Nuevas especies descubiertas en España durante 2014

España ha sido protagonista de varios descubrimientos paleontológicos importantes en 2014. En cuanto al hallazgo de nuevas especies, nuestros investigadores han encontrado, sobre todo, tortugas y conodontos (unos pequeños animales marinos larguiruchos). Aquí dejamos un repaso de los nuevos especímenes descritos:

  • Escamosos
Fósil y tomografía de Blanus mendezi. ICP.

Fósil y tomografía de Blanus mendezi. ICP.

En este grupo de reptiles escamosos (Squamata), tenemos una nueva culebrilla ciega denominada Blanus mendezi por Arnau Bolet y otros investigadores catalanes. Este animal vivó hace 11’6 millones de años, durante el Mioceno, y su fósil se considera el registro más antiguo de Blanus del Mediterráneo occidental. Arnau Bolet también definió una nueva especie de eslizón: el Pyrenasaurus evansae. Se han recuperado restos en Francia y en la localidad catalana de Sossís de esta criatura del Eoceno Tardío.

Por su parte, en el Plioceno Inferior, Maioricalacerta rafelinensis vivía en lo que actualmente es Mallorca. Salvador Bailon y su equipo determinaron que sus dientes pudieron haber servido para alimentarse de moluscos.

  •  Tortugas

El 2014 comenzó dándose a conocer una nueva especie de tortuga: Eodortoka morellana.  Esta criatura vivió hace unos 125 millones de años en la región que ocupa ahora Castellón. Tres investigadores españoles, con A. Pérez-García a la cabeza, determinaron que esta tortuga fue la primera y única especie de Pleurodira (con cuello de serpiente) descrita en Europa perteneciente al Cretácico Inferior.

También tenemos a la primera tortuga marina descrita de la Península Ibérica. France de Lapparent de Broin nos presentó a Osonachelus decorata, que habitó en la Barcelona del Eoceno. Se alimentaba de plantas o animales blandos.

Teruel nos dejó, por su parte, un nuevo género y especie de tortuga del Jurásico Superior. Riodevemys inumbragigas era de agua dulce y el ejemplar analizado procedía del mismo lugar donde se encontró al gran saurópodo Turiasaurus riodevensis. Adán Pérez-García, Rafael Royo-Torres y Alberto Cobos investigaron el caparazón y demás restos de esta especie.

Mientras, Titanochelon habitó en Madrid entre el Mioceno y el Pleistoceno. El investigador español Adán Pérez-García y el griego Evangelos Vlachos determinaron que este animal fue la tortuga de mayor tamaño que habitó en Europa por aquella época. También señalaron que Titanochelon bolivari fue la tortuga gigante más abundante en el continente.

  • Escarabajos
Actenobius_magneoculus

Actenobius magneoculus. F.Dinópolis

David Peris y Xavier Delclòs identificaron dos nuevos escarabajos: Arra legalovi (de la familia de los gorgojos) y Actenobius magneoculus (de los barrenadores de madera). Conservados en ámbar, fue necesario usar luz sincrotrón para obtener imágenes virtuales 3D de estos escarabajos del Cretácico Inferior. Actenobius magneoculus  es el representante  más antiguo catalogado de la familia Ptinidae.

  • Conodontos

Las especies Polygnathus aragonensis, Polygnathus carlsi y Polygnathus ramoni fueron definidas por Martínez-Pérez y Valenzuela-Ríos, que tuvieron mucho trabajo analizando estas pequeñas criaturas entre más de 300 muestras obtenidas en la formación Basibé de los Pirineos. Estos vertebrados marinos fueron encuadrados en el período Devónico.

Repaso a los hallazgos paleontológicos en Argentina durante 2014

Tradicionalmente, Argentina es cuna de hallazgos muy importantes en el campo de la paleontología. Este año, también han sido descritas nuevas especies en este país, algunas de las cuales vamos a repasar brevemente a continuación:

  • Lepidosaurios
Priosphenodon minimus

Priosphenodon minimus. Jorge González

El argentino Sebastián Apesteguía encabezó un estudio donde se dio a conocer una nueva especie de  rincocéfalo del Paleógeno. Este “lagarto con escamas” recibió el nombre de Kawasphenodon peligrensis. Apesteguía también bautizó una nueva especie de esfenodonto, el Priosphenodon minimus, tras demostrar que el ejemplar analizado no se trataba de una versión juvenil de otra criatura. 

  • Dinosaurios

Este año, conocimos al animal terrestre más grande del que se puede calcular la masa corporal: el Dreadnoughtus schraniEste saurópodo vivió al sur de la Patagonia en el Cretácico Superior y fue descrito por un amplio grupo de investigadores, con Kenneth J. Lacovara a la  cabeza.

Otro titanosaurio argentino nuevo es el Quetecsaurus rusconii, nombrado por González Riga y Ortiz David y procedente de la formación Cerro Lisandro. También vivió en el Cretácico Superior.

Por su parte, el Leinkupal laticauda, un primo del Diplodocus hallado en la formación Bajada Colorada, vivió en el Cretácico Inferior. Descrito por Pablo A. Gallina, este dinosaurio es el primer diplodócido conocido del Cretácico en todo el mundo.

  • Proterochampsidae

El Pseudochampsa ischigualastensis compartía características con los cocodrilos allá por el Triásico Superior. La investigadora M. Jimena Trotteyn describió su anatomía casi al completo.

  • Plantas

Hasta tres nuevas especies de angiospemas han sido descritas este año. Comenzamos por una palmera, Palmoxylon romeroi, que pudo desarrollarse bajo un clima tropical-subtropical, seco a estacionalmente seco, en tierras altas menos húmedas como sabanas. M. J. Franco y su equipo fecharon a esta planta en el Mioceno Superior.

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Otra planta con flores, descrita por Julieta Gallego, es Aquaephyllum auriculatum, que se asemeja a las lentejas de agua. Se desarrolló en el Cretácico Superior. En cambio, Ripogonum americanum se desarrolló en el Eoceno Temprano. Raymond J. Carpenter y sus compañeros analizaron varias hojas de esta especie de la Patagonia.

Terminamos con una gimnosperma del Eoceno: Agathis zamunerae. Fue descrita por Peter Wilf y se asemeja al actual árbol de hoja perenne Agathis lenticula.

La enseñanza del fósil de un feto de velocipraptor

¿Conocíais el revuelo que se formó hace un año con el hallazgo fósil de un feto de velociraptor? El espécimen hallado durante unas obras en Arequipa dio la vuelta al mundo. Desgraciadamente, resultó ser otro animal. Esta historia nos sirve para recordar la importancia de contrastar siempre los posibles hallazgos con especialistas en fósiles.
El día 19 de junio del año 2013, la prensa de todo el mundo centró su vista en Perú. El alcalde de la localidad de Arequipa había hecho unas declaraciones sorprendentes: un obrero encontró un curioso fósil de apenas 10 centímetros en la provincia de Castilla mientras realizaba con sus compañeros trabajos en una zanja para mejorar las vías del lugar. Cerca de esa zona, se habían encontrado huellas de dinosaurios, y por esta razón, rápidamente se pensó que el hallazgo correspondía a uno de estos animales. El alcalde, Manuel Alpaca, presentó el fósil como un feto de velociraptor, por las similitudes que parecía tener con el animal extinto. El velocirraptor fue una especie de dinosaurio carnívoro que se había hecho famoso con la película de ciencia ficción Jurassic Park, aunque no hay constancia de que habitara tierras americanas. Por su popularidad, las declaraciones hechas dieron la vuelta al mundo.
Alpaca pidió ayuda al gobierno de Ollanta Humala y bautizó al fósil con el nombre de “Toñito”, en honor al hijo del descubridor. La autoridad edil también invitó a estudiosos y científicos para que evaluaran las condiciones del fósil y solicitó que el Ministerio de Cultura enviará a la zona un equipo de investigadores para que estudiaran al velociraptor y el lugar donde fue hallado, con el fin de localizar más restos.
El día 16 de julio, apenas un mes después del anuncio, los expertos dieron al mundo una noticia que dejó a muchos decepcionados: Rechazaban que Toñito tuviese millones de años, y por lo tanto, que fuese un fósil. “Sus huesos se ven brillosos, característico de animales que aún no pierden la materia orgánica”, explicó Rodolfo Salas, experto del Museo de Historia Natural de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Además, parecía que el animal tampoco era un dinosaurio. El mismo experto, analizando la forma de los dientes, así como el arco cigomático del animal, determinó que se trataba de un marsupial emparentado con las zarigüeyas. “No se trata de un dinosaurio, sino de un animal que ha muerto hace muy poco tiempo, no más de 10 mil años y que está semimomificado”, aseguró en RPP Noticias. “Estos mamíferos actualmente existen en esa región”, afirmó.
El rechazo al origen de “Toñito” fue apoyado por César Chacaltana, jefe de proyecto en el Instituto Geológico Minero y Metalúrgico, quien declaró que la textura del animal no era la de un fósil y anunció que acudiría a Arequipa para reunirse con el Alcalde y aclararle que el ejemplar había sido nombrado erróneamente. “No podemos estar tranquilos cuando una autoridad local diga estas cosas a la prensa. Hay gente que no es especializada y lo va a tomar como importante”, manifestó.Matt Martyniuk
Toñito permanecía en una urna de vidrio, y funcionaba como reclamo mientras se producían las declaraciones sobre su autenticidad.
Sobre esta historia de desencanto caben destacar dos cosas: El trabajador que encontró al animal hizo lo correcto al percatarse de la existencia de esos extraños restos, pues lo comunicó a las autoridades para la extracción y protección respectiva. En caso de haber sido tan valioso, su acción hubiera permitido a la ciencia investigarlo. Las autoridades, sin embargo, cometieron el error de anunciarlo antes de contactar antes con los científicos. Si bien la zona podría albergar fósiles del final de la era de los dinosaurios, nunca se deben aventurar unas declaraciones oficiales sin haber consultado con los expertos primero.
Lo que nos deja esta historia como aprendizaje es la necesidad de no dejarse llevar por lo que querríamos encontrar. Toñito no fue un gran saurio, aunque su sola presencia ha llamado la atención sobre los fósiles que le rodean, ha recibido miles de visitas de turistas y ha conseguido apoyos para proteger el patrimonio paleontológico de su región. Una gran hazaña para un pequeño marsupial que se tropezó con las ilusiones y ambiciones de los humanos.

Sorprendente estudio de un mamífero del Cretácico con imágenes 3D

Los mamíferos de la época de los dinosaurios parecían haber sido inofensivos y de pequeño tamaño. Sin embargo, un análisis en profundidad de un gondwanaterio, el Vintana sertichi, está cambiando esta idea.

Los restos fósiles de un gran cráneo sin mandíbula se encontraron en la costa este de la isla de Madagascar. Cuidadosamente se retiró de un gran bloque de sedimento y fue escaneado para observar sus detalles. Se trataba de un mamífero del período Cretácico (la última etapa de los dinosaurios) que formaba parte de un grupo poco conocido: los gondwanaterios o “bestias de Gondwana”. Estos mamíferos habitaron el hemisferio sur del antiguo continente desde el Cretáceo superior hasta el Eoceno. Hasta ahora, solo se conocían por dientes aislados y algún fragmento de mandíbula inferior. A raíz de este hallazgo, se ha podido ahondar en la morfología y paleoecología del animal. El resultado del estudio desafía la idea que teníamos de este grupo de mamíferos primitivos, y ha sido publicado en la revista Journal of Vertebrate Paleontology.

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Los análisis descriptivos y comparativos se han hecho sobre la configuración de los restos fósiles: su anatomía craneal, su morfología dental y su función, su caja craneana, y las capacidades sensoriales que tenía el espécimen. En el análisis concluye con una segmentación digital hecha con Microtomografía CT, una técnica que usa rayos X y permite crear secciones de un objeto físico y recrear un modelo virtual en 3D sin tener que destruir el fósil original.

Con esta tecnología se ha podido comprender al detalle  cada elemento craneal y la anatomía interna de este extraño mamífero. Los científicos han reconstruido así el cerebro, el oído interno, la musculatura de la mandíbula, la órbita, y la cavidad nasal del espécimen.

Parece ser que el Vintana sertichi tenía algunas características extrañas, como bridas agrandadas para la fijación de los músculos masticadores, una caja craneana extrañamente inclinada, y grandes órbitas oculares. Estos y otros rasgos revelan que era un animal herbívoro del tamaño de un tejón, ágil y activo, con los sentidos del olfato, la visión y la audición agudizados.

A la derecha tienen la imagen microcalculada en base de la tomografía del espécimen Holotipo, UA 9972. A la izquierda está digitalizada y a la derecha de cada par, encontramos la línea que dibuja la reconstrucción. Tenemos: (a) vista lateral derecho, (b) vista dorsal, (c) vista ventral (d) vista anterior (e) vista trasero.

Gracias a los científicos estadounidenses Simone Hoffmann, Patrick M. O’Connor, E. Christopher Kirk, John R. Wible y David W. Krause, este trabajo interactivo único que ha combinado diversas técnicas, servirá de referencia para futuros descubrimientos y análisis fósiles craneodentales. El resultado del estudio puede leerse en inglés aquí.

 

Hallan tres nuevas especies de crustáceos en el ámbar cretácico de Álava

El ámbar de Álava ha proporcionado nuevos datos sobre la ecología de los bosques de coníferas resiníferas que se desarrollaron en la actual Península Ibérica durante el período Cretácico (hace unos 105 millones de años). Recientemente, se ha realizado el estudio de 18 crustáceos peculiares, de pequeño tamaño, y se han descubierto tres nuevas especies. Los resultados han sido publicados en la última edición de la revista Journal of Systematic Palaeontology.

Participan en dicho estudio los investigadores Alba Sánchez-García y Xavier Delclòs, del Departamento de Estratigrafía, Paleontología y Geociencias Marinas de la Universitat de Barcelona; Enrique Peñalver, del Museo Geominero del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), y Ricardo Pérez de la Fuente, de la Universidad de Harvard.

El ámbar procedente de los yacimientos del Cretácico Inferior de España ha proporcionado, en los últimos años, importantes novedades en el campo de la paleobiología de artrópodos. Los nuevos fósiles estudiados procedentes del yacimiento de Peñaferrada pertenecen a crustáceos tanaidáceos (suborden Tanaidomorpha), de menos de un milímetro y medio de longitud corporal, los cuales podrían asemejarse a diminutas gambas, aunque pertenecen a otro grupo distinto de crustáceos. Se conocen unas 1.200 especies actuales, pero es un grupo extremadamente raro en el registro fósil mundial. Sólo los depósitos de Archingeay-Les Noulliers, La Buzine, La Garnache y Fortou, en Francia, muestran fósiles de este tipo preservados en ámbar cretácico.

En el artículo, titulado “A rich and diverse tanaidomorphan (Crustacea: Tanaidacea) assemblage associated with Early Cretaceous resin-producing forests in North Iberia: palaeobiological implications”, se describen dos nuevos géneros y tres nuevas especies. En opinión de los autores, estos pequeños crustáceos fueron muy abundantes y diversos en la antigua Península Ibérica, por entonces una isla. En la actualidad, estos crustáceos son típicamente marinos y sólo algunas especies viven en charcas de agua dulce o salobre cerca del mar.

Encontrar tantos fósiles considerados marinos en ámbar originado en bosques de coníferas llamó poderosamente la atención de los investigadores. El hecho de que aparezcan preservados dentro de las piezas de ámbar junto a ejemplares de artrópodos típicos del suelo de los bosques indica que vivirían en el suelo muy húmedo y que, por tanto, serían habitantes de la hojarasca, como ocurre en la actualidad con algunos crustáceos de otros grupos, según los autores. Este hallazgo aporta información relevante para los estudios evolutivos y sobre la adaptación a diferentes hábitats de los organismos a lo largo de la historia de la vida.

El yacimiento de ámbar de Álava es un referente a nivel mundial para desentrañar los misterios de la evolución de los artrópodos y conocer cómo eran los ecosistemas boscosos del Mesozoico. El estudio se enmarca dentro de las investigaciones del grupo AMBARES (Ámbares de España) y ha sido posible gracias a la colaboración del Museo de Ciencias Naturales de Álava y a la financiación por fondos gubernamentales autonómicos y españoles.

Hallan en China un nuevo reptil marino de cuello corto del Triásico

Hupehsuchia es un grupo de reptiles marinos del Triásico que ha sido encontrado, hasta ahora, únicamente en dos enclaves de la provincia china de Hubei. Estas criaturas son conocidas por tener un cuello relativamente largo, con nueve o diez vértebras cervicales. Hoy se ha dado a conocer una nueva especie de Hupehsuchia con el cuello corto, ya que sólo presenta seis vértebras cervicales. Ha sido nombrado como Eohupehsuchus brevicollis.

El ejemplar analizado tiene su extremidad anterior incompleta, ya que sus dedos están rotos. Los científicos responsables del estudio, publicado en la revista especializada PLoS ONE, creen que un depredador atacó al reptil antes de morir y le produjo estas heridas.

Miembro dañado de Eohupehsuchus. Motani

Miembro dañado de Eohupehsuchus. Motani et al.

Además del cuello corto, la forma del cráneo de Eohupehsuchus brevicollis (de frente estrecha y huesos parietales desplazados hacia atrás) es distinta a otros miembros del grupo. Estos elementos apoyan la teoría de que se trata de una nueva especie que forma un taxón hermano de Hupehsuchidae, según las conclusiones obtenidas por el investigador Xiao-hong Chen (de Wuhan Centre of China Geological Survey) y el resto de autores del estudio “A Small Short-Necked Hupehsuchian from the Lower Triassic of Hubei Province, China”.

El espécimen analizado fue encontrado en 2011 en la región china de Yuan’an, en una formación datada en el Triásico Inferior.

Un trabajo español sobre corales paleozoicos gana el premio ‘Paleonturología 14’

El trabajo “Primary biogenic skeletal structures in Multithecopora (Tabulata, Pennsylvanian)” sobre estructuras biogénicas primarias de corales paleozoicos ha sido el ganador de la duodécima edición del Premio Internacional de Investigación en Paleontología Paleonturología 14, un certamen convocado por la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis, la Fundación Teruel Siglo XXI y la Sociedad Gestora Conjunto Paleontológico de Teruel (Dinópolis) con objeto de recompensar la investigación en paleontología y darla a conocer entre los jóvenes.

El jurado ha premiado a los investigadores Ismael Coronado, Alberto Pérez-Huerta y Sergio Rodríguez (Universidad Complutense de Madrid, Instituto de Geociencias -IGEO, CSIC-UCM- y University of Alabama, Tuscaloosa) por haber sido capaces de integrar distintas técnicas paleontológicas para el estudio de unos fósiles especialmente difíciles de analizar, como son los corales tabulados de una antigüedad de unos 310 millones de años.

El jurado ha destacado el carácter innovador de este estudio en la identificación de estructuras biogénicas primarias de corales paleozoicos y la ampliación del potencial de este grupo para estudios geológicos, así como para proponer implicaciones paleoambientales y paleobiológicas. Posiblemente este trabajo, realizado con fósiles de la Cordillera Cantábrica y publicado en la revista especializada la revista Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, constituirá un referente para estudios posteriores acerca de estructuras biogénicas primarias, según ha señalado la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis.

Los corales, tanto los fósiles como los organismos actuales, constituyen uno de los grupos más sensibles a los cambios ambientales del planeta en general y de los océanos en particular, de modo que su estudio es muy relevante para descifrar las variaciones de temperaturas y del nivel del mar, entre otros aspectos. Por lo tanto, este trabajo tiene el valor añadido de que permitirá ampliar las hipótesis paleoecológicas, paleobiológicas y paleoclimatológicas de un periodo temporal en el que la configuración del planeta era diferente a la actual.

El premio Paleonturología está dotado con 4.500 euros y la edición de una versión divulgativa del trabajo premiado en la serie ¡Fundamental! A este premio pueden concurrir los trabajos de investigación paleontológica publicados el año anterior a cada edición en cualquier idioma y formato, según explicó Pangea la semana pasada.

La ciencia de “dinosaurificar” aves actuales

Una nueva era se abre ante nosotros con la ingeniería genética. Cada vez parecemos estar más cerca de traer a la vida a un dinosaurio, o al menos, de resucitar las características perdidas en aquellos ancestros de las aves utilizando pollos actuales.

¿Cómo se están llevando a cabo estos experimentos y qué consecuencias traen? Alexander Vargas, doctor en morfología y con postgrado en Ecología y Evolución realizado en la Universidad de Yale (E.E.U.U.) da respuesta a estas cuestiones interviniendo embriones de aves actuales para retroceder en el tiempo genético. Las aves actuales son las únicas supervivientes que pertenecen al grupo de dinosaurios bípedos carnívoros, y mantienen dentro de ellas un tesoro: la memoria de su genética. En las etapas de desarrollo de un embrión, este desarrolla unas características que luego frena para desarrollar otras más modernas. Los investigadores están evitando que se desarrollen las características modernas y están consiguiendo, por ejemplo, embriones de gallinas que no acortan su cola. Si se dejara nacer a estos animales, sin duda nos encontraríamos con híbridos entre dinosaurios y aves.

Muchos dinosaurios, como el Tyrannosauru rex, solo tenían con dos dedos con garras. Las aves actuales tienen tres, pero Alexander Vargas ha modificado un embrión y ha conseguido que tenga solo esos dedos. También ha logrado alargar la fíbula de otro embrión actual hasta conseguir que llegara hasta el tobillo, como en los dinosaurios. El siguiente paso es lograr que desarrollen dientes. Estas intervenciones moleculares demuestran el gran conocimiento que se ha alcanzado en materia genética, aunque a un servidor este tipo de operaciones le despierten un matiz de inquietud moral. ¿Estamos ante la creación artificial de un dinosaurio? Pueden saber algo más en el siguiente vídeo:

Los grabados del Homo erectus hace medio millón de años

La revista Nature ha publicado este mes de diciembre un estudio sobre unos grabados geométricos hechos en Java en una concha de bivalvo de Pseudodon. El asombro llega cuando se confirma la antigüedad de las conchas: 400.000 años. Esto nos lleva a los homínidos que habitaban en aquellas épocas, que no eran otros que los Homo erectus. ¿Es posible que estos homínidos tan antiguos fuesen los primeros en hacer grabados? “Hasta este descubrimiento, se asumía que este tipo de grabados no se había producido hasta la llegada de los humanos modernos (Homo sapiens) en África, hace unos 100.000 años”, comenta José Joordens, investigador de la Facultad de Arqueología de la Universidad de Leiden y director del estudio.

¿Cómo comenzó todo? Stephen Munro estudiaba unas fotos de conchas de una colección museística, y entonces descubrió que una concha parecía tener un patrón geométrico grabado. De esto hace siete años. Desde entonces, un equipo de veintiún investigadores estudiaron cientos de conchas fósiles asociadas a los sedimentos del yacimiento de Homo erectus de Trinil. Las conchas fueron recogidas a finales del S. XIX, y formaban parte de la colección del médico Dubois, conservada en el Centro de Biodiversidad Naturalis. No se encontraron más grabados. Sin embargo, el posible grabado que encontró Stephen, se había hecho antes de que los procesos de meteorización fosilizasen la cáscara de la concha. Esto implicaba que no era un fraude moderno. El grabado solo podía verse con iluminación oblicua. El estudio concluyó que el patrón era obra de Homo erectus y no fruto del proceso de fosilización o de algún animal.

En cualquier caso, si fue obra de estos humano primitivos, cabe preguntarse si se hizo de manera accidental y no intencionadamente. Si fue intencionado, esto quiere decir que el Homo erectus era capaz de crear un dibujo geométrico, con todo lo que ello conlleva.

El hallazgo, como cabía esperar, no ha pasado desapercibido, y son muchas las voces que cuestionan la validez de las pruebas. Algunos científicos critican que la datación no es segura y que las conchas están fuera de contexto, por estar el yacimiento alejado de los lugares en donde vivían esos humanos. Otras críticas se centran en la dificultad de atribuir un pensamiento simbólico a esos grabados, pues podrían haberse hecho por razones no simbólicas. Los grabados en sí no tienen ninguna utilizad práctica, a no ser que sirvieran para contabilizar algo, lo cual no es probable. Es posible que los poseedores de estas piezas los usasen como abalorios que les añadieran atractivo.

Jose María Bermúdez de Castro también reflexiona sobre este descubrimiento en Quo, cuestionándose todas las incógnitas que lo rodean. “Es posible que algún miembro de uno de los innumerables clanes que vivieron en aquellos territorios tuviese la capacidad individual de realizar incisiones en una concha o en cualquier otro objeto. Si fue así, nunca sabremos si esa acción tuvo una intención determinada o algún significado simbólico. Parece poco probable que esta conducta, si fue intencionada, se hubiera generalizado en Homo erectus. O quizá en el futuro se localicen más evidencias sobre las posibilidades imaginativas y de abstracción de Homo erectus en otros yacimientos ¿Porqué no?” se pregunta.

Según los arqueólogos, lo que sí queda claro, es que el Homo erectus sabía adaptarse a las materias primas de las que disponía para crear útiles, ya fuera con sílex o cuarcita o con conchas si no encontraba el material adecuado. El hecho de que supieran abrir las conchas sin romperlas, haciendo un orificio en el lugar de inserción del músculo que permite su cierre hermético, demuestra gran habilidad y conocimientos de la anatomía de estos moluscos. El agujero se hacía con un objeto punzante, como un diente de tiburón. Estos dientes han sido también encontrados en Trinil. De hecho, Francesco d’Errico (Universidad de Burdeos) trató de replicar el grabado de la concha con varios instrumentos y descubrió, que el mejor resultado se obtenía usando un diente de tiburón.

Por ahora, esta concha es el único ejemplar que presenta esos grabados, lo que no ayuda a descifrar si se hizo conscientemente. Tal vez en un futuro podamos encontrar nuevos datos que arrojen más luz a esta primitiva historia del pensamiento simbólico del ser humano.

El Stegosaurus que “apuñaló” a un Allosaurus

¿Eran los grandes dinosaurios carnívoros depredadores activos o carroñeros oportunistas? Si aceptamos el primer supuesto, deberíamos poder encontrar en el registro fósil heridas en los carnívoros que se pudieran atribuir a los cuernos o espinas de los herbívoros con quienes convivían. Y es lo que ha sucedido con un Allosaurus adulto de la Formación Morrison del condado de Albany, Wyomin, en el Jurásico Tardío.

La investigación hecha por el equipo liderado por el paleontólogo Robert Bakker, del Museo de Ciencias Naturales de Houston (E.E.U.U.), muestra un corte en forma de cono iniciado en el pubis del Allosaurus, que causó una infección masiva que se extendió por los órganos reproductivos, los intestinos adjyacentes y los músculos del muslo. La falta de cicatrización en la herida indica que el Allosaurus murió a consecuencia del enfrentamiento.

El tamaño y la forma de la herida coinciden con las espinas de la cola de especímenes de Stegosaurus excavados en el mismo estrato. Pero ¿cómo pudo el herbívoro crear una herida así? En posición normal, las espinas finales de la cola de estos dinosaurios apuntan hacia el exterior y hacia atrás. Para dar un golpe vertical, el Stegosaurus tuvo que torcer la punta de la cola. La mayor parte de las colas de los dinosaurios se volvían más rígidas hacia el final, pero los Stegosaurus tenían grandes músculos en la base, y articulaciones en el extremo que permitían una notable flexibilidad. Estos herbívoros contaban con una sofisticada arma de ataque con un control muscular preciso que otorgaba potencia hasta el final.

A menudo los grandes herbívoros son considerados por todos como animales pacíficos e incluso algo torpes, pero también se defienden de sus atacantes utilizando su armamento, y pueden dañarles gravemente acortándoles la vida. Este ha sido el caso de un Stegosaurus que fue un luchador hábil y letal durante el Jurásico. Ahora, gracias al equipo que ha investigado la infección masiva que consumió el hueso del Allosaurus, tenemos nuevas evidencias de interacción entre dinosaurios y podemos conocer mejor su comportamiento.

Esta investigación se presentó en octubre de 2014, en el GSA Annual Meeting in Vancouver, British Columbia.