La capacidad de regenerar extremidades perdidas se remonta al menos a hace 300 millones de años

Investigadores del Museo de Historia Natural de Berlín han encontrado la evidencia más antigua de regeneración de extremidades en un pariente lejano de los anfibios de 300 millones de años de antigüedad. Los fósiles analizados de Micromelerpeton presentan las típicas deformidades de los miembros regenerados de las salamandras modernas.

El hallazgo demuestra que la capacidad de regenerar extremidades completas durante toda la vida no es una característica exclusiva de las salamandras modernas, en contra de lo que se creía tradicionalmente. Los científicos responsables del estudio “Early evolution of limb regeneration in tetrapods: evidence from a 300-million-year-old amphibian”, publicado recientemente en Proceedings of the Royal Society B, sugieren que este proceso puede tener una base genética común que se desarrolló al comienzo del linaje de los anfibios (y se perdió o se fue modificando con el tiempo en las especies posteriores) y que pudo ser, incluso, una característica primitiva de los tetrápodos en general.

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Micromelerpeton credneri. Museum für Naturkunde

Cuando las salamandras modernas pierden una extremidad, la sustitución que vuelve a crecer no siempre es igual que la original si el tejido ha sido gravemente dañado o la herida ha cicatrizado mal. A veces hay bultos, cicatrices extrañas, dedos fusionados y otras deformidades. Esto sucede más a menudo cuando no es la primera vez que el animal pierde este miembro.

Encontrar esta capacidad regenerativa en una antigua criatura plantea la pregunta de por qué todas las especies de tetrápodos no tienen esta capacidad en la actualidad. Los investigadores alemanes sugieren que la regeneración de extremidades perdidas se fue perdiendo con el tiempo en otras especies porque se convirtió en un rasgo que ya no era necesario.

Nuevos datos sobre las migraciones de fauna entre Norteamerica y Sudamérica en el Plioceno

Investigadores del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina), el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (Panamá), la Universidad de Saskatchewan (Canadá) y la Universidad de Zürich (Suiza) han aportado nuevos datos sobre el Gran Intercambio Biótico Americano (conocido como GABI, por sus siglas en inglés), evento en el cual la fauna terrestre y de agua dulce pudo emigrar de América del Norte a América del Sur y viceversa gracias al surgimiento del istmo de Panamá. A partir de dientes fósiles hallados en Colombia y Venezuela pertenecientes a dos especies ya extinguidas (CyonasuaChapalmalania) de prociónidos (una familia de animales carnívoros a la que pertenecen los actuales mapaches), han podido determinar que el GABI fue un evento mucho más dinámico y complejo de lo que se creía, según informa la Agencia Iberoamericana para la Difusión de la Ciencia y la Tecnología (DICYT).

Los animales del orden Carnivora, que incluye a los mamíferos placentarios con inclinaciones carnívoras en su dieta, se conocen desde el Paleoceno, hace cerca de 60 millones de años, y su historia evolutiva se centró en los continentes del Hemisferio Norte y en menor medida en África. Marcelo Sánchez, investigador del Instituto y Museo Paleontológico de la Universidad de Zürizh, detalla que en América del Sur los primeros Carnivora datan del Mioceno tardío (hace entre siete y ocho millones de años) y se corresponden con prociónidos del género Cyonasua (una especie extinta que en griego significa coatí-perro, por los rasgos similares que presenta de ambos), recuperados en el extremo sur del continente, en la Patagonia argentina.

Paisaje de la Guajira colombia donde se está explorando. Edwin Cadena

Paisaje de la Guajira colombiana donde se está explorando. Edwin Cadena

Sin embargo, la historia tradicional dice que el GABI ocurrió hace 3’5 millones de años, por lo que este grupo de carnívoros tuvo que migrar mucho antes. Los nuevos hallazgos, publicados recientemente en la revista Naturwissenschaften, están relacionados con los prociónidos argentinos pero son mucho más jóvenes que éstos (tienen entre 3’3 y dos millones de años) y se han hallado en localidades neotropicales próximas al istmo de Panamá.

“Estos fósiles están al lado de Panamá, la puerta de entrada a los animales inmigrantes norteamericanos. Entonces, ¿por qué los vemos llegando mucho antes a la Patagonia, a pesar de que está a más de 4.000 kilómetros de distancia? Una posible explicación es que los prociónidos utilizaron los Andes como una ruta de migración para moverse hacia las zonas temperadas de Sudamérica primero, y tiempo después lograron moverse hacia las zonas bajas de los trópicos, lo que nos muestra que el GABI fue mucho más dinámico y complicado de lo que habíamos creído hasta el momento. Todos estos nuevos descubrimientos en el trópico de Sudamérica, del cual casi no se conoce nada, nos están ayudando a entender mejor el GABI, una de las la invasiones biológicas más grande que jamás haya existido”, explica Carlos Jaramillo, investigador del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales.

De este modo, el trabajo titulado “Carnivorans at the Great American Biotic Interchange: new discoveries from the northern neotropics” apoya la teoría de que los prociónidos se dispersaron entre América del Norte y América del Sur en dos eventos separados, tal y como detalla la DICYT. “Los nuevos restos predatan los movimientos faunísticos más importantes entre América del Norte y América del Sur, los cuales se produjeron después de la formación definitiva del puente inter-americano, hace unos tres millones de años”, añade Sánchez.

En los últimos cinco años, el equipo de investigadores ha incrementado la exploración de depósitos fósiles a ambos lados del istmo de Panamá para aportar nuevos datos sobre el GABI. La ampliación del canal de Panamá ha permitido acceder a una gran cantidad de rocas con un excelente registro fósil de los últimos 20 millones de años, mientras que del lado Sudamericano han encontrado nuevos sitios con un excelente registro fósil tanto en la Guajira colombiana como en estado venezolano de Falcón.

Un nuevo árbol genealógico aporta más datos sobre la rápida evolución de las aves

“No hubo un momento concreto en el tiempo en el que un dinosaurio se convirtió en un pájaro y no hay un único eslabón perdido entre ellos. Lo que creemos es que el esqueleto clásico del pájaro fue construido gradualmente a lo largo de decenas de millones de años. Una vez que las piezas se reunieron por completo, se abrió un gran potencial evolutivo que permitió a las aves evolucionar a una gran velocidad”. Esta es la conclusión a la que han llegado un grupo de investigadores de la Universidad de Edimburgo liderado por el paleontólogo Steve Brusatte.

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Nuevo árbol genealógico. Stephen Brusatte

Los autores del estudio que publica Current Biology han examinado los vínculos evolutivos entre las aves antiguas y sus parientes dinosaurios más cercanos mediante el análisis de más de 850 funciones corporales en 150 especies extintas y con técnicas estadísticas para estudiar sus resultados y construir un árbol genealógico detallado. Así, el árbol más completo jamás creado de dinosaurios carnívoros revela detalles de cómo las aves evolucionaron a partir de ellos.

Al parecer, las características anatómicas típicas de las aves, como plumas, alas y fúrculas (o hueso de los deseos), evolucionaron poco a poco en sus antepasados dinosaurios a lo largo de decenas de millones de años. Sin embargo, una vez que la forma del cuerpo de un ave en pleno funcionamiento estaba completa, comenzó una explosión evolutiva, lo que provocó que su ritmo de evolución se acelerara, lo que finalmente llevó a las miles de especies de aves que conocemos hoy en día.

Con los fósiles que han analizado, los paleontólogos afirman que la aparición de las aves hace unos 150 millones de años fue un proceso gradual, de forma que algunos dinosaurios se convirtieron cada vez más en aves con en el tiempo, lo que hace que sea muy difícil trazar una línea divisoria en el árbol genealógico entre los dinosaurios y las aves.

Según informa la Universidad de Edimburgo, estos resultados apoyan una controvertida teoría de la década de 1940 que afirma que la aparición de nuevas formas corporales en grupos de especies pudo provocar un aumento de su evolución.

Describen nuevos fósiles inusuales y esferoidales de 600 millones de años de antigüedad

Son muy pequeños, esféricos y totalmente diferentes a cualquier criatura que vive hoy en día. Se trata de nuevos fósiles de organismos que existieron hace unos 600 millones de años y que son descritos esta semana en la revista Nature. Pertenecen a un grupo de primitivos animales que no se convirtieron en un ancestro común de la fauna actual.

Estos microfósiles fueron encontrados en la formación de Doushantuo al sur de China y datan de una fecha inmediatamente anterior a la explosión cámbrica, cuando se produjo una rápida diversificación de los animales. La importancia del estudio publicado ahora bajo el título “Cell differentiation and germ–soma separation in Ediacaran animal embryo-like fossils” radica en que los análisis dan evidencias de cómo los organismos unicelulares realizaron la transición a plantas y animales en el pasado, según el equipo responsable de la investigación.

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¿Fueron bacterias? ¿Embriones? ¿Algas? La categorización de estos fósiles ha sido complicada. De hecho, este debate siempre ha existido en torno a las muestras encontradas en la formación de Doushantuo. Es el caso de Megasphaera, un microfósil (0,7 milímetros) esférico formado por una o más células en una fina envoltura que vivió en aguas marinas poco profundas.

Los nuevos hallazgos descritos por el paleontólogo Lei Chen (de la University of Chinese Academy of Sciences de Pekín) y sus compañeros muestran claros signos de diferenciación celular, muerte celular programada o apoptosis y separación de células reproductoras. Esta evidencia indica que estos fósiles probablemente no fueron bacterias, pero comparten algunas similitudes con los organismos multicelulares complejos. Por lo tanto, los autores afirman que se necesita investigar más para determinar en qué parte del árbol de la evolución de la vida se sitúan estos enigmáticos fósiles.

EL PRÓXIMO SÁBADO JORNADA PALEONTOLÓGICA EN CHILE

Este sábado día 27 de septiembre no te pierdas la “Jornada Paleontológica” de la Sociedad Paleontológica de Chile en la UMCE. La asistencia es gratuita y abierta a todo aquél que desee asistir. Durante todo el día, actividades simultáneas educativas y lúdicas, se desarrollarán en un programa que adjuntamos abajo.

La Jornada incluirá una serie de actividades simultáneas, que persiguen ofrecer a todo el público, desde académicos, estudiantes, niños y público general, un aporte al conocimiento de la Paleontología, la Evolución y las Ciencias de la Tierra.

Mientras se desarrolla una conferencia técnica, que requiera conocimientos previos, en el exterior se realizarán muestras osteológicas, talleres educativos y actividades lúdicas. A lo largo del día, según cronograma, se ofrecerán distintas alternativas en distintos niveles de profundización.

Horario: Entre las 10:00 y 17:00 horas.

Lugar: Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE)
Av. José Pedro Alessandri 774, Ñuñoa, Región Metropolitana.

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El enlace oficial, aquí

El Rhinorex, un hadrosaurio con una enorme nariz

Hay un nuevo “rex” entre los dinosaurios. No destaca por su ferocidad, sino por el tamaño de su nariz. El Rhinorex condrupus ha sido descrito por primera vez por Terry Gates, de la Universidad Estatal de Carlina del Norte, y Rodney Sheetz, del Museo de Paleontología de Brigham Young. Se trata de un nuevo hadrosaurio del período Cretácico Superior que vivió hace aproximadamente 75 millones de años en lo que hoy es el estado norteamericano de Utah.

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Reconstrucción del lateral derecho del cráneo de Rhinorex. Terry A. Gates

Tal y como puede leerse en el estudio “A new saurolophine hadrosaurid (Dinosauria: Ornithopoda) from the Campanian of Utah, North America”, publicado recientemente en el Journal of Systematic Palaeontology, el Rhinorex era un herbívoro que medía más de 9 metros de largo y pesaba unos 3.800 kilos. Pariente del Parasaurolophus y Edmontosaurus, su cráneo carecía de cresta en la parte superior y tenía una enorme fosa nasal, característica por la cual pasará a la historia como el “rey de la nariz”.

Los paleontólogos que han analizado el fósil (descubierto en 1990) no pueden confirmar el propósito de una nariz tan grande. ¿Era una forma de atraer a posibles parejas? ¿Servía para reconocer a miembros de su especie? ¿Pudo usarse como un pico para aplastar plantas? ¿Su sentido del olfato era excelente? Aunque si este dinosaurio se parecía a sus parientes, esta última pregunta es la menos probable, según los investigadores. De momento, este es el secreto del Rhinorex condrupus.