Un equipo internacional de científicos ha identificado al humano moderno con mayor presencia de genes neandertales

Recientemente, un equipo internacional de científicos ha identificado en Siberia a un homínido, como el ser humano “moderno” más antiguo hallado fuera de África y Oriente Próximo, con unos 45.000 años de antigüedad. Gracias a su fémur, y tras varios análisis y estudios realizados a través de su ADN, se ha determinado que el sujeto estudiado posee un 2,3% de presencia de genes neandertales, frente al 1,7% existente en poblaciones europeas.  El paleogenetista sueco Svante Pääbo (Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Alemania), es quien ha dirigido este equipo, entre los que se encuentra el español Domingo C. Salazar García (Universidad de Valencia), quienes han publicado el estudio en la revista Nature, habiendo utilizado muestras del yacimiento de La Braña (León), para comparar genomas, entre otras.

Se sabe que los hombres modernos, Homo sapiens, salieron de África hace alrededor de 100.000 años, sin embargo, ha sido hace más bien poco cuando se ha empezado a demostrar el cruce entre ambas especies. Svante Pääbo fue, precisamente, quien dirigió el estudio que demostraba la presencia Neanderthal en los humanos actuales, en 2008.

Los análisis extraídos del fémur de Ust-Ishim demuestran que la hibridación tuvo lugar hace unos 50.000 ó 60.000 años, lo cual coincide con la gran oleada expansiva hacia Europa. Ésta fecha, al ser posterior a la más antigua considerada (unos 86.000 años), indica que, según los autores del estudio, los cruces no tuvieron lugar en el Oriente Próximo con las poblaciones más antiguas de África, como suponían algunos paleontólogos.

¿POR QUÉ ALGUNAS ESPECIES “NO EVOLUCIONAN”?

TODAS LAS ESPECIES DE LA TIERRA TIENEN LA CAPACIDAD DE EVOLUCIONAR, SIN EMBARGO, ALGUNAS DE ELLAS PARECEN MANTENERSE INVARIABLES DURANTE MILLONES DE AÑOS. EN PANGEA NOS PREGUNTAMOS POR QUÉ

Todas las especies que existen en el planeta se transforman continuamente, pues ésta es una propiedad inherente en los seres vivos. Esta capacidad para cambiar, ha permitido que las especies se adapten a nuevos entornos, incluso bajo condiciones extremas, pero no siempre el cambio se ha producido con la rapidez y la eficiencia necesarias, de hecho, más del 90% de las especies que han existido alguna vez sobre la tierra, se han extinguido.

Hasta hace unas décadas, la creencia general era que los dinosaurios habían desaparecido completamente al final del periodo Cretácico, pero hoy, la ciencia ha descubierto que varios grupos evolucionaron hasta convertirse en las aves que surcan los cielos en nuestros días. Su éxito parece asociado a la disminución de su tamaño, y al hecho de que las alas les permitieron encontrar nuevos hábitats y mejores refugios. Mientras nosotros no éramos más que diminutos mamíferos que habitaban madrigueras, los dinosaurios ya llevaban millones de años evolucionando en formas y tamaños muy dispares. Sin embargo, la evolución anatómica de los mamíferos también vivió su momento de explosión, y fue en el período inmediatamente posterior al de la Era Mesozoica.

El trabajo que llevan a cabo paleontólogos, biólogos, geólogos o arqueólogos, nos permite ver estos cambios a través de los siglos. Sin embargo, conocemos especies que mantienen su anatomía  intacta desde hace millones de años. Animales marinos como el tiburón, insectos como las hormigas o las abejas, plantas como los helechos o las algas verdes, reptiles como los cocodrilos, o mamíferos como las musarañas y otros pequeños roedores, se han mantenido con el mismo diseño durante millones de años. Han convivido y compartido entornos con otros grupos de animales que han desaparecido o variado notablemente su anatomía, mientras estos curiosos especímenes se han mantenido invariables. ¿A qué se debe esto?

Los científicos han estudiado que todas las especies sufren mutaciones aleatorias, pero no todas las mutaciones se mantienen en el tiempo. Sólo perduran aquellas que suponen una mejora para la adaptación al entorno. ¿Esto significa que una especie perfectamente lagoalbafernandezadaptada al entorno no debería variar? Probablemente varíe poco, o sufra variaciones menos notables. Los factores que potencian el cambio evolutivo en una especie son el aislamiento geográfico, la alteración de las condiciones ambientales, o un tamaño muy reducido en un grupo. En cambio, los estudios reflejan que un entorno estable, alejado de cambios importantes, un equilibrio de los recursos (esto es, ni exceso ni carencia alimenticia) y grupos numerosos, favorecen la continuidad de un diseño. Sin embargo, no debemos olvidar otros factores de cambio inherentes al carácter de las especies. Hay cambios importantes que se producen por la necesidad de aparearse. Ser un ejemplar más llamativo puede suponer un éxito mayor en su grupo. Por esta razón, muchas especies van desarrollando complejos ornamentos que nada tienen que ver con la mejora de sus capacidades, incluso pueden llegar a estorbarles o requerir de atención y cuidados específicos. La curiosidad, y no solo la necesidad, es otro factor que ha llevado a algunas especies a variar comportamientos o explorar nuevos territorios. Muchos grupos de mamíferos, peces o aves, han adquirido hábitos migratorios, y con ello han colonizado muchos hábitats. Explorar nuevos territorios, provoca cambios importantes.

Entonces, parece claro que una vez que se encuentra el “diseño perfecto” según las necesidades de una especie, esa especie podría mantenerse apenas invariable durante millones de años. Sin embargo, ni siquiera las formas bien adaptadas están exentas de sufrir enfermedades, invasiones de otras especies, o cataclismos que las extingan. Casi podría decirse que las especies que viven hoy habiendo mantenido su anatomía sin apenas variaciones en el tiempo, lo han hecho por un grupo de casualidades que las han favorecido para permanecer así.

En la ilustración, un pequeño roedor observa una escena durante el Cretácico. De esta pintura deberían desaparecer los pterosaurios, los tyranosaurios, los pequeños terópodos y los saurópodos. Solo la hormiga en primer plano, el roedor y los pequeños terópodos alados que corretean por la pradera sobrevivirán a la extinción. La ilustración podréis encontrarla a gran tamaño en el núm. 3 de Pangea.

 

Zaraapelta, un nuevo anquilosaurio del Gobi muy “erizado”

El desierto de Gobi (Mongolia) alberga el mayor número de especies de anquilosaurios que convivieron durante la misma época (Cretácico superior). Ahora, se suma un miembro más a la familia: el Zaraapelta nomadis. Esta criatura era más espectacular que sus congéneres, ya que presentaba  unos cuernos distintivos y un elaborado patrón de protuberancias y surcos tras sus ojos, según los expertos de la Universidad canadiense de Alberta.

Zaraapelta es una combinación de las palabras mongola y griega para “erizo” y “escudo”, un nombre que nos permite hacernos idea del aspecto de este dinosaurio. Fue descubierto en el año 2000 por un equipo liderado por el investigador Philip Currie de la Universidad de Alberta, pero el pasado lunes fue descrito por primera vez en el Zoological Journal of the Linnean Society en el estudio “The ankylosaurid dinosaurs of the Upper Cretaceous Baruungoyot and Nemegt formations of Mongolia”.

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Jessica Tansey. Universidad de Alberta

Victoria Arbour, experta en Ankylosauria involucrada en este trabajo, apunta a que los anquilosaurios podrían haber usado sus ornamentos para atraer a sus parejas, una explicación que va más allá de la idea de que estos dinosaurios usaban sus placas óseas, cuernos y demás protecciones para defenderse.

Según Arbour, Zaraapelta (y otros llamativos anquilosaurios como Saichania chulsanensis y Tarchia kielanae), pudieron haber desarrollado adornos elaborados para encontrar pareja. Un cráneo muy adornado quizás simbolizaba que era un buen macho con el que procrear, como hacen ahora los pavos reales.

El cráneo de Zaraapelta estudiado forma parte de la colección del Mongolian Paleontological Center en Ulan Bator.

Hallan en Argentina un yacimiento de fósiles de 200 millones de años con una docena de nuevas especies

El paleontólogo argentino Ricardo Martínez, conocido por formar parte del descubrimiento de dinosaurios como el Eoraptor lunensis en 1991 o el Sanjuansaurus en 2010, está ahora inmerso en la investigación de “un yacimiento realmente completo, de 200 o 210 millones de años de antigüedad, que muestra una fauna con 113 especímenes y una docena de especies desconocidas”, según ha explicado al diario Télam.

El descubrimiento de este yacimiento, ubicado en la localidad de Marayes al oeste de Argentina, es relevante para conocer mejor el Triásico Superior y, en concreto, “por qué aparecieron los primeros dinosaurios, los primeros mamíferos, las primeras tortugas y los primeros pterosaurios”, según ha informado esta semana El Tiempo. De hecho, se han hallado tortugas, pequeños lagartos, restos de pterosaurios, ancestros de cocodrilos y antepasados de mamíferos. Una de las piezas más relevantes es un fósil de pterosaurio, ya que “es el primer registro que hay de esta especie en el hemisferio sur y en una zona lejana de las costas”, según ha detallado el paleontólogo, jefe de la División Paleontología de Vertebrados del Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de San Juan.

Los fósiles, muy bien conservados, fueron hallados el pasado mes de mayo y ahora están siendo preparados para ser estudiados en el Instituto y Museo de Ciencias Naturales de San Juan. El terreno alberga, al menos, una docena de especies desconocidas a nivel mundial y “está rellenando una edad de la que no teníamos registro”, ha señalado Ricardo Martínez en Télam.

Todavía queda mucho por descubrir en este yacimiento de la provincia de San Juan, ya que apenas se ha estudiado una pequeña parte del inhóspito terreno. Esta provincia es conocida por los yacimientos de fósiles en el Valle de la Luna, de 231 millones de años, y la formación de Los Colorados, con restos paleontológicos de unos 213 millones de años.

¿Dinosaurios voladores?

Recientemente se han descrito en China fósiles de Changyuraptor yangi, un pequeño dinosaurio con plumas en sus 4 extremidades. Hasta aquí no sería tan raro, ya que se conocen muchos dinosaurios con plumas, pero este hallazgo ha planteado muchas dudas a la hora de explicar el origen del vuelo y de las aves.

Los dinosaurios con plumas se clasifican dentro de los terópodos (dinosaurios generalmente carnívoros, que se movían sobre las dos patas traseras y con extremidades delanteras reducidas). No todos los terópodos tenían plumas pero parecía claro que algunos de los miembros de este grupo habrían evolucionado para dar lugar a las aves actuales. El conocido Archaeopteryx puede ser considerado el ave más primitiva, que conservaba algunos rasgos propios de los dinosaurios como por ejemplo tener dientes (como sabéis, las aves actuales no los tienen). Además quedaba claro que los dinosaurios no volaban aunque tuvieran plumas y que estas tendrían funciones relacionadas con el apareamiento (la búsqueda de pareja) o con el mantenimiento de la anatomia avetemperatura del cuerpo. Es decir, la capacidad de volar la tendría un grupo de descendientes de los dinosaurios emplumados, pero no se hallaría en ningún dinosaurio.

Pues bien, el nuevo hallazgo pone en duda lo que os acabo de explicar. Resulta que el Changyuraptor (en la imagen izquierda) pertenece a los microraptores, un grupo de terópodos que no está en la línea de parentesco directo con las aves y, además, resulta que este dinosaurio sí usaba las plumas para planear saltando desde los árboles, o sea, algo parecido a volar. Por lo tanto, surgen varias preguntas. ¿Existieron dinosaurios voladores? ¿La capacidad de volar apareció en distintas ramas evolutivas de los dinosaurios, bien dentro del grupo o de alguno de sus descendientes?

Bueno, ya veis que de vez en cuando aparecen fósiles que nos hacen dudar de lo que ya sabíamos. Esa es la gracia de la investigación científica. A medida que descubrimos nuevos fósiles, sabemos un poco más pero es muy posible que nos tengamos que hacer nuevas preguntas…

Paleoecología del Mesozoico atrapada en un trozo de ámbar prehistórico

Hoy en día hablar de ámbar fosilizado del Mesozoico (la era de los dinosaurios) es casi sinónimo de recrear en la imaginación el filme Jurassic Park, pero en vez de resucitar dinosaurios y exhibirlos en un parque de atracciones, el paleoentomólogo Ryan McKellar está usando estas pequeñas cápsulas de tiempo para revelar información acerca de la ecología de hace más de 65 millones de años, para saber cómo fue el mundo poblado por estos gigantes que ahora solo se encuentran en las rocas.

“Basicamente da un poco de luz de fondo a las excavaciones de dinosaurios, nos dice un poco de su hábitat” indica McKellar en una declaración. “Solo un puñado de estas pequeñas piezas entre los huesos pueden mostrar una enorme cantidad de información”.

El científico señala que debido a la capacidad de la resina vegetal para capturar instantes de tiempo sin cambios significativos en millones de años, puede mostrar el tipo de plantas que una vez florecieron, los insectos que convivían con ellas, cómo era la atmósfera en el tiempo en que se formó el ámbar y una gran cantidad de detalles que permiten dar cabida y entendimiento al ecosistema multidimensional donde vivieron estos behemots ya extintos.

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Los insectos atrapados en ámbar revelan una gran cantidad de información acerca de los ecosistemas a los que pertenecían

El ámbar estudiado por McKellar y su equipo, es denominado ámbar friable, y como su nombre lo indica es extremadamente delicado y poco duradero, razón por la cual no ha habido una gran cantidad de estudios realizados del mismo. Las pequeñas cápsulas de tiempo del Cretácico tardío fueron recuperadas en Alberta y Saskatchewan, Canadá. Y aunque apenas tienen pocos milímetros de grosor, esconden en su interior una gran cantidad de pistas del pasado.

Antes de que se endurezca en ámbar, la resina pegajosa del árbol suele recolectar material animal y vegetal, como hojas y plumas. Estos contenidos, llamados “inclusiones”, pueden decir a los científicos mucho acerca de las condiciones ambientales, en torno a las fuentes de agua, la temperatura, e incluso los niveles de oxígeno en el ambiente prehistórico.

“Además de estas inclusiones, las más impresionantes son las de insectos, pues ellos pueden ser usados como indicadores de muchos datos en los ecosistemas que se presentan” añadió McKellar.

El paleoentomólogo y otros científicos esperan poder continuar sus investigaciones para cerrar brechas de conocimiento que aún se encuentran abiertas en el campo de la paleontología, especialmente en la evolución de insectos.

El Deinocheirus por fin tiene cuerpo

Tenía un largo hocico al estilo de pico de pato, una gran vela en la espalda, unas patas cortas y rechonchas y unos pies anchos. Pero durante los últimos 50 años, el Deinocheirus mirificus, descubierto en Mongolia, fue conocido por dos gigantescos brazos de 2,4 metros de largo (incluidas unas garras de más de 20 centímetros). Esta semana, la revista Nature describe dos esqueletos casi completos de este animal, armados a partir de una colección de fósiles desenterrados en 2009 en la Formación Nemegt del Desierto de Gobi y de una mano y un cráneo que habían sido robados y vendidos a coleccionistas privados.

Cráneo de Deinocheirus mirificus. Nature

Cráneo de Deinocheirus mirificus. Nature

Por fin, los paleontólogos han puesto cuerpo a esta criatura, que medía 11 metros de longitud y pesaba más de 6 toneladas, convirtiéndose en el espécimen de Ornithomimosauria (“lagartos imitadores de aves”) más corpulento jamás encontrado. Yuong-Nam Lee (del Korea Institute of Geoscience and Mineral Resources) y sus compañeros explican cómo han resuelto el misterio de este dinosaurio en su estudio “Resolving the long-standing enigmas of a giant ornithomimosaur Deinocheirus mirificus”.
La estructura del Deinocheirus mirificus indica que fue un animal muy lento y que estaba adaptado para vivir en zonas fluviales. En su estómago se han encontrado restos vegetales y peces, por lo que se trata de un dinosaurio onmívoro. Los dos enormes miembros delanteros pudieron haber servido para cavar y recolectar plantas.
Desentrañar la anatomía del Deinocheirus es un gran paso para conocer mejor la ecología de Mongolia de hace 70 millones de años, según Yuong-Nam Lee.
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Descubrimientos de fósiles por paleontólogos improvisados

Mario Modesto Mata

Excavación de un yacimiento fósil

El anuncio de un nuevo descubrimiento del mundo prehistórico, un yacimiento fósil, siempre va acompañado por un equipo de investigadores que intentan dar cabida y razón de los ejemplares encontrados, sin embargo la persona que realiza el hallazgo no siempre es un paleontólogo.

A lo largo de la historia, desde principios del siglo XIX, los yacimientos fósiles han aparecido en distintos lugares del mundo, en ocasiones no en zonas tan remotas, lo cual permite que personas ajenas al mundo científico den con estas localizaciones sin saber a qué se enfrentan.

Uno de los primeros descubrimientos paleontológicos, el Mosasaurus (lagarto del río Mosa) hallado en torno a 1760, fue realizado por un grupo de campesinos que vivían en la localidad francesa. Del mismo modo ocurrió en Argentina a principios del 2013 cuando el dinosaurio más grande hasta ahora registrado en el mundo, un saurópodo aún no identificado, fue encontrado por un granjero en su propiedad.

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A la izquierda: Descubrimiento de Mosasaurus en Francia, 1799. A la derecha: Dinosaurio más grande encontrado en Argentina, 2013

Es importante destacar que estas personas, al encontrarse con estas piezas milenarias, supieron ver su enorme valor e importancia científica, acudiendo directamente a expertos o representantes de la materia para que transportaran con seguridad y adiestramiento los fragmentos a sitios más seguros como museos o universidades.

Hoy en día aún se realizan descubrimientos de ésta manera, y es una forma viable y hasta productiva para avanzar en la paleontología, pero es primordial que exista una base cultural que inste a las personas a identificar y valorar lo que encuentran para no ignorarlo o dañarlo. En este sentido destacamos la necesidad de una mayor difusión y más fondos para llevar a cabo las investigaciones de estos restos.

Recientemente, en Bolivia, la erosión de la tierra dejó a la vista restos de incalculable valor pertenecientes a la era Cenozoica, donde se localizaron especies tan diversas como liptodontes, gonfotéridos (mastodontes o antecesores de los elefantes) y milodones (una especie de perezosos) además de todas las piezas que faltan por identificar. Lamentablemente, no existen paleontólogos en la zona, ni fondos adecuados para realizar profesionalmente la excavación del yacimiento.

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En el yacimiento, los fósiles están a disposición pública sin una debida seguridad

A pesar de la importancia del hallazgo, no hay protección estatal del lugar y cuando la persona a cargo de la seguridad (un profesor escolar de informática) debe retirarse, el yacimiento queda a disposición de niños curiosos, cazadores de fósiles y cualquier persona que sencillamente desee pasar por el sitio.

En estas zonas del este de Bolivia no hay políticas que protejan estas reservas fósiles, lo cual dificulta aún más el cuidado del sitio, sin embargo no toda latinoamérica se encuentra en esta situación.

En Venezuela es ilegal realizar cualquier tipo de búsqueda fósil sin permiso gubernamental, incluso los mismos paleontólogos deben pedir permiso al estado para realizar sus investigaciones en campo. De esta manera el país protege sus tesoros prehistóricos de ladrones que intentan vender importantes piezas del rompecabezas del mundo antiguo a museos.

Es necesario recordar que las únicas personas preparadas para mover los fósiles son los paleontólogos que utilizan técnicas muy cuidadosas para evitar el deterioro de la pieza o la fracturación de la misma mientras es trasladada a un sitio más seguro, ya que un fémur de más de 65 millones de años puede no ser precisamente férreo.

¿Y dónde están los dinosaurios bebés? – Jack Horner

En 2010 el afamado y célebre Jack Horner, una de las figuras más importantes en la paleontología moderna, dio una charla acerca de sus conclusiones con respecto a la ausencia de dinosaurios bebés o juveniles en el registro fósil. Los resultados de sus investigaciones, claramente basadas en ciencia y no meras conjeturas, ponen en duda la existencia de más de una especie famosamente conocida hoy en día, como el Torosaurus.

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El paleontólogo comenzó explicando que a principios del siglo XIX, los museos estaban buscando desesperadamente dinosaurios. Era la moda. Cada vez que se informaba de un descubrimiento por parte de, digamos, el museo de Toronto, entonces el museo de Ottawa quería un animal más grande. Y así sucedía con todos los museos del mundo.

Para 1970, teniendo una enorme cantidad de dinosaurios registrados, los científicos empezaron a preguntarse, ¿Y dónde están los dinosaurios bebés? Porque  la gran parte del registro encontrado se refiere a individuos adultos, y los investigadores asumían que los organismos jóvenes se trataban sencillamente de versiones pequeñas o miniaturas de los grandes.

“Los científicos tienen ego” -continúa el paleontólogo- “y a los científicos les gusta nombrar dinosaurios. ¿Y es que a quién no le gustaría tener un animal nombrado por él? Esto significa que si encontraban un fósil que fuera algo diferente al anterior lo nombraban: Algo diferente, y así terminamos con una gran cantidad de dinosaurios distintos.”

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En 1975 el paleontólogo Peter Dadson, escritor del libro The Dinosauria uno de los libros más completos y documentados de estos animales, razonó que los dinosaurios crecían más como las aves que como los reptiles y usó el Casuarius como ejemplo, cuya cresta se desarrolla completamente luego de que el organismo alcance cerca del 80% de su tamaño adulto, manteniendo sus características juveniles hasta casi llegar a la adultez. Así tomó como ejemplo el Hypacrosaurus, un dinosaurio con pico de ave y cresta, comparó los estados bebé, juveniles y adultos de los individuos encontrados, y determinó que la cresta aún no se formaba incluso al 65% del tamaño del adulto. Es decir, un dinosaurio adulto podría ser totalmente diferente a un animal juvenil basándose solo en su aspecto.

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Histología ósea, A- Hueso de organismo joven. B- Hueso de organismo adulto.

A pesar de esto, los científicos siguieron nombrando dinosaurios a partir de su aspecto, teniendo entonces en la actualidad una enorme cantidad de dinosaurios distintos. Sin embargo hay una forma de saber si un dinosaurio es o no joven, y esto es a través de la forma y estado del interior del hueso, es decir, cortando un fósil en dos y viendo su interior. Si se tratase de un individuo joven, habría tejido esponjoso, pero de ser adulto, sería totalmente férreo y masivo. Haciendo fácil la diferenciación.

“Sin embargo, hay que tener en cuenta algo” -admite el paleontólogo entre risas del público- “los museos cuidan sus fósiles, los mantienen bien guardados. De modo que si tú llegas y les preguntas, oiga ¿Puedo cortar con una sierra sus fósiles y verlos por dentro? No te mirarían muy amablemente… Pero, yo tengo un museo, y yo tengo fósiles de dinosaurios, así que eso he estado haciendo con mis estudiantes desde hace algunos años. Cortar con una sierra fósiles de dinosaurios.”

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Dinosaurios encontrados en la Formación Hell Creek, uno de los yacimientos mas importantes en la paleontología de dinosaurios.

En la Formación Hell Creek, donde se encontraron los yacimientos más fructíferos de dinosaurios antes de su extinción, existen cerca de doce animales. Doce dinosaurios primordiales que a su vez son muy conocidos en el mundo entero.

Tomando en cuenta tres de estos dinosaurios: Pachycephalosaurus,  Stygimoloch y Dracorex, el científico se propuso demostrar la teoría de Dadson, a su vez extinguir un par de especies en el proceso:

El primero: Pachycephalosaurus, posee un enorme domo en la cabeza, un asomo de espinas en la zona posterior del cráneo y un asomo de pequeñas estructuras puntiagudas en la parte delantera. El segundo: Stygimoloch posee un pequeño domo, espinas en la zona posterior del cráneo y pequeñas estructuras puntiagudas en la parte delantera. Finalmente el tercero: Dracorex no posee domo, tiene grandes espinas en zona posterior y grandes estructuras punteagudas en el hocico. Mirándolos por separado se podría pensar que son animales distintos, pero el científico decidió abrirlos y ver su composición. En efecto, Dracorex tenía una gran cantidad de tejido esponjoso, haciéndolo más joven; Stygimoloch poseía tejido esponjoso sobretodo en el domo de su cráneo y, por último, Pachycephalosaurus no tenía tejido esponjoso alguno.

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“Esto significa que Stygimoloch y Dracorex son estados juveniles de Pachycephalosaurus, haciendo que éstas especies, estén extintas. Y esto se puede hacer con una enorme cantidad de dinosaurios”, concluye eJH12l científico, que a su vez se propone a desmentir la existencia de otras especies como Torosaurus, Anatotitan y Nanotyrannus. “Dejándonos entonces con solo 7 dinosaurios primordiales. 7 dinosaurios primordiales que vivieron hasta el final de la extinción, y eso, no está mal. Ahora como pueden imaginar esto no es algo muy popular con la sociedad, los niños aman sus dinosaurios, aman sus nombres, y ellos sencillamente no están felices con este descubrimiento pero esto es ciencia, y la ciencia siempre avanza.”

 

Los peces primitivos, los primeros animales en practicar la fertilización interna

Los placodermos, unos peces primitivos que vivieron hace 385 millones de años, fueron los primeros animales en practicar la fertilización interna gracias a una forma de copular similar a la de los tiburones modernos. Y, aunque hemos heredado esta forma de apareamiento, muchos peces descendientes de los placodermos fueron olvidando esta costumbre. Son conclusiones de un estudio recientemente publicado en la revista Nature por parte de un grupo de científicos de la Universidad Flinders de Adelaida (Australia).

Las evidencias fósiles halladas en Microbrachius dicki, un grupo de peces con mandíbula extintos, indican que copulaban a pesar de que muchos de sus descendientes dejaron de hacerlo, según el estudio “Copulation in antiarch placoderms and the origin of gnathostome internal fertilization”. Este hecho podría reescribir la historia de las relaciones sexuales en los animales.

En el trabajo se explica que los machos desarrollaron unos miembros genitales huesudos con forma de una L (pterigopodios) que les permitía trasferir el esperma a las hembras, las cuales tenían unas placas óseas para asegurar los órganos masculinos durante la copulación. Así, estos peces copulaban en una posición lateral. La Universidad Flinders ha elaborado un vídeo ilustrativo sobre el tema en su canal de Youtube.

La investigación, realizada por un equipo internacional de científicos liderado por el paleontólogo John A. Long, sitúa el origen de la cópula interna al comienzo de la evolución de los vertebrados e implica que la fertilización externa en los peces prehistóricos, como el desove libre, pudo haber evolucionado más tarde.

En cualquier caso, los investigadores reconocen que se necesitan más pruebas para demostrar que esta fertilización interna no es sólo una función especializada de ciertos subgrupos de placodermos.