Dinosaurio clave para comprender cómo soportaba su enorme peso

Acaba de descubrirse en Malargüe, en el sur de la provincia de Mendoza (Argentina), un nuevo titanosaurio del Cretácico que de nuevo sorprende al mundo por su enorme tamaño, y que, además, da claves para la comprensión de cómo su anatomía podía soportar su enorme tamaño.

Ha sido un equipo de paleontólogos argentinos liderados por Bernardo González Riga del CONICET, IANIGLA, y el laboratorio de Dinosaurios de la Universidad Nacional de Cuyo, quienes han dado nombre a la nueva especie, Notocolossus gonzalezparejasi, que se encuentra ya entre los dinosaurios más grandes conocidos por la ciencia. El artículo acaba de ser publicado en Scientific Reports.

Como es habitual en estos casos, tan sólo se han podido recuperar un número limitado de huesos, pero en esta ocasión, han sido determinantes. Este dinosaurio se ha descrito a partir de huesos fósiles pertenecientes a la espalda, cola, pata delantera, pelvis, y un pie posterior completo, que proporciona información clave sobre la anatomía de la extremidad trasera de los titanosaurios gigantes y de como soportaban su enorme peso, que en este caso concreto podía alcanzar entre las 40 y 60 toneladas.

 

Los extraordinarios ojos gigantes de un crustáceo del Jurásico

Dollocaris ingens fue un artrópodo marino que vivió hace unos 160 millones de años, durante el período Jurásico en el sureste de Francia. Medía entre 5 y 20 centímetros de largo, tenía un caparazón similar al de los cangrejos, con tres pares de garras y patas segmentadas. A pesar de poseer ocho pares de apéndices de natación, los autores del estudio creen que probablemente no fue un nadador muy diestro, sino más bien un depredador de emboscada que se abalanzaba sobre la presa desde una posición oculta. Su gran particularidad, destacada en el estudio publicado en Nature commnications eran sus grandes ojos compuestos, que ocupaban una cuarta parte de su cuerpo y que se han conservado extraordinariamente bien a pesar del tiempo.

A través de un intenso trabajo con ayuda de microscopio, los autores del estudio pudieron encontrar muestras bien conservadas de la estructura interna del ojo, lo que es muy poco común. Los ojos de Dollocaris ingens compartían características con los de los insectos y crustáceos modernos y estaban compuestos de 18.000 lentes cada uno. El examen de los ojos confirmó que este artrópodo era “un cazador visual” tal y como ha informado  Jean Vannier, Universidad de Lyon y coautor del estudio. “Está claro que sus enormes y agudos ojos con panorámicas multifacéticas fueron cruciales para la exploración de su entorno y para detectar posibles presas en movimiento”.