Arte rupestre: Las mujeres pintaron la mayoría de cuevas de España y Francia

Dean Snow, arqueólogo de la Universidad de Pennsilvania, realizó un estudio en las cuevas con pinturas rupestres de España y Francia que arrojó una conclusión sorprendente: la mayoría de las impresiones fueron realizadas por mujeres. Recordemos este trabajo que se dio a conocer en 2013 y que inició un debate cuanto menos, interesante.

El análisis comparativo hecho por Snow del tamaño de las impresiones de los dedos hechos en los muros de las cuevas, reflejaba según este investigador, que fueron las mujeres las mayoritarias en la realización del arte prehistórico. Snow comparó la longitud de los dedos (sobre todo la proporción entre el índice y el anular, y también frente al meñique) y el volumen de la mano. Con un sencillo algoritmo, esos datos arrojaron conclusiones sobre si la mano perteneció a un hombre o una mujer, con una exactitud del 60%.

Así, parece que 24 de las 32 manos analizadas eran femeninas, lo que implicaba que las pinturas hechas desde hace unos 40.000 a 12.000 años de antigüedad presentaban un 75% de manos de mujeres. El manos21--644x362estudio reflejó además que el dimorfismo sexual era menos marcado que en la actualidad, pero aún así, reconocible.

¿Y por qué anteriormente no se planteó esta posibilidad? La temática de las cuevas hacía pensar que quienes representaron escenas de caza y de animales fueron hombres, llevando a la humanidad a creer que los primeros artistas fueron masculinos. Pero lo cierto es que las mujeres también se involucraban en esta actividad, probablemente en el traslado, despiece y cocinado de los animales. Presuponiendo que no cazaban, es evidente que sí eran capaces de presenciar esas escenas y entender el valor que tenían.

Este estudio abrió el debate científico y supuso la entrada de nuevas reflexiones. Snow comentó que “cuanto más sabemos de estas pinturas más tenemos que replantearnos nuestro conocimiento de aquellas sociedades”.

Zaragoza recibe a uno de los trilobites más antiguos del mundo… que nadó por Salamanca hace 520 M.a

Hace 520 millones de años, un pequeño trilobite habitaba en un mar que hoy ocupa el paraje salmantino de La Rinconada de la Sierra (en el Parque Natural de Las Batuecas). En la actualidad, su fósil, de unos pocos milímetros de tamaño, se encuentra en el Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de Zaragoza y podría tratarse del fósil de trilobite más antiguo del mundo. Se trata del Lunagraulos tamamensis.

Eladio Liñán (Universidad de Zaragoza), José Antonio Gámez (Universidad Tecnológica Petronas) y Rodolfo Gozalo (Universidad de Valencia) publicaron un avance de las conclusiones de su análisis en Geological Magazine bajo el título “The middle lower Cambrian (Ovetian) Lunagraulos n. gen. from Spain and the oldest trilobite records”.

El hallazgo del Lunagraulos tamamensis se produjo recientemente durante una investigación sobre los límites del período Cámbrico inferior llevada a cabo por la UNESCO. En su artículo, los descubridores del nuevo fósil explican que los primeros trilobites seguramente vivieron en ambientes marinos con una energía alta, por lo que no es sencillo encontrarlos preservados.

Ahora toca comparar a Lunagraulos con otros fósiles e icnofósiles (rastros dejados) encontrados en España para poder proponer una correlación intercontinental. Hasta la fecha, se habían hallado trilobites de una antigüedad similar en Marruecos, Siberia o la frontera entre México y Estados Unidos.

Nuevo dinosaurio descubierto en Sudáfrica, eslabón hacia los “cuello largos”

En la década de 1930 se hallaron los restos fosilizados de un dinosaurio de mediano tamaño en la formación Elliot cerca de Zastron, Sudáfrica. Se trataba de de un sauropodomorfo que vivió a principios del período Jurásico, hace unos 200 Millones de años. Pero hubo que esperar otros setenta años más para que el espécimen fuera estudiado. La conclusión del análisis que se hizo en su día fue que se trataba de un dinosaurio sudafricano herbívoro ya conocido, llamado Aardonyx.

Ahora un equipo internacional de paleontólogos ha reexaminado los restos fósiles de aquél dinosaurio, llegando a conclusiones muy diferentes. El estudio en mayor profundidad ha revelado, entre otras cosas, que uno de los huesos del tobillo, el astrágalo, tenía forma de una cruz y que poseía otras características distintivas que hacían que quedara claro que pertenecía a una especie completamente nueva de dinosaurio. El saurio ha sido nombrado como Sefapanosaurus zastronensis.

sefapanosaurusEste nuevo dinosaurio es uno de los primeros miembros del grupo que luego se convirtieron en los gigantes de cuello largo del Mesozoico.

Sefapanosaurus zastronensis ayuda a llenar la brecha entre los primeros sauropodomorfos y los saurópodos gigantes ” explica el dr. Alejandro Otero del CONICET en La Plata, Argentina y la Universidad de Witwatersrand en Johannesburgo, autor principal del estudio publicado en la Zoological Journal of the Linnaean Society

Este extraordinario dinosaurio es un miembro de la lista cada vez mayor de dinosaurios sauropodomorfos en transición hallados en Argentina y Sudáfrica, que están cada vez más cerca de decirnos cómo se  diversificaron.

 

Reconstruyen las relaciones de parentesco de una especie de tejón que vivió hace 9 millones de años

Un equipo multidisciplinar internacional de investigadores ha descrito los primeros fósiles craneales de una especie de depredador carnívoro de hace nueve millones de años. En concreto, han descrito el cráneo y la mandíbula más completos del mustélido (familia que incluye comadrejas, hurones o nutrias) gigante Eomellivora piveteaui, cuyas piezas fueron encontradas en el Cerro de los Batallones (Madrid).

El buen estado de los fósiles ha permitido hacer un estudio de las relaciones de parentesco, según se muestra en la investigación “Complete description of the skull and mandible of the giant mustelid Eomellivora piveteaui Ozansoy, 1965 (Mammalia, Carnivora, Mustelidae), from Batallones (MN10), late Miocene (Madrid, Spain)”, publicada en Journal of Vertebrate Paleontology. En el estudio se demuestra la existencia de cuatro especies dentro del género Eomellivora y, además, que el pariente vivo más cercano es el actual tejón de la miel, el Mellivora capensis. 

Con ayuda de un escáner láser superficial portátil, los investigadores han creado modelos virtuales tridimensionales de los fósiles que, además de imprimirse, pueden visualizarse desde un archivo pdf y aportan información complementaria a la fotografía clásica.

Modelos virtuales 3D de la mandíbula y cráneo. ICP

Modelos virtuales 3D de la mandíbula y cráneo. ICP

Eomellivora piveteaui, una especie que se describió por primera vez en 1965 a partir de restos muy fragmentados, era un animal carnívoro y voraz del tamaño de un pastor alemán. Su capacidad de romper huesos lo convertía en un depredador muy versátil y activo de la fauna del Mioceno Superior. Seguramente, pudo repeler el ataque de hienas o leones o haber plantado cara a los grandes tigres dientes de sable de su entorno, según explican los autores.

En esta investigación han participado investigadores del Instituto de Geociencias IGEO (CSIC, UCM), la Universidad Complutense de Madrid, el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN‐CSIC), la Universidad Estatal Península de Santa Elena (Ecuador), el Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont y la Universidad de Carolina del Sur (EE.UU.)

Hallada la cabeza del mayor enigma de la evolución

Durante el período Cámbrico, hace aproximadamente entre 541 y 485 millones de años, se produjo la primera gran explosión de vida en la Tierra. En aquél entonces proliferaron los organismos marinos, y entre ellos, el más maravilloso fue un ancestro de los actuales gusanos de terciopelo, llamado Hallucigenia, o “alucinación”, pues los paleontólogos no daban crédito a lo que veían.

Este pequeño fósil fue descubierto en 1909 en el yacimiento de Burgess Shale, al suroeste de Canadá. Su extraña morfología y la ausencia de la cabeza provocaron un error en su reconstrucción y hasta ahora se había mostrado al mundo del revés, con la cabeza en la dirección equivocada, las espinas hacia abajo y unas extrañas hileras dorsales en el lomo, que han resultado ahora ser las patas.

Hallucigenia

Han sido Martin Smith, de la Universidad de Cambridge, y Jean-Bernard Caron, del Museo Real de Ontario, quienes han presentado hace unos días en la revista Nature su reinterpretación del animal gracias al hallazgo de su cabeza.

Hallucigenia tenía una cabeza alargada con un par de ojos dorsales. Presentaba también elementos circumorales y dientes en la faringe, o extremo anterior de su tubo digestivo, característica que le ubica definitivamente como un lobópodo del Cámbrico, resultando estar próximo al muy buscado ancestro de todos los ecdisozoos (insectos, arácnidos, crustáceos, gusanos nematodos y otros). Con ello, la historia paleontológica de Hallucigenia está íntimamente ligada a uno de los mayores enigmas de la teoría de la evolución, como suele suceder con los fósiles del Cámbrico, que son esenciales para entender no sólo el origen de los animales, sino también su evolución inicial, su diversificación y sus asombrosas innovaciones.

Pappochelys, el eslabón perdido de las tortugas

Un equipo de investigadores de Alemania y Estados Unidos han descubierto un eslabón perdido de la historia evolutiva de las tortugas. La nueva especie de reptil extinto, Pappochelys, evidencia que las tortugas están más relacionadas con los reptiles modernos (como las serpientes y lagartos) que con los antiguos linajes de saurios como se pensaba hasta ahora. Además, da pistas sobre dos interrogantes de la evolución de las tortugas: cómo se formó el caparazón inferior y qué aspecto tenía la cabeza de los primeros especímenes.

El fósil de esta primitiva tortuga fue encontrado en un antiguo lago alemán del Triásico y tiene una antigüedad de 240 millones de años. El ejemplar, de unos 20 centímetros de largo, no tiene caparazón ni presenta las costillas inferiores soldadas. Pero su vientre estaba protegido por unos huesos con forma de vara. Así, los científicos deducen que el plastrón (la parte del caparazón del vientre) evolucionó de la fusión de estas costillas y la cintura escapular (hombros).

Además, Pappochelys tenía fosas temporales en el cráneo, unas aberturas situadas detrás de las órbitas de los ojos que todavía presentan los lagartos y cocodrilos, pero que han perdido las tortugas modernas.

Museo de Historia Natural de Stuttgart

Fósil de ‘Pappochelys’. Museo de Historia Natural de Stuttgart

Todas estas conclusiones se incluyen en el estudio “A Middle Triassic stem-turtle and the evolution of the turtle body plan”, publicado en Nature. Los investigadores explican que Pappochelys (“tortuga abuela”) se sitúa entre el Eunotosaurus, considerado el precursor de las tortugas (260 millones de años, África), y el  Odontochelys, que ya presentaba plastrón y todavía tenía dientes en su boca (China, 220 millones de años).

¿Cómo ha sido y será el aspecto de los continentes de nuestro planeta?

La teoría geológica que explica los cambios en la superficie de la Tierra es la tectónica de placas, que atiende al movimiento de las placas de la litosfera. Esta teoría afirma que las placas tectónicas se desplazan unas respecto a otras con velocidades de 2,5 cm/año, produciendo cambios significativos en el entorno a largo plazo, influyendo en el clima e interactuando entre ellas formando montañas, sismos y actividad volcánica.

Esto nos hace comprender que en el pasado no existían los continentes tal y como los conocemos hoy, y por consiguiente, en el futuro se presume que tampoco serán iguales. Ahora, gracias a este breve vídeo del Project Evanston, podemos ver resumida la historia geológica de la Tierra durante 3.300 millones de años y además, avecinarnos 300 millones de años en el futuro de nuestro planeta. La primera reflexión que surge innata es que lo que vemos y lo que somos no es más que un instante en el planeta que habitamos.

 

 

El saurópodo Dreadnoughtus “adelgaza”

Con 26 metros de longitud y 60 toneladas de peso, el Dreadnoughtus ostenta el título del animal terrestre más pesado que ha existido. Así ha sido desde el pasado septiembre, cuando un grupo de científicos calculó su masa corporal. Ahora, varios investigadores ingleses refutan este hecho y calculan que este saurópodo no pudo pesar más de 40 toneladas.

En el nuevo estudio, publicado en Biology Letters con el nombre “Downsizing a giant: re-evaluating Dreadnoughtus body mass”, se utiliza un método distinto para calcular la masa del animal. En vez de calcular la masa a partir del tamaño y circunferencia de las patas, los autores se fijan primero en el volumen del dinosaurio. Para ello, han elaborado un modelo matemático en 3D que tiene en cuenta los músculos y demás tejidos. Reconocen que es algo complicado, ya que sólo se conoce el 45% del esqueleto.

Así, el peso del argentino Dreadnoughtus podría haber oscilado entre las 30 y 40 toneladas, por lo que no destacaría entre otras especies de saurópodos. De todas formas, este nuevo estudio tampoco ha logrado el consenso de los expertos, por lo que se esperan nuevas estimaciones sobre esta criatura.

Las raíces del género Mystacina de murciélagos se remontan a hace 16 millones de años en Nueva Zelanda

Pesaba 40 gramos y podía caminar utilizando sus cuatro extremidades. Son dos de las características del Mystacina miocenalis, una nueva especie de murciélago encontrada en Nueva Zelanda y que vivió a comienzos del Mioceno (hace entre 16 y 19 millones de años) en una zona templada de bosque subtropical.

Este animal está emparentado con la especie Mystacina tuberculata, que todavía habita en Nueva Zelanda y es conocida por excavar túneles y cavidades. Sus dientes son parecidos, por lo que la dieta del murciélago prehistórico pudo basarse en néctar, polen, fruta e insectos. Eso sí, la especie extinta es hasta tres veces más grande que sus parientes actuales. Esto podría indicar que apenas cazaba al vuelo y se dedicaba a atrapar presas en el suelo y a comer frutas más grandes.

El descubrimiento, detallado en PLOS One bajo el título “Miocene Fossils Reveal Ancient Roots for New Zealand’s Endemic Mystacina (Chiroptera) and Its Rainforest Habitat”, es importante porque revela la presencia en el país de los murciélagos del género Mystacina durante, al menos, 16 millones de años. Hasta ahora, el registro fósil más antiguo encontrado tenía una antigüedad de 17.500 años.

Según explica la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW), los únicos mamíferos terrestres endémicos de Nueva Zelanda son tres especies de murciélagos, siendo dos del género Mystacina (aunque la especie Mystacina robusta podría estar extinta porque no se avista desde la década de los 60).

Defaunación: la nueva extinción masiva del planeta, provocada por nosotros

Las últimas y alarmantes noticias de estos días nos han dejado a todos con cierta tristeza, aunque no nos era desconocida. No es la primera vez que los expertos nos recuerdan el impacto que está teniendo sobre la fauna la presencia del ser humano.

Los últimos datos presentados en la revista Science por un grupo de investigadores mexicanos y estadounidenses a partir de la base de datos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), afirman que habrían hecho falta unos 10.000 años para acabar con la vida que ha desaparecido en un solo siglo. El investigador del Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México y principal autor del estudio, Gerardo Ceballosy, explica que hemos entrado “en la Sexta Extinción Masiva sin duda alguna”. Desde Pangea apuntamos que es posible que sea la séptima, si se atiende al nuevo hallazgo publicado hace poco y recogido en esta web. Pero este no es el único trabajo que ofrece un análisis global de la tragedia que nos rodea, pues hace varios años se viene avanzando desde distintos centros en esta dirección. Los trabajos existentes hablan de “defaunación” como el proceso de pérdida de especies que podría asemejarse al de deforestación en el mundo vegetal, que también estamos provocando. Y es que eextinciónsta sería la primera vez en la historia de la vida terrestre que una extinción masiva se ve acelerada por la conducta de una sola especie. Y es que los datos de los últimos años son abrumadores: 477 especies de vertebrados terrestres se han extinguido desde el año 1900, siendo los más afectados los anfibios y el resto han sufrido una reducción media del 25% en el número de individuos, lo que en realidad es peor que las extinciones por su efecto en los ecosistemas. El cuadro es aún más oscuro entre los invertebrados, con declives del 45% en la población de dos tercios de las especies que pueden ser examinadas. Además, según distintas estimaciones, entre el 16% y el 33% de todas las especies vivas de vertebrados están amenazadas o “en peligro” de forma global.  El problema no se limita a la extinción de especies enteras, sino que abarca también la desaparición de poblaciones locales y la reducción del número de individuos en cada población.

Quizá uno de los estudios más interesantes fue el presentado por Rodolfo Dirzo, de la Universidad de Stanford en California, y primer autor de una de las revisiones presentadas en la revista Science, titulada escuetamente ‘Defaunación en el antropoceno’. El antropoceno no es un periodo geológico convencional, pero expertos en química atmosférica como el premio Nobel Paul Crutzen lo han adoptado para denominar la época en que la actividad humana ha emrinoceronteblancopezado a generar efectos globales. Dirzo y sus colegas consideraron que el antropoceno empezó hace unos 500 años, aunque hay otras opiniones acerca de la fecha, todos coinciden en que los humanos han desencadenado una ola de extinción, amenaza y declive de las poblaciones locales de animales que puede ser comparable, tanto en velocidad como en magnitud, con las cinco previas extinciones masivas de la historia de la Tierra.

En todos está que la situación se ralentice hasta que se encuentre un modo de vida compatible con el mantenimiento de la biodiversidad. El equipo de Pangea, además de colaborar con diferentes asociaciones de recuperación de especies como FAPAS o la Fundación Oso Pardo, ha apadrinado gracias a las ventas de la última revista, a la tigresa blanca Pandora de la Fundación Santillana y os anima a todos los verdaderos amantes de la vida a tomar acciones que ayuden a revertir esta situación.