ANNIE MONTAGUE ALEXANDER

Annie Montague Alexander fue una de esas mujeres intrépidas que dio el siglo XIX. Esta mujer se aventuró a viajar por todo el mundo buscando fósiles, sufragó numerosas expediciones paleontológicas por el oeste de EEUU y apoyó a otros paleontólogos en sus trabajos. Llegó a fundar dos museos con sus colecciones: El museo de Paleontología de la Universidad de California y el Museo Zoológico de Vertebrados, alcanzando el reconocimiento científico de los hombres de su tiempo. Fue su acción, sobretodo como costeadora de las expediciones de hombres de ciencia, la que permitió el hallazgo de importantes fósiles. Es por ello que en Pangea queremos reconocer su aportación a la ciencia, a pesar de que no fuese ella quien reclamase la atención sobre los hallazgos.

Annie Montague Alexander nació un 29 de diciembre de 1867 en Honolulu (Hawai) y falleció en 1950. Sus padres eran ambos dueños de plantaciones de caña de azúcar allí y de los cinco empresarios agrícolas de más éxito de la isla. Fue su holgada situación económica, la que permitió a Annie viajar por el mundo y destinar luego sus recursos a sufragar las expediciones de los paleontólogos de su tiempo.

Los viajes comenzaron muy pronto para la joven. Cuando aún era una niña, su familia se vio forzada a trasladarse a Oakland, en California, para que el abuelo de Annie recibiera atención médica. Annie fue enviada a estudiar lejos, nada menos que a Massachusetts, pero este no sería su último viaje. La familia de Annie se marchó a París cuando ella tenía diecinueve años, y allí, en la cuna del arte contemporáneo internacional, pudo estudiar pintura. No se quedaron enannie París, y Annie se formó como enfermera en EEUU. Pero pronto retomaría sus viajes. Entre 1869 y 1899, animada por su padre, quien siempre quiso que su hija conociera el mundo, viajó por el Pacífico y recorrió Europa. Fue al regresar a EEUU en 1901 cuando se entusiasmó con el trabajo del paleontólogo americano John C. Merriam, y decidió financiar sus expediciones. Así fue como inició su andadura como exploradora y mecenas, siempre en compañía de hombres de acción y promotores de ideas entre quienes Annie aprendió mucho y pudo ver de primera mano yacimientos paleontológicos de EEUU, que le abrieron la mente.

No tardó en viajar por África, en el que sería el último viaje junto a su padre.  En este continente no dejó de recolectar fósiles y vio algunas de las cosas más interesantes que podía imaginar, como acercarse a las cataratas de Victoria, o cruzar el río Zambeze, además de la caza de animales salvajes, tan común en aquella época entre la gente exploradora. Desgraciadamente, cuando se estaban preparando para tomar una fotografía, el padre de Annie tuvo un accidente y falleció poco después. Fue enterrado en África y Annie se quedó sin su principal apoyo.

A pesar de ser una experimentada viajera, no estaba bien visto que una mujer soltera viajara sola en compañía de otros hombres, de modo que en ausencia de su padre y tutor, Annie resolvió permanecer libre y que fuese otra mujer, Louise Kellog, quien la acompañase en calidad de igual. Así fue como surgió la Expedición Saurian, una expedición en busca de fósiles financiada por Annie y liderada por su antiguo conocido Merriam. Partieron en 1905 hacia las montañas de Nevada (EEUU) y examinaron sustratos Triásicos, encontrando algunos de los mejores ejemplares de Ictiosaurio que se conocían.

annie montagueLa amistad de las dos jóvenes se volvió más fuerte tras aquella experiencia. Annie no tenía intenciones de casarse y abandonar sus viajes, y su amiga Louise había perdido su oportunidad de contraer matrimonio al contar ya con treinta años en aquél entonces. Su colaboración juntas, en apoyo a las expediciones paleontológicas, duró los siguientes cuarenta y dos años, uniéndoseles después Anetta Carter en los últimos viajes.

Annie fundó el Museo de Historia Natural de la Universidad de California, el cual sirvió también para continuar apoyando investigaciones paletonológicas. También financió la creación del Museo de Zoología de Vertebrados cuando el Estado, por falta de medios, no pudo hacerlo. Annie fue mecenas también de la obra del paleontólogo William Diller Mateo, y de George Gaylord Simpson, el paleontólogo más influyente del siglo pasado.

Esta mujer, que tuvo la suerte de tener una posición económica que le permitió apoyar esta ciencia, aseguró sus finanzas con varias actividades, incluyendo la gestión de una granja de cultivo, y pudo continuar financiando expediciones y haciendo trabajo de campo el resto de su vida. El legado de Annie quedó palpable en los museos que se llenaban con sus fósiles y en la obra de paleontólogos que financiaba. Diecisiete especies descubiertas la honran llevando su apellido en su nombre científico.  El Lago Alexander en Alaska, también lleva ese nombre en honor de esta intrépida mujer.

Annie continuó explorando lugares hasta su muerte, y llamó la atención de sus contemporáneos, cuando el día de la celebración de su ochenta cumpleaños, se encontraba en las montañas de una selva subtropical.

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