, revelan en Science (en el artículo Miocene small-bodied ape from Eurasia sheds light on hominoid evolution”) que la especie es posterior a la separación entre monos y antropomorfos, pero anterior a la separación entre gibones y homínidos.

El hallazgo cambia radicalmente el modelo aceptado hasta ahora sobre el ancestro de los hilobátidos y los homínidos, además de proporcionar pistas muy sólidas sobre el origen de los gibones actuales. “El origen de los gibones es un misterio debido a la falta de registro fósil, pero hasta ahora la mayoría de científicos pensaban que su último antepasado común con los homínidos debía ser de gran tamaño, ya que todos los hominoideos fósiles indudables encontrados hasta ahora lo eran”, explica David M. Alba, el investigador del ICP. Hasta la descripción de Pliobates, todos los simios fósiles de tamaño pequeño (entre 5 y 15 kilos) que se habían encontrado tenían una estructura corporal demasiado primitiva para tener una relación de parentesco estrecha con los hominoideos actuales. “Este hallazgo lo trastoca todo”, afirma. Así, sugiere que el último ancestro común de los hominoideos actuales podría haber sido más similar a los gibones que a los grandes antropomorfos actuales.