El pingüino enano de hace 34 millones de años que convivía con gigantes

Durante el Eoceno existieron en la Antártida gran diversidad de pingüinos, algunos de ellos gigantes de más de 2 metros de altura que, sorpresivamente, convivieron con una especie diminuta de un tamaño cinco veces menor.

Investigadores del Museo de La Plata y del Instituto Antártico Argentino hallaron en la Isla Marambio, al oeste de la Península Antártica, un pingüino de tan solo 35 centímetros de altura. Los investigadores tomaron el húmero para comprobar si el espécimen tenía alguna patología que impidiese su crecimiento y descubrieron que era un pingüino adulto sano. Comparando su estatura con húmeros de más de 400 especímenes del Museo de la Plata, pudieron comprobar que el menor de ellos tenía el doble de estatura que este fósil tan especial.  Así, se ha podido identificar una nueva especie hasta ahora desconocida que ha sido llamada Aprosdokitos mikrotero, que significa “inesperado minúsculo”.

Este singular pingüino habitaba la zona hace unos 34 millones de años, conjuntamente con otros pingüinos  que también quedaron fosilizados y han sido rescatados en el mismo yacimiento en los niveles Submeseta III.

Los reptiles se mutilaban ellos mismos durante el Tirásico

Por todos es sabido que los lagartos, algunas serpientes y agamas modernas son capaces de desprenderse de su cola como mecanismo de defensa en caso de sufrir un ataque. La separación de la cola no supone  un riesgo para su vida, pues puede separarse entre una grieta ya existente o entre vértebras adyacentes, siempre volviendo a desarrollarse al poco tiempo, si bien no alcanza el tamaño original.

La paleontología se había preguntado en qué momento surgió este mecanismo de defensa, habiendo estudiado a  los reptiles prehistóricos Captorhinus, identificado lo que parecían ser grietas en las vértebras de la cola de algunos especímenes, pero no se había podido confirmar hasta ahora.

Ha sido un equipo de paleontólogos de la Universidad de Toronto, Canadá, dirigido por el profesor Robert Reisz, quien decidió estudiar a estos reptiles primitivos con mayor detalle. Gracias a la colección del Museo Real de Ontario, se pudo seleccionar 70 vértebras de Captorhinus de unos 289-286 millones de años, conjuntamente con vértebras de otros pararreptiles y sinápsidos coetáneos. Así, se ha podido determinar que existen grietas entre la sexta, séptima u octava vértebra de la cola, como sucede con los lepidosaurios modernos. El equipo también descubrió que la separación de la cola ante un ataque de depredadores era más fácil para los reptiles juveniles, ya que tenían grietas bien formadas para huir con mayor eficacia y poder así llegar a la edad adulta.

En la imagen, vertebras de la cola con las características grietas.
A. R. H. LeBlanc et al. / Scientific Reports, 2018

A pesar de haber identificado claramente en los captorínidos las grietas que permitían esta estrategia de defensa, el equipo científico no encontró ninguna grieta en las vértebras de otros grupos de reptiles y sinápsidos coetáneos que también formaban parte del estudio. Es por ello que se ha concluido que los Captorhinus fueron el primer grupo de reptiles que aprendió a separar su cola. Al extinguirse este grupo de reptiles hace unos 251 millones de años, es probable que este rasgo desapareciera con ellos, hasta que volvió a desarrollarse como estrategia evolutiva nuevamente en los lepidosaurios modernos. El estudio ha sido publicado en Scientific Reports.